Divorcio

1169 Words
Lo ves todo el tiempo, son cosas que llegas a ver por televisión, y en revistas, pero ser tú parte de todo esto empieza a parecerme tan habitual, avión privado, personas que sirven a mis hijos, aunque suene pretencioso me encanta la idea de que ellos sean cuidados, sobre todo después de semejante susto que me he dado en la casa de Edward. He cuidado de ellos sola desde que Luisa tuvo dos años y luego con Sandro no cambió mucho, y con Jota literalmente tuve ponerme de pie horas después de su nacimiento para cuidar a sus hermanos mayores, y al estar aquí, con ellos siendo cuidados es también como una especie de vacaciones para mi y me siento mal, y culpable, y luego como un bumerán regresa lo mismo, me siento culpable por sentir alivio de que por primera vez en mucho tiempo alguien más los cuide, y por otro lado me siento culpable por sentirme cómoda con ello, y a su vez me siento mal por no sentir culpa de dejar que alguien más lo haga. ─Se ven muy emocionados por conocer la biblioteca. ─se acerca Edward y se sienta junto a ella, ya que los tres niños están cómodos en sus asientos con cinturones puestos y mientras Luisa cubre sus ojos para dormir, Sandro juega videojuegos, Jota mira curioso y ansioso por la ventana. ─su emoción me emociona. ─sonríe tomando su mano al sentarse. ─Lo están, son realmente como resortes con batería ilimitada. ─sonríe viendo a Jota bostezar aún cuando ve con mucha curiosidad ¿por la ventana mientras el avión emprender la marcha. Mientras más acelera, más emocionado se ve Jota, incluso durante toda esa conmoción que causa el despegue él parece estar más que maravillado, mientras Sandro ha dejado de jugar por unos minutos por el miedo que le causa aún el despegue, más Luisa no se ha inmutado, por el contrario, se acurruca aún más con su almohada. ─He notado tu mirada, estás pensativa. ¿puedo preguntar su causa? ─susurró al tener a los niños frente a él. ─Nada en especial, solo... ─¿solo que? ─preguntó intentando sacar la información antes de que ella se eche para atrás. ─Esto es tan habitual para ti, lo sé. ─murmuró. ─pero, para mí todo es raro y nuevo en realidad, los escoltas, el chofer, nosotros, mis hijos... solo espero que ellos sepan que esto solo son vacaciones. ─suspiró. ¿Como era todo esto posible?, una vez más ella pensaba irse, y no sabía como reaccionar a eso. ─¿lo harás? ─pregunta sin poder disimular su disgusto. ─¿de verdad? ─pregunta levantándose, pues ya puede hacerlo, y se va a otro compartimento del avión. ─¿El qué? ─preguntó preocupada al ver su notable molestia, lo sigue ya que los niños están cuidado, y cada quien está en los suyo. ─Estas son vacaciones porque piensas regresara a tu lado del mundo, un lado muy alejado de mi. ─dice llegando al bar del avión. ─¿Vas a beber?, ¿es broma? ─bufó molesta. ─Estoy en un avión con tres menores de edad, ¿crees que lo haría? ─preguntó ofendido, toma una de las botellas de agua mineral y la sirve en un vaso. ─Jota tiene sueño, duerme mejor y sin interrupciones cuando está hidratado, es todo. ─dice regresando con los niños, después de que Jota bebió el agua, se quedó dormido, regresó al bar por un poco para él. ─¿Por qué te empeñas en alejarte de mi? ─preguntó volteando a ella tras dar un par de sorbos a su vaso con agua mineral. ─Los niños... ─Ni siquiera les preguntas si quieren quedarse o no, solo asumes que se quieren ir, ¿porque es mejor que estén allí y no aquí? ─preguntó frenando su frustración. Si ella realmente lo ama, ¿por qué su empeño en irse? ─¿y si no funciona? ─pregunta respondiendo a su hostilidad respecto al tema. ─¿qué pasará si decides que un dia no me quieres más?, ¿o si ya no soy suficiente para ti?, ¿o mejor aún, si decides que quieres a tus propios hijos, y no es conmigo?, ¿entonces qué va a pasar conmigo?, ¿con mis hijos? ─¿y mientras pasa que?. ─reclama dolido. ─¿Soy tu qué?, porque es claro que esposo no. Un esposo es para toda la vida, hasta que la muerte nos separe, y no sé cuando será la mía, pero parece que te irás más rápido de que yo moriré, y eso que hay muchas probabilidades de que muera pronto. ─suelta con sarcasmo. ─pero qué... ─Ángel, yo estoy aquí, poniendo mi vida a tus pies, mi corazón y alma con los niños, por que son maravilloso, porque eres mi esposa, y porque te amo, pero, ¿y tú? ─pregunta sacando por primera vez en mucho tiempo la frustración de todo los inciertos con ella. ─Edward... ─Lo lamento. ─se deja caer sobre un sillón. ─es solo que esta constante amenaza de que te vayas, es un poco agotadora. ─musitó. ─Estamos casados, se supone que los matrimonios duran más que solo una temporada, o unas vacaciones. Sé que estás aquí, conmigo porque yo te saqué del país, y porque tienes ese pequeño inconveniente, pero, ahora te lo pregunto. ¿y si no hubiera nada de eso?, ¿y si te diera el avión a tu disposición para ir a donde quisieras, y ese pronlemas legal desapareciera. ¿qué es lo que harías?, ¿te irías?, ¿o te quedarías conmigo? Él no se veía para nada feliz, es claro que estaba molesto, pero esa explosión verbal era nueva para ella, y a su vez, era tan raro, porque no habían gritos, golpes, cosas volando a su alrededor. Esta era un tipo de pelea desconocida para ella, era tan extraño y tan nuevo, que ni siquiera sabía cómo reaccionar a eso. ─¿Estás peleando conmigo? ─preguntó sin saber identificar qué era exactamente lo que pasaba. ─Hago preguntas, y necesito respuestas. ─musitó calmado. ─No lo sé. ─negó con la cabeza, aún está confundida, pero lo ama. ─Si no lo sabes tú, ¿quién lo sabría? ─insistió. Sentirse vulnerable, ser ella misma después de todo lo que pasó era tan aterrador que no sabía cómo hacerlo, él conocía una versión de ella que había creado solo para él, pero mostrarse tal y como ella era, con sus demonios, con sus errores, con toda ella, no se veía fácil. ─Deberías pensarlo bien. ─se levantó. ─ellos son extraordinarios, y yo te amo. ─la ve y ella evade su mirada. ─podemos ser esposos, de esos que envejecen juntos y pelean por el control del televisor, o podría darte el divorcio, y ser éstas las mejores vacaciones para ellos, y tú ese amor que vivirá en mi corazón por siempre, pero quiero saber que soy, porque lo incierto asusta, duele y eso te lo dice alguien que fue despellejado vivo por semanas. ─dice besando su frente, regresando a su asiento.
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