Flor de cerezos

1449 Words
No sé qué se supone que haga, él me habla como si ya nada de esto le importara, y yo estoy aquí, atrapada a mitad de un viaje en el que no se donde estoy exactamente, y dependo totalmente de él, Jota camina por doquier de su mano, y Sandro no hace más que imitar todo lo que hace él, como camina, como posa ante la fotos, incluso ha dejado de encorvarse gracias a que Edward no lo hace. en solo unos días es como si él se hubiese convertido en la imagen paterna que tanto han querido, y ahora no sé qué hacer. ¿Y si me equivoco? ─Ven. ─la tomó de la mano Jota y la llevó con él, se estaban tomando muchas fotos, y quería que ella también saliera en ella. Con la inocencia e ignorancia de un niño, coloca a su madre junto a Edward, quien sonríe a tenerla cerca, y ella sonríe para sus hijos. Ángel arregla su cabello lo mejor que puede, pues el viento ha jugado con él gran parte del tiempo, lo ve a él disimuladamente pues no ha dicho una sola palabra desde que bajaron del avión. ─Yo tomaré las fotos. ─dice apartándose de ella al ver su incomodidad. Le duele que su sonrisa sea falsa, cuando él está más que feliz de estar con ella. Solo son los cuatro en una foto, Ángel y sus tres hijos, y luego él mismo le pidió a una de las escoltas de los niños que tomara la foto, pues quería ser parte de ello. Lo pensó un momento, tal vez a ella no le guste, y no quería incomodarla, pero por otro lado, el quería eso, quería una foto con la familia que ahora tenía, o por lo menos, la familia de la que quería ser parte. Se puso a lado de ella y la tomó por la cintura, estaba aterrado de no tener ninguna reacción de ella, pero al verla, se sintió aliviado. Su respiración hizo una pausa y después fue acelerada, su mirada era fija y ahora no ha dejado de parpadear, él se queda inmóvil junto a ella sin poder dejar de mirarla mientras ella ve a la cámara. Lo sabía, todo en ella le decía a gritos que quería estar con él, ¿pero por qué ella insiste en alejarse? ─¡Mira eso! ─tira Jota de su mano arrastrándolo al otro lado del parque en el que están. ─Los árboles son muy bonitos. ─dice Luisa caminando junto a su madre. ─Si, pero imagina cómo será la biblioteca. ─suelta entusiasmado Sandro a su lado. ─¿Te agrada él? ─le pregunta a su hijo con la mirada fija en Edward, que también la está mirando. ─Sí, mucho. ─dice entusiasmado. ─Le gusta la guitarra, me enseña, y sabe sobre lo libros más que nadie que conozca, y... ─Es bueno con los tres, sobre todo con Jota. ─Sonríe Luisa para la sorpresa de su madre. ─Nadie lo aguanta, y él. ─lo ve. ─es como si disfrutara ser torturado por "el enano". ─dice con cariño a su hermano. Luisa conoce a su madre, sabe hacia dónde iba esa conversación, ella sabía sobre el matrimonio, pero Sandro y Jota no. ─¿por qué no se hacen novios? ─pregunta Sandro para sorpresa de las dos. ─él me agrada y es muy amable contigo, ¿crees que se quiera casar? ─susurró, pese a que están lejos. ─creo que le gustas, pero no sé, ¿él le gusta a usted? ─le preguntó a su madre. ─Y... ─tomó aire nerviosa de lo que diría, no sabía como lo tomaría Sandro, y le aterraba cómo reaccionaría el padre de sus hijos mayores, pero a su vez, después de todo ese viaje, en el que claramente habían personas a su alrededor, solo era cuestión de tiempo que se sepa, así que, qué mejor ser ella quien se lo diga. ─¿Y qué? ─preguntó tomando una flor de cerezo del suelo. ─Si yo te dijera que ya estoy casada y que planeo quedarme a vivir con él, ¿te quedarías conmigo? ─preguntó haciendo que él levanta la mirada a ella y su mandíbula caiga al suelo. ─¿qué? ─preguntó impactado. ─El señor Edward y mamá son esposos, y prácticamente estamos en su luna de miel. ─bromeó Luisa al ver la cara de horror de su madre por la confesión. ─¿por qué crees que tiene ese anillo? ─preguntó tomando la mano de su madre y le presume el anillo a su hermano. ─Hasta en mi colegio tenían anillos, pensé que... ─Sandro, yo... ─apenas puede gesticular algo cuando Sandro la abraza con fuerza muy emocionado. ─Gracias. ─murmuró aferrado a su madre cual niño pequeño. ─¿por qué? ─pregunta confundida, ─Seremos una familia de verdad, usted, Edward, y nosotros, además tiene dinero y un avión, y tiene una biblioteca inmensa en su casa. ─dice emocionado. ─además, podremos quedarnos a vivir con él y no tendremos que volver allá. ─se refiere a su cas. ─¿Ustedes quieren regresar? ─pregunta incluyendo esta vez a su hija, pues es claro que su hijo está fascinado con la idea. El ve a la distancia todo lo que sucede con los hijos mayores y su madre, pero aunque ignora la tan intrigante y al parecer animada conversación, de requerir su presencia ya lo habrían incluido, pero un miedo despertó en él. Sandro se veía muy emocionado, demasiado a decir verdad, ¿y si realmente su emoción era porque su madre les dijo que regresaría a casa? Se repite de manera colosal inmediatamente por lo que le había dicho a ella, ¿y si después de lo que él le dijo ahora ella le pide el divorcio para irse con sus hijos de vuelta?, ¿Cómo podría perder a su familia? Se había acostumbrado demasiado rápido a ellos, al caos y escándalo de Jota, a la curiosidad por el mundo y su existencia de Sandro, incluso a la frialdad y reservas de Luisa, y ahora por un impulso él lo podría perder todo, todo cuanto consideraba importante en su vida. ─¿usted quiere hacerlo? ─le preguntó su hija. ─¡Yo no! ─dice Sandro negando con la cabeza de manera insistente. A la distancia, por lo que podía ver Edward, era claro que se irían, Sandro negaba con la cabeza gesticulando un no, mientras Luisa con su seriedad le hablaba a su madre, era claro, Ángel si les estaba preguntando sobre si quedarse o no, y ninguno de los dos se quería quedar. Tomó tanto aire como pudo y continuó el recorrido con Jota, si esta era la última vez que iba a tenerlos, quería que fuese la mejor. ─¿Y tú?. ─le preguntó a su hija mientras aún su hijo niega con la cabeza. ─¿No se supone que cuando te casas con alguien alguien es para vivir juntos? ─preguntó, y su respuesta era claramente un sí. ─Bueno, ¿y qué le diremos a tu padre? ─insiste preocupada. ─Le diremos la verdad. ─dice Luisa. ─que usted se casó, y que viviremos con usted porque ya el juez lo decidió, y veremos a papá en las vacaciones, y tal vez en navidad. ─Sí. ─dice Sandro emocionado con la idea, él está feliz con Edward. ─¿de verdad les gusta la idea de, una nueva escuela, nuevos amigos, nueva casa... ─Sí. ─da brincos de emoción Sandro. ─Nos hemos mudado de casa más de ocho veces y de escuela también, al menos ésta vez será para siempre, y podremos conocer lugares y visitar a papá. ─sonríe Luisa con una chispa de emoción. Ella no era de las adolescentes que brinca y rie a carcajadas, pero el solo hecho de que sonriera bastaba para saber que estaba igual o mas emocionada como su hermano con la idea. ─bueno, no se diga más. Nos quedaremos con Edward. ─dice mirándolo, pero él está volteado mirando los árboles con Jota. Los chicos no tardaron en abandonar en su caminata al ver unos enormes árboles con flores de hermosos colores, y Jota se unió a ellos, sobre todo cuando vieron algunas caídas. ─¿Sabías que estos árboles simboliza tanto la vida y la muerte?. ─aparece Edward a su lado mientras observa la belleza de uno de los árboles. ─se dice que, con la llegada de la primavera promete una nueva vida, aunque al mismo tiempo, no duran mucho, y su corta vida útil es un recordatorio de que la vida es fugaz. ─¿qué? ─pregunta con una sonrisa, es la primera vez que él le habla desde que llegaron, y que le diera un dato raro del parque fue incómodo y gracioso.
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