Emilia... Cuando llegamos al barco me maravillo viendo las tres velas blancas que nos guiaran en esta aventura. El niño se ha dormido y son los brazos de Niklas los que los llevan al camarote mientras a me dedico a pasear por el velero cuando el capitán anuncia que zarparemos. Entiendo que me lo dice por decirlo porque en esto no tengo decisión, pero claro...eso él no lo sabe. Desde que conocí a Nik, todo lo que me rodea erñs obligación y obediencia. No tengo un solo minuto de autonomía y libre albedrío. Por lo menos en este viaje, por corto que sea, me gusta pensar que podría sentirlo. La sensación de libertad, de bajar la guardia y dejarme llevar. —Sube a aquí —me indica señalando una zona del velero. Todo está impoluto y lujoso, es una nave de ensueño. Se siente mágica, al menos p

