Pruebas.

1272 Words
Supongo que después de todo, en algún momento las cosas se pondrían así, pero a decir verdad no esperaba que fueran por su padre, no sé qué es lo que esperaba tener, ni quién era ese hombre que se metió a la casa, pero me preocupa más sus intenciones, pero mientras yo no pierda de vista a mis hijos, ni les pase nada, yo estoy bien con eso. Ellos están allí jugando a competencias de natación aunque es claramente una injusticia ya que Luisa debe fingir un calambre para dejar ganar a Jota, mientras Sandro no tienen ninguna piedad con sus hermanos, ni en salpicar agua en su rostro para ganar ventaja, pero me sorprende aún más que lejos de comprarles traje de baño, los típicos, esos de bikini para niñas, y una playera para niños, su ropa es más como la que usan los que hacen surf. Eso me da una idea clara del respeto que Edward tiene por mis tres hijos, es como si realmente me escuchara cuando hablé con él, y es gracioso, ya que siempre parecía estar muy aburrido. Pero ahora no sé donde está. Dijo que haría una llamada, pero eso fue hace más de dos horas y llegué a pensar que vendría por mi, pero no aparece por ningun lado. Con las risas de los niños resonando hasta en los rincones de la piscina, y las competencias ilegales de natación, además de muy injustas, Ángel no ha dejado de ver a la puerta, las tres escoltas mantienen sus mirada fijas en cada niño asignado, pero su madre mantiene la incertidumbre constante esperando respuestas en la puerta. Mientras tanto, del otro lado de la casa, se encuentra Edward, aún al teléfono. ─¡maldita sea¡ ─lanza el teléfono sobre un sillón. ─Señor. ─entra su jefe de seguridad. ─¿dónde está mi esposa? ─pregunta apenas lo ve. ─En la piscina con los niños. ─aclara con certeza. ─El señor Charles acaba de llegar. ─dice y casi de inmediato aparece Charles con un sobre en su mano y se lo entrega. ─Mantengan la vigilancia, no quiero errores. ─masculló abriendo el sobre enseguida. ─¿Lo sabe? ─pregunta viendo abrir el sobre. ─¿qué?, ¡no!. ─revisa exhaustivamente el documento que saca del sobre. ─Ni siquiera puedo decirlo en voz alta, me aterra que pueda saberse. No mientras... ─se detiene sintiendo que su corazón se paralizó por un segundo, pero vuelve a latir. ─no, no lo soy... ─suelta un suspiro de alivio. ─Dios, eso estuvo horrible. ─musitó. ─Ahora... ¿se lo vas a decir? ─pregunta enarcando una ceja. ─Hice una promesa, y aunque no sé como se lo hubiese dicho si el resultado fuese diferente, no quiero ocultarle nada. No si eso me hace perderla, no puedo perderla de nuevo. ─niega con la cabeza caminando a la puerta, quiere decirle lo que pasa a Ángel lo antes posible. ─Respecto a tu padre... ─dice y este se detiene en seguida. ─¿qué con él? ─pregunta al voltear. ─Tu padre ha perdido la razón, y está decidido a arruinar, y... aunque tu abuelo me pidió que no te dijera, debes saberlo. ─se ve realmente preocupado. ─El hombre que tu padre metió a la casa era un asesino a sueldo y tenía una sola orden. Matar a tu esposa. ─dice pese a que quiere mantenerse en pie, el impacto de las palabras de su mejor amigo lo tiraron contra la pared. ─hiciste bien en sacarla de la casa esa noche. ─El ha vivido toda su vida en esa casa, claro que la conoce a detalle, él... ─balbucea confundido, tantas cosas pasan por su cabeza que apenas le da tiempo de entender una siquiera. ─El hombre sabía perfectamente cómo entrar y como salir sin ser visto, sin embargo... ─No contaba con que yo pediría que revisaran la casa, el no... ─se incorpora con dificultad. ─Bien. ─cierra la puerta con seguro y se aleja de la puerta lo más que puede. ─Ordena al personal mantener la vigilancia, y sobre todo la nocturna, nadie cruza la puerta si no tienen mi autorización, no importa si es familia o mi abuelo, antes de cruzar la primera puerta deberán, tener mi autorización. ─Aclara. ─¿Y cuándo piensas volver? ─Señor. ─toca la puerta su jefe de seguridad. ─Dante, Luna y pato acaban de llegar. ─dice desde fuera. ─Encargate de que revisen el avión a la perfección, no quiero más errores. ─dice y está por irse, pero ahora es Edward quien lo detiene. ─¿Sabes que va hacer el abuelo con mi padre? ─pregunta ligeramente preocupado. ─De eso no se nada, supongo que hará lo mismo que hizo con tu tía. ─murmuró. ─¿Lo creés? ─preguntó ahora seriamente preocupado. ─Tiene algo de razón. ─dice casi entusiasmado con la idea, después de todo, ¿qué clase de persona es capaz de dejar un asesino a sueldo suelto en una casa con tres niños. ─dice y Edward asiente. ─me voy, tengo cosas que hacer, y además, tu estarás bien aquí. ─golpea su hombro. Y su mirada llega al sobre. ─bueno, si es que sales vivo de eso. ─señala con burla el sobre. ─Ahora no es un problema para mi, y si es parte de mi pasado no debería importar. ─balbuceó con duda. ─¿Le dirás que su amigo la está buscando? ─pregunta al tomar la perilla de la puerta. ─No lo quiero cerca de mi esposa. ─gruño, aunque cuando Charles voltea, tiene una sonrisa en su rostro. ─y no tiene por qué saberlo. ─enarca una ceja. ─¿y si tiene algo que decir? ─insiste. ─Tal vez se lo diga cuando regresemos. ─dice y Charles asiente girando la perilla. ─o tal vez no. ─masculló. ─dice y Charles sonríe al salir mientras niega con la cabeza. ─Madura. ─Le dice y se va con una sonrisa, pero al salir de la casa y subir al auto, su sonrisa se borra enseguida. Saca de su bolsillo un sobre, este es similar al que le ha dado a Edward, pero este sobre tiene el suyo. ─No puedo arruinar su vida ahora. ─dice guardando el sobre de nuevo. Edward, con el sobre en su mano y ya un poco menos preocupado de lo que puede pasar con su matrimonio se dirige a la piscina en busca de su esposa, pese a lo mucho que le preocupa su confesión, si algo le ha enseñado lo que pasó, es que esperar y dejar que se entere por alguien más no es bueno para ninguno de los dos. Al llegar a la piscina ve a los escoltas de los niños y los que resguardan las puertas, incluso a los niños disfrutar muy cómodos en el luhr, pero Ángel no está por ningún lado. ─¿dónde está mi esposa? ─pregunta un poco alarmado, sabe que ella no se alejaría de sus hijos a menos que fuese algo muy delicado. ─se fue a la habitación, dijo que no se sentía bien, señor. ─dice la escolta de Luisa. ─No se veía bien. ─dice la escolta de Sandro. ─¿alguien fue con ella? ─pregunta sacando su teléfono. ─Estaba viendo su teléfono y se levantó de la silla de un salto y dijo que no se sentía bien y que iría a su habitación, y pidió que nadie la siga. ─dijo la escuela de Jota sin quitarle la mirada al pequeño. ─Saquen a los niños de la piscina y que resguarden el lugar. ─dice caminado a la salida de prisa. ─Peinen el lugar. ─ordena la telefono. ─¡Joder! ─dice y sale corriendo a la habitación cuando ya no está a la vista de los niños.
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