No me provoques

1473 Words
Niklas Mis ojos no titubean tanto como siento que lo hacen sus labios al intentar hablar todo el rato sin temblar. Siento que tengo que decir lo que pienso y a la vez, no pienso mucho, no me siento en condiciones de ser honesto cuando no sé qué decir. Le veo fascinada. Me siento también un poco incapaz de no sentir ese deseo al tener a semejante mujer frente a mi, no puedo negar lo palpable. El del tipo de belleza ideal e irreal... verdaramente increíble. Y el aura de peligro que le recorre es todavía más excitante, vuelve loco el simple hecho de verla, no quiero imaginarme como sería tocarla, besar su piel, dejarse besar por ella. ¡Dios...! —Algo me dice que casarme contigo es casi lo mismo que morir —finalmente añade. —Buen punto —quito el seguro a mi arma, no pienso demasiado o no seré capaz de matarla. Va a morir ahora —. Lastima que no tenga toda la vida para esperar que te decidas. Te he dado una vía de escape y has clavado los talones en el suelo así que no me dejas opción. Miro por el blanco listo para disparar, o al menos eso creo. En el fondo de mi no le veo matandoa la preciosa mujer que tengo delante mordiéndose los labios que me apetece morder a mi. ¡Joder, soy un completo imbécil! —Me casaré contigo —masculla de pornto. Casi gimo, como un puto crío. Sigo apuntando a su frente porque sus palabras salieron como una obligación. Casi como si ella estuviesee discutiendo consigo misma al aceptar mi oferta. Aunque en realidad no era una oferta, era un "cara o cruz". —¿Por qué? —pregunto. —Porque no tengo más opciones, ¿no es cierto?¿Acaso me equivoco? Algo me obliga a mantener mi arma hacia ella. No sé por qué pero no me fio muy a pesar de que no quiero matarla. Quiero follarla. Fuerte, duro, lento... largo y tendido. Es una maldita enfermedad verla. Me he contagiado en segundos y estoy cada vez más enfermo de deseo. No puedo dejar de imaginar como será hacerla mía, y no solo su cuerpo. —Mejor no te digo lo que creo —me mofo y le indico con el cañón de mi pistola que se serene —. ¿Tienes novio, novia...alguien con quien folles, familia...?¿Quién demonios puede buscarte o pedir explicaciones que no daré? —Nadie —responde al instante. Es extraño ver una contestación como esa, tan contundente como directa. Y mucho más extraño ver que semejante mujer está sola en el mundo, sin nadie que la reclame. Yo la reclamaría una y otra vez encantado. —Todos tenemos a alguien en nuestra vida. —Todos menos yo —insiste y de pronto cambia el juego soltando —: ¿Por qué un tipo como tú quiere salvarme la vida tomándola para sí mismo? Si lo supiera igual me podría dar esa respuesta a mi mismo. No sé el por qué, pero si sé que es como un impulso que no puedo dejar de tener Siento que no puedo matarla, tengo que hacerla mi mujer, mía. Tengo que tenerla y no puedo explicar porqué. —No te veo dando gracias —me mofo de nuevo. —Ni yo a ti respondiendo. —Se te olvida que de los dos,quien tiene un arma cargada y el seguro quitado soy yo —advierto acercándome lentamente a ella —. Creo que deberías ir respondiendo preguntas y no fabricando nuevas incógnitas. Es ella quien elige acercarse a mi y nos vamos atrayendo con los ojos, con los cuerpos y los sentidos hasta que quedamos tan cerca que respiro su aliento en el mio y es adictivo lo que me provoca. —Te gusto... —reconoce por los dos. —¿Y qué si es así? —Me gusta que seas sincero y a cambio te diré que no tengo miedo de un arma, que no me asustan los mafiosos y que tengo amnesia... no tengo la menor idea de quien soy ni si quiera como me llamo. Hace una semana desperté en una cama de hospital sola, sin más... Me quedo en silencio un segundo, analizando sus palabras y las condiciones en las que la encontré. Me he sentido tan turbado por su belleza y por la forma valiente en que la conocí viniendo contra mi que no reparé en esos detalles. La chica no tiene bolso, ni documentación personal, no me dijo su nombre, tampoco preguntó el mío y sin embargo...me doy cuenta de algo. —Pero, supiste quién era mi padre. —Desde que te respondí lo pensé pero no tengo la confianza suficiente para hablar de esas cosas contigo —murmura mirando muy de cerca mis ojos y me doy cuenta de lo verdes que son los suyos,bordeados en pequeñas y preciosas pecas —. Lo que pasa es que si me vas a matar prefiero contestar lo que preguntes para sobrevivir. Siento que si trastabillo te puedes arrepentir de hacerme tuya y me quites de tu camino de in disparo. ¡Maldición! Oírla decir que la haré mía me hace saltar la polla, me vuelve loco todo de ella. —Y, ¿casarte con un extraño también? No iba a ser una pregunta pero terminó siendola. Esta mujer me mueve el suelo firme en el que siempre me he parado y no entiendo por qué. Es verla y perder el sentido, querer protegerla, poseer la, tenerla para mi. Prefiero formular preguntas para ella que para mi mismo. Porque esas respuestas no las tengo. —¿Cuál es tu nombre? —pregunta de pronto, acercándose más...si cabe. Estamos tan cerca ya que si quiero la beso. Si quiero la mato. Si quiero la hago mía y en el fondo no dejo de preguntarme por qué qdeseo tanto saber quién es ella que me vuelve tan loco. —¡Niklas...! —titubeo y acabo carraspeando —. Niklas Schneider. —Pues Nik... —sonríe y juro por mi vida que si las circunstancias fueran otras ya le habría besado esa boca que tiene que me enloquece —, estoy dispuesta a muchas cosas para sobrevivir, para saber la verdad de lo que me pasó y construir el resto de mi vida sin trozos en blanco. Algo en sus ojos esconden cosas que por más que la miro no puedo descifrar pero tampoco dejo de preguntarme por qué me gusta tanto. ¿Qué es lo que tiene que tira tanto de mi? Miro mi reloj y finalmente bajo el arma, quito el seguro y sonrío al ver que ella suelta un largo y sonoro suspiro. Es hora de ver a mi padre y decirle que me quedaré con la chica. —Ahora descansa, luego vendrán por ti para prepararte para la boda. —¿Será hoy mismo? —jadea de pronto. —¿Acaso no dije que o te casas o mueres hoy? —Sí, pero... Me acerco nuevamente a ella y tomando su barbilla entre mis dedos, a nada de plantar mi boca sobre la suya, digo: —Este es el trato: o eres mía, o mueres. Cuanto antes se establezca eso para todos mejor será para ti. Pasan unos segundos en los que los dos respiramos fuerte. Nos miramos a los ojos intentando contener el misterio entre los dos. Este misterioso deseo quw siento por ella y lo que sea que ella está pensando o sintiendo por mi. Me encantaría vagar en su cabeza, envolverme en todos sus recuerdos y saber si es verdad lo que ha dicho pero algo más allá de la razón me posee y deja de importar todo cuando la veo morderse los labios y temblar su barbilla en mis manos. —No me provoques, querida... no saques al animal que hay en mi —alejo mi manos de ella antes de que le arranque la ropa incluso baleada —. ¿Recuerdas tu nombre? —pruebo su teoría una vez más —Solo me veo como Emilia —susurra con expresión de auténtico pesar —, no sé nada más. —De acuerdo... Me doy media vuelta anotando en mi mente los recados que tiene que hacer Oliver para mi. Si hay alguien que puede descubrir algo sobre quien sea es él y esta chica que será mi mujer...tiene algo que me gusta pero que me dice que necesito más información. Y voy a conseguirla. Así como voy a conseguirla a ella también, pero eso es más una gratificación para los dos porque pude leer en sus ojos ardientes que me desea casi tanto como yo a ella. Cuando sea mi esposa, será también mi mujer... y me la voy a comer viva, no tengo dudas.
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