Verlo dormir es algo adictivo, antes verlo dormir era un gusto culposo, un hombre tan rudo y alto a la hora de dormir se ve tierno, se ve como un malvavisco, pero ahora todo el es diferente aunque yo lo quiera negar, con todo sus tatuajes y sus músculos realmente duros, sus manos enormes y esa calma en su rostro, es tan sexi y lindo a la vez, y eso es aterrador. Ahora no solo soy yo quien saldría de aquí con el corazón roto, ahora seriamos más.
─Estás despierta, ¿verdad?─susurra enterrando su cara en la almohada.
─Lo siento... ─susurró besando su frente. ─pero debo ir al baño. ─dice al soltarse de él lo más sutil que puede.
─No hay problema. Yo también tengo algo que hacer. ─salta de la cama y deja la habitación.
Ante el silencio en la habitación, y después de un largo rato, sale Ángel y al ver la habitación va a ver si sus hijos siguen dormidos, y así es. observa por un largo rato a cada uno de ellos y lo tranquilos que se ven durmiendo.
Es tan diferente estando con ellos aquí, hace dos años yo desperté en una habitación de 3x3 en la que dormíamos los cuatro, y ahora esa ni siquiera es la medida de su baño. ¿cuánto puede cambiar la vida de las personas dependiendo las personas que llegan a conocer?, es extraño y algo desconcertante.
Regresa a la habitación asumiendo que Edward estará allí, pero lo único que puede ver es a los escoltas llegando a la puerta de las habitaciones de sus hijos, misma en la que deben quedarse hasta que esta se abra o tengan otra orden de ella. Ya que según la orden inicial de Edward, Ángel es la única con autoridad en la casa para darle órdenes a los seis escoltas asignados a los niños, y sus mascotas.
Es muy temprano por la mañana, así que aprovecha para entrar a la ducha y darse un baño, hace mucho tiempo que no tenía tiempo solo para ella, y se sentía bien.
Escuchó a puerta abrirse cuando ella estaba lista para salir en bata de baño, y al no escuchar el clásico "buen dia" sabia que solo se podía tratar de Edward.
Curiosa salió de la habitación para saber a donde había ido, y no fue complicado, al verlo sudado, algo enrojecida su cara, despeinado y con la camiseta en sus manos.
─¿desde cuando corre, señor Argento? ─se cruzo de brazos en la puerta.
─Desde que tuve que mejor mi estilo de vida, hermosa señora Argento. ─sonríe acercándose a ella. ─pensé encontrarte dormida. ─niega con la cabeza algo confundido. ─ahora que tienes a los niños aquí, pensé que...
─La costumbre. ─asiente al notar inmediatamente las intenciones con las que él se acerca. ─que disfrutes el baño. ─lo evade rápidamente y regresa a la cama.
Edward no dice nada, solo baja la mirada y se mete en silencio a la ducha. No le parece gracioso, ella coquetea, pero cada vez que él se acerca ella lo evade. Se quita la ropa y deja caer el agua sobre él, intenta entender qué es lo que pasa. No puede ser por celos, ya que ha dejado bastante claro que él no ha tenido nada con nadie, así que la única respuesta es que ella no la desea.
No puedo continuar haciendo esto sin hacerlo sentir mal, y sé que no es solo por el desplante, es por que no sabe, pero es ridículo decirlo, ¿que le voy a decir?, no quiero tener sexo contigo porque podría volver a quedar embarazada. Es absurdo.
─Lo siento. ─toca la puerta de la ducha.
─¿Disculpa? ─sale abruptamente de sus pensamientos cerrando el grifo.
─¿puedo entrar? ─pregunta con la mano en la perilla de la puerta, pero para su sorpresa, esta se abre antes.
─¿Estás bien? ─sale aún acomodando su bata de baño. ─¿qué sucede? ─hace un barrido visual, seriamente preocupado.
─Sí, sí, lo siento, no es urgente, ni nada. ─balbuceó nerviosa. ─es solo que...
─Dime. ─asiente atento a lo que dirá.
─Te deseo. ─susurra. Él entrecierra los ojos mientras asiente mientras intenta entender, pero aún es muy poca información. ─pero no podemos, porque... ─niega con la cabeza y evade su mirada muy incómoda.
─Calma. ─la abraza. ─No tengo prisa, perdon si te hice creer que sí. ─Se disculpa muy sutil. ─aunque sí me gustaría entender, ¿sucede algo?
─Si. ─dice y puede ver como como su tranquilidad desaparece, y ahora hay más incertidumbre que vida. ─pero no eres tu, soy yo. ─dice lo que empeora todo en la conversación.
─Solo dilo. ─dice ya con algo de desesperación bien disimulada.
─¡Ma! ─toca la puerta Jota.
─Lo que pasa es que...
─¡ma!, ¡pato no está! ─grita y rompe en llanto tras la puerta. Eso bastó para que Ángel abra la puerta, y Edward tomó su teléfono.
─Traiganme a pato, ¡ahora! ─ordena muy preocupado.
Ángel ve por la ventana de la habitación a todo el personal de seguridad correr por todos lados, es casi como un juego, pero ellos realmente están buscando al pato.
─El señor gordito se quería comer a mi pato. ─solloza Jota refiriéndose al chef. Edward entra al vestidor y sale enseguida, pero ya vestido.
Tanto es el escándalo que causó la seguridad por toda la casa, que Luisa y Sandro se despertaron y al preguntar corrieron a la habitación a ver qué sucedía, la más enojada era Luisa al enterarse de la desaparición de pato.
─¿Dónde está el pato? ─pregunta enseguida al ver al jefe de seguridad en la puerta.
─El chef no lo ha visto, y en la cocina no hay rastro de él, señor. ─dice discreto al ver a Jota en los brazos de su madre, y a Luisa con esa mirada asesina de costumbre.
─Tiene que aparecer el pato, o todos estarán en problemas con ella. ─mira a Ángel preocupada, y a su hija molesta.
─¿dejaste salir a pato? ─le pregunta al pequeño, y el solo negó con la cabeza.
─¿cómo es que pato salió de la habitación?, ¿y su escolta? ─pregunta confundido Edward.
─El niño salió llorando de la habitación y nadie tiene permitido tocarlo y llegó hasta aquí. ─aclara su escolta.
─¿cuando viste a pato? ─le pregunta su madre a Jota.
─Cuando me dormí. ─balbucea secando sus lágrimas.
─No creo que sea posible. ─dice bajando a su pequeño de sus piernas. ─ven conmigo. ─lo toma de la mano y se lo lleva con ella a la habitación.
Ángel observa minuciosamente toda la habitación, ve a su pequeño, y vuelve a ver todo el desastre de la cama en silencio. Nadie entiende nada.
─¡a comer! ─musitó golpeando con sus dedos el marco de la puerta.
El silencio es interrumpido por graznidos que vienen de la cama, el cobertor empieza a moverse y desde allí sale la cabeza de pato.
─¡pato! ─corre Jota soltando a su madre y se lanza a abrazarlo.
─No puedo creer todo lo que hiciste, por nada. ─lo regaña Luisa.
─se querían comer a pato, el tenía razón, hasta yo lo pensé. ─lo defiende su hermano.
─Bueno, ya apareció. ─dice Ángel mirando a Jota con disgusto.
─Avisa al personal que pato apareció, y que le pongan un gps a las tres mascotas. ─se dirige a los escoltas. ─No tienes que preocuparte, nadie tocará a pato, el es parte de la familia. ─dice y Jota corre a abrazarlo.
─Gracias. ─lo abraza con fuerza.
Es extraño que yo lo consuelo, lo abrazo, lo beso, seco sus lagrimas, y sea a Edward a quien corre para abrazar y agradecer, mi bebé. ─se lamenta mentalmente al verlo. ─¿es normal sentir celos de que mi amor chiquito lo abrace a él, y no a mí?