Mal rato

1198 Words
Yo, una mujer que ya es madre, estudiada y una profesional en muchas artes, sin embargo, aquí estoy yo, con la mirada fija en la mancha de mi ropa interior. Sangre, después de todo lo que he pasado en este mes, había olvidado el más trillado de los problemas femeninos, la estúpida e ingrata menstruación. Con horror y mucha vergüenza mientras Ángel revisa su teléfono para ver si ha tenido alguna llamada o mensaje de Edward, siente un pequeño y peculiar movimiento en su vientre, mismo que siente su desenlace en su ropa interior, mismo que reconoce a ciegas. Algo alarmada de haber ya manchado la pulcra e impecablemente hamaca blanca en la que está sentada se levanta con recelo mirando a todos a su alrededor, esperando que nadie la vea. ─¿Todo está bien señora? ─pregunta la escolta de Jota que está más cerca de ella, justo a su costado. ─No me siento muy bien, pero nada de qué alarmarse. ─aclara y esta respuesta alcanzan a escucharla las otras escoltas. ─Necesita ayuda o... ─se ofrece el escolta cerca, pero ella levanta la mano y este se detiene. ─No gracias. ─dice tajante. ─ayude a Jota, se ve cansado. ─dijo haciendo que todos volteen a él, algo que ella aprovechó para caminar a la puerta y salir rápidamente del lugar para correr a la habitación. Al entrar en la habitación corre en busca del espejo y se mira el trasera lo mejor que puede. No hay nada, eso es bueno, deja escapar un gran aire de alivio al sentarse sobre la cama ya más calmada. Pensé miles de cosas, juro que pensé que me moriría de vergüenza al saber que había manchado la hamaca, es un alivio saber que no, pero ahora que ya recordé aquella pesadilla llamada menstruación, debo comprar compresas y asegurarse de tenerlas a mano en caso de que llegue el momento, aunque mejor debería ir en busca de Edward y saber dónde rayos está, pero supongo que él me buscará cuando se desocupe. Vuelve a sentir un retortijón, pero esta vez lo ignora, pues considera que es solo parte de su paranoia, se levanta de la cama y deja caer su teléfono por accidente, se inclina, lo toma y vuelve a sentir ese estúpido retortijón, pero esta vez acompañado con una intensas ganas de ir al baño. Deja el teléfono sobre la mesa de noche sin darse cuenta que está roto y entra de prisa al baño, no sin antes cerrar la puerta con seguro. Baja su ropa interior y se sienta en el inodoro con la mirada al techo, incluso el baño era un deleite visual, pero un fuerte retortijón y esta vez acompañado de esa sensación repugnante y nauseabunda que tienes cuando un coágulo de sangre baja por ese orificio que generalmente no debería bajar nada sólido lo que la obliga a ver de regreso a su ropa interior, para notar que ahora no solo hay una macha, sino que su ropa inteiro está empapada de sangre menstrual. ─¡mierda! ─soltó molesta consigo misma, pues esto era lo mismo que pensaba evitar al correr a la habitación. Se quita la ropa interior y la enjuaga muy rápido, quitando lo mejor que puede la sangre. Mira el vestido que llevaba en la piscina, y durante un corto y fugaz momento recuerda que se ha sentado la cama cuando sentía los retorcijones, por lo que ahora sabe que ha dejado más pruebas de que su menstruación ha llegado. Se coloca la bata de baño tras terminar de lavar su ropa interior, planea aún donde dejarla en lo que se encarga de la posible mancha fuera, cuando escucha un golpe seco en la puerta. ─¡¿Angel?! ─gritó Edward abriendo la puerta de la habitación. Ella mira a todos lados sin saber donde esconder el vestido que llevaba puesto ya que aún tiene algo de sangre, pues no le ha dado tiempo de lavarlo. Entró en pánico, pero él no le da tiempo de responder cuando lanza una patada que tira la puerta del baño. ─¿te volviste loco? ─grita Ángel furiosa y avergonzada mientras está pegada a la pared con los ojos entrecerrados y la mano que sostiene el vestido escondida en su espalda. ─¿Qué? ─pregunta confundido viéndola molesta. ─pero eso... ─Señala fuera haciendo un barrido visual, los escoltas han invadido la habitación. ─la sangre...? ─balbuceó intentando buscar una respuesta, al ver su mano en la espalda la toma, solo para descubrir el vestido que usaba hecho bolita. ─Es mi periodo. ─murmuró avergonzada al ver a los escoltas con la mirada en ella, esperando información. Los que entendieron en el momento se dieron la media vuelta y empezaron a salir, pero los que no, aún seguían expectantes. ─¿periodo de que? ─pregunta aún sin entender. ─¡Estoy menstruando! ─soltó enfadada tirando el vestido en la basura, saliendo en bata de baño del baño. ─eso. ─señalo la cama. ─es mi menstruación, no hay peligro aquí. ─dijo y sumamente incómodos todos salieron enseguida. ─¿qué sucede contigo? ─pregunta muy molesta, pues ahora todos en la casa saben que ella está menstruando. ─¿por qué no contestabas tu teléfono? ─preguntó, y entonces al buscar con la mirada lo vio en la mesa de noche. A simple viste se veía la pantalla partida. ─Se calló, y no me dio tiempo de buscarte y avisarte que iría al baño a ser más mujer que nunca. ─soltó con ironía. ─Lo lamento. ─dice sacando la ropa de cama. ─Déjalo, yo me encargo de eso. ─dijo tirando de su lado la ropa de cama, quitandolo de sus manos. ─Fui a buscarte a la piscina y me dijeron que no estabas allí, y llamé, pero no contestaste, y al entrar había sangre en la habitación, en la cama, le piso, y yo... ─Iba a salir a limpiar esto, cuando tiraste la puerta. ─dice volteando a verla, realmente había tirado la puerta abajo destrozando incluso el marco. ─¿qué sucede contigo? ─reclamó molesta. ─Solo... ─se deja caer sobre uno de los sillones mientras deja escapar un suspiro. ─no quiero estar tanto tiempo así. ─señala la bata de baño en ella. ─¿podrías conseguirme toallas y algo de fármacos para los colicos?, Yo me daré una ducha, y me encargaré de todo esto. ─señala la sangre. ─Deja que sea el servicio quien se encargue de esto. ─dice acercándose a ella. ─No. ─se encoge al sentir un cólico. ─¿qué? ─pregunta alarmado. ─nada. ─masculló. ─yo lo haré. ─insiste en sacar todo, pero Edward la detiene. ─Ve y date una ducha de agua caliente, yo me encargo de esto. ─dice y pese a que ella intenta negarse, los cólicos y el abundante flujo menstrual la obligan a regresar a la ducha, aunque esta no tiene más que una puerta de cristal transparente. ─¿en ese baño? ─preguntó aún algo indignada. ─no. ─deja la ropa de cama en el suelo. Toma su manos y la lleva a la habitación de junto, que era exactamente igual a la que acaban de abandonar. ─aquí. ─dijo y la dejó allí, dejando la puerta cerrada con seguro por dentro.
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