pesadillas

1296 Words
Es mi culpa, me sentí demasiado cómoda con mi felicidad que llegue a pensar que nada más podría afectarnos, pero se me olvidó que él tiene un padre que es un hijo de puta que cree que puede hacer su voluntad. ─pensó mientras ve a sus hijos subir en el avión de su esposo, Sandro y Jota se ven animados, pero Luisa no tanto, ella no lo sabe, pero sospecha que sucede algo, pero ha guardado silencio para no asustar a sus hermano. Los escoltas se esmeran en atenciones con los niños como es costumbre, pero después de un par de horas de vuelo consiguen llegar a salvo y se instalan enseguida en una de las casas de la madre de Edward, Ángel no se ha despegado ni un segundo de sus hijos, pero al estar lo suficientemente lejos del posible peligro, por fin pudo darse el lujo de tener un poco de calma, sobre todo porque los niños no tuvieron problema alguno en dormir. Con los tres durmiendo en la misma habitación, sumamente resguardada le daba algo de paz a su mente. ─¿qué rayos fue todo eso? ─pregunta Ángel entrando en la habitación de junto, donde está Edward con los de seguridad. Edward tiene la mirada enterrada en una laptop plateada así como su jefe de seguridad, se puede palpar la preocupación en ellos, es bastante obvio que lo que sea que pasó no es nada bueno. Él levanta la mirada a ella, así como el jefe de seguridad, que baja la mirada enseguida por respeto. ─¿Nos dan un momento? ─dice Edward y tanto el jefe de seguridad como los escoltas a su alrededor salen enseguida. ─¿qué fue todo eso? ─pregunta molesta. ─Esto. ─señala la pantalla del computador. Se ve a su padre entrando en la casa y dejando salir a una persona del asiento trasero del auto. ─Sabía que algo se traía en manos en cuanto lo vi, y después de revisar la casa lo encontraron. ─pero dijeron "sin novedad" ─se cruza de brazos acercándose a él. Admito que pensé que me lo ocultaría, y el que no lo hiciera me da una cierta tranquilidad que antes lo había tenido, y ahora creo que puedo confiar en él, después de todo, pudo haberme mentido, decir que no era nada, y que solo íbamos a viajar por diversión, pero decidió decirle la verdad. ─Fue por los niños, pero si realmente no hubiesen encontrado a nadie, el aviso habría sido diferente, "sin novedad" eran las palabras claves y discretas para salir de la casa en caso de intrusos. ─tiende su mano y ella la toma, por lo que él la atrae hasta que ella se sienta sobre sus piernas. ─Gracias. ─susurró al abrazarlo. ─¿por qué? ─musitó preocupado despegando la mirada de la pantalla en la que se veía al intruso bajar del auto de su padre una y otra vez en repetición continua, y volteó a verla. ─Por ser honesto conmigo. ─acaricia su mejilla. ─¿y ahora que va a pasar? ─Estaremos fuera un par de días, custodiarán la casa y harán barridos de seguridad mientras no estemos, y cuando sea seguro volveremos y será como si no hubiese pasado nada. ─suspira emulando una sonrisa. ─¿Estás bien con eso? ─pregunta al notar que está molesto y triste a la vez. ─Siento que no actué como debería, me preocupé por tí, me aterró que te suceda algo mientras subías las escaleras. ─masculló. ─Yo estoy bien, puedo cuidar de mí, pero ellos no. ─se refiere a sus hijos. ─Ellos estaban indefensos y no fui capaz de quedarme quieta. ─se lamenta por la culpa de cómo se siente él, se ve seriamente preocupado. ─Debí saberlo yo también, debí correr junto a ti tras los niños, pero... ─¿Eso es lo que te preocupa? ─pregunta intentando descifrar sus gestos que son variantes con muy poco tiempo como para entenderlo. ─¿No haber corrido tras mis hijos? ─pregunta conmovida. ─¿que clase de padre soy si no puedo pensar en ellos, aún por encima de ti?. ─pregunta ofendido por sus preguntas, bajando la mirada a la pantalla de la laptop. ─Edward. ─toma su mentón levantando su rostro que continúa mirando la pantalla con aquella infernal repeticion cual pesadilla. ─me has protegido rompiendo demasiadas reglas, y eso es preciado para mi. ─musitó. ─tú cuidas de mí y yo de ellos, así funciona. Incluso si tuviéramos un bebé los dos, tu me protegerás a mi, y yo a él. ─dice para tranquilizarlo, y parece funcionar porque asiente dejando salir su pesar en un largo suspiro. ─Es tarde, deberíamos descansar. ─dice llevándola con él a la habitación. Aunque al principio él intenta mantenerse despierto sentado junto a la cama de ella, es aquella angelical y nada frágil mujer la que lo obliga a meterse a la cama y descansar como todos, ya que hay escoltas resguardando todo el lugar, y pese a que a ella le cuesta también conciliar el sueño, después de mucho lo consigue. Un golpe en su brazo la despierta, después de un par de horas de haber conciliado el sueño y aquél susto en la mansión se levanta de un brinco de la cama con el corazón al borde del colapso, lista para romper huesos, golpear y asesinar a lo que se le ponga enfrente de ser necesario, pero tras un rápido y a su vez detallado barrido visual a la habitación vuelve a la calma tras no ver nada, hasta que ve a Edward. Entonces lo entendió, él la había despertado, pero no había sido a propósito. Lo sacude con fuerza al ver que no importa cuanto lo zarandee tomándolo por los hombros, él no despierta, está rojo, suda frío, sus manos están hechas puño aferrado a la almohada con fuerza, y es como si todo su cuerpo tuviera un espasmo. ─Edward, despierta. ─suplicó presa del pánico. ─¡No! ─grita dando un brinco de la cama, pero al ver a Ángel casi de inmediato la abrazó con fuerza aferrándose a ella. No puedo creer lo que acabo de ver, eso fue demasiado intenso, lo he visto dormir y he visto cuando ha tenido pesadillas, pero esto fue demasiado, ni siquiera supe cómo reaccionar, él está temblando, ¿qué rayos paso? ─se preguntó mientras él se aferra con fuerza desmedida, ignorando por completo que la está lastimando, pero poco a poco su fuerza cede, hasta quedar en un cálido abrazo. ─Lo lamento. ─murmuró con la voz ronca aún con su rostro enterrada en mi pecho. ─Está bien, todo está bien. ─musité intentando darle algo de calma, aún no sé qué fue lo que pasó. ─Creí que habían terminado, creí que ya no... ─¿Tuviste pesadillas? ─pregunté aún confundida, eso no fue una pesadilla, eso fue algo mucho peor y estoy aterrada. ─fue peor que eso. ─masculló negando con su cabeza. Mira sus manos y es como si esperara encontrar algo más que los tatuajes. Resopla exhausto, confundido y hasta enojado. ─pude sentir el fuego en mi piel, estuve allí, volví al fuego, pero esta vez no eran ellas, eras tú. ─dice parpadeando un par de veces desconcertado dejando caer unas lagrimas en pausa en sus ojos, ya que al despertar y verla, no parecían ser necesarias, ya que no había razón para tal lágrima. ─Eso ya pasó, tú estás aquí, conmigo. ─digo sin saber qué más decir, ¿qué se supone que le diga a mi esposo que acaba de tener un ataque de pánico mientras dormía por la peor de todas las pesadillas. Lo abrazo pese a cierta molestia en mis brazos por el fuerte apretón, eso parece calmarlo un poco. Acabo de descubrir que Edward podría romperme en dos con solo abrazarme.
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