Niklas
—Quiero saberlo todo de ella —bramo en el teléfono —. Hasta cuando hizo la primera comunión. Averígualo todo. Te envié la foto y solo recuerda llamarse Emilia. Mira a ver también en todas las cámaras de la ciudad porqué estaba en medio de la calle cuando casi la atropello. No me fío del todo y confío en ti para que me des las respuestas que busco.
—¿Eso es todo? —pregunta.
—Ve al juzgado y tramita nuestra boda para ayer y que le den un documento de identidad con mis apellidos. También necesito el convenio de separación de bienes y uno de divorcio para ella. Hagamos las cosas bien.
—Lo que tu quieras, pero estas haciendo cosas muy extrañas —me echa en cara algo que ya se y me obliga a resoplar —. Podrías matarla y salir de esto. No confío en esa chica.
—Sé muy bien lo que hago Oliver —me defiendo cortante —. Intenta hacer tú también tu parte con excelencia. Y no te pido que confíes en ella, te ordeno que confíes en mi.
—¡Siempre!
Le dejo porque no quiero discutir con él y todavía tengo que explicarle a mi padre por qué no he matado a Emilia. Tengo que reconocer que me gusta su nombre.
Bajo las escaleras viendo como Looney, mi hombre de confianza viene hasta mi.
—¿Pasa algo? —cuestiono.
—La carga fue entregada pero nuestras fuentes nos dicen que los hombres de Jackman ya saben que les robaron pero no quienes. Yo creo que nos pusieron una trampa.
Arrugo la frente en un reflejo involuntario, no se me ocurre que puede haber hecho que tomaran esa decisión ni cuales serian los resultados porque honestamente lo que tomo no lo devuelvo, se hace mio.
Y de nuevo me viene a la mente la preciosa pelirroja. ¡Maldición!
—No sé con qué objetivo pero tampoco me interesa, el oro ...es nuestro. Lo demás no tiene mayor importancia.
—A veces te confías demasiado, Niklas —me recuerda.
—Eso forma parte de la diversión —le digo tomando los binoculares para observar al otro lado de nuestra propiedad una patrulla acercándose —. Vienen los polis, protocolo habitual.
Esas palabras dan por finalizada nuestra plática y escucho respirar a mi padre detrás de mi.
—¿Por qué sigue viva la chica?
Él toma su turno de mirar a distancia quiees se acercan pero como yo, presta atención sin que importe demasiado. Nuestros negocios están más que amarrados. De cara al mundo somos empresarios dueños de una mina de oro bajo tierra. Y para el lado oscuro de este mundo somos los mejores traficantes de diamantes y joyas preciosas de la historia de este país. Aunque haya algún idiota que nos quiera desbancar.
—Me gusta y quiero que sea mi mujer. Mañana me casaré con ella —explico sin dejar huecos para una contraorden.
Con mi padre no tengo secretos, me conoce bien y aunque no tenga explicaciones para lo que Emilia me ha provocado, pienso cumplir mi voluntad como siempre he hecho. Esa pelirroja es mía, aunque tenga que pisar al mismísimo "Papa" para conseguirlo.
—Esa mujer sin pasado no te conviene —masculla y estoy cerca del enfado —. Pero sabes que siempre tendrás mi beneplácito para lo que quieras.
—La quiero a ella —insisto —. Nunca he querido tener una mujer a mi lado y lo sabes pero esta solo podrá sobrevivir si es mía, no pienso matarla a menos que no se case conmigo y ¿adivina qué...? ¡Ha dicho que si!
—Eso es lo que me preocupa —establece como si yo no pensara lo mismo —, jamás has tenido problemas en mandar a eliminar a alguien. No entiendo que cambió ahora pero tengo paciencia, sé esperar. Y no existe nadie en el mundo que dijera que no a casarse contigo, Niklas...
—Han llegado las visitas.
De esa forma corto el tema, sé que mi padre tiene las mismas interrogantes que yo a este asunto y el problema es que ni siquiera yo tengo las respuestas a ello.
Vemos abrirse las puertas del salón de reuniones del lateral de la casa y juntos nos encaminamos hacia allá.
La nariz de mi pelirroja asoma por el balcón de mi habitación y le devuelvo la mirada cargada de deseo. Saber que de bajo de mi bata negra solo tiene ropa interior me vuelve loco y la maldita no se da cuenta.
—Bienvenidos agentes, ¿en qué podemos ayudarles? —dice mi padre.
Nos sentamos unos frente a otros y es el poli más adulto el que me suelta:
—Estamos buscando a una chica y sabemos que usted rescató a una, solo queremos verla y comprobar que no sea la que buscamos —explica y me lleno de rabia.
—Y que está aquí por voluntad propia, ¿cierto? —bramo.
—¡Niklas...! —advierte mi padre.
Todos nos ponemos de pie cuando se puede ver en mi actitud que no me siento colaborador
No quiero darle la oportunidad de salir corriendo de mi dominio. Si ella bajase y fuera la que buscan podría decirles quw se quiere ir con ellos. Podrían verla herida de bala y comenzarían las preguntas. Podrían pasar tantas cosas y ninguna buena que no quiero que sea el caso.
Sin embargo ella es más fuerte de lo que imagino y de repente siento su aliento en mi cuello y su mano en mi hombro. El contacto suyo es como si me quemara, me abrasara la piel allá donde me toca y esa es la razón por la que me tiene loco. Nunca una mujer me provocó tanto desconcierto.
—La chica que buscan no soy yo aunque si soy esa por la que preguntan —mi padre la mira mientras yo solo la huelo, tan cerca de mi como su boca hablando desde mi hombro —. Nik y yo estamos prometidos, había peleado con él y me trajo de vuelta a casa. Eso es todo, no estoy perdida de ningún sitio agentes.
—No sabíamos que habría una boda en la familia Schneider —murmura el otro con resquemor —. Felicitaciones en todo caso.
—Invitados están —suelto mientras atrapo la cintura de mi futura esposa que no sé a qué demonios juega —. Será mañana en la noche. En el acantilado de la propiedad.
—Yo despido a los agentes , Niklas —añade ni padre —. Vayan a arriba.
Entiendo que quiere sacar información de lo que hacen esos dos aquí en realidad y delante de mi pelirroja no dirá nada. Mi padre es demasiado desconfiado. Yo en cambio me siento absorto en el magnetismo de ella. Y en esos ojos verdes.
—Ven querida...
Cuando vamos por el pasillo a mi habitación ya lejos de los ojos de los policías la tomó del brazo y la pego a la pared con toda la fuerza que tengo haciendo incluso que se queje de dolor.
—¿Por qué hiciste eso? —bramo cerca de su boca.
—De nada —se acerca a la mía y me sopla las palabras en mis labios.
—Dime la verdad, maldita sea —la zarandeo.
—No tengo memoria Niklas, no sé qué me ha pasado, ni quien me busca, ni tampoco si es para bien o para mal y aunque aquí estuve a punto de morir tú te has prendado d mi y no puedo esconder que me gusta eso, este juego de quiero pero no puedo contigo me gusta y si me has salvado la vida lo menos que puedo hacer es devolverte el favor.
—¿Quién, quien te dijo que hay algo que no pueda? —olfateo sus labios inquieto.
—Lo digo yo —se relame y gruño mirando sus ojos hechiceros —. Voy a casarme contigo pero no me podrás tocar si no quiero. Y créeme que no quiero.
—No te creo —paso un pulgar por su pezón apretando las costillas en esa misma mano y sonrío al oírla jadear —. Me deseas.
—Cualquiera que tenga ojos y lívido te deseará pero no me iré a la cama contigo a menos que hagas que te ame.
—¿Es un reto eso que oí? —cada vez me gusta más.
—Llámalo como quieras —vuelve a soplar las palabras en mi boca y sé que me está provocando, tanto ...que duele.
—¿Por qué no te alejas de mi?
—¿Por qué no me alejas tú ?
Pasan unos segundos en los que nuestros pechos suben y bajan presos de la asfixia que este juego nos provoca.
Hay tal química entre los dos que nos tentamos con una mirada simplemente. Con el roce de nuestros aliento, con un pestañear de ojos.
Un carraspeo me separa de ella y sabiendo perfectamente quien ha sido la empujo de regreso a mi habitación y cierro la puerta al saberla dentro.
No hace falta que diga nada, simplemente sigo a mi padre por el pasillo hasta su habitación y cuando entra me deja abierto para que le siga, cierro al poner los pies dentro y enseguida me ataca diciendo:
—Están buscando a la hija de Jackman —aprieto los dientes solo de oir su maldito nombre —. Piensan que la chica puede haber huido con el oro que tú robaste. ¿No te parecen demasiadas coincidencias?
—La hija de él es morena, tiene los ojos azules y la conozco, no es esta —eso calma a mi padre aunque sé que se está preguntando de dónde la conzoco y no pienso decir nada más.
—Te daré un mes para que me digas quien es tu mujer —establece —. Tendrás tu diversión, los jefes sabrán que te has casado y luego serás viudo porque la mataré yo mismo si no traes algo que me asegure que ella es válida para ti, para nuestro apellido, para la familia.
—Te adelantas a mis planes papá —disfruto de ver la sorpresa en sus ojos —. Yo solo pensaba darle dos semanas pero bueno, un mes será más divertido y yo seré quien la mate en treinta días. Nadie toca lo que es mio, ya lo sabes.
Mis palabras dibujan una sonrisa satisfecha en sus labios y sé que hemos llegado a un acuerdo para los dos. El próximo jefe de la mafia tiene que estar casado, luego... puede ser viudo si ocurre una tragedia. En dos semanas será mi nombramiento y todo marcha sobre ruedas.