─Sentí celos cuando vi las fotografías tuyas con el motociclista. ─dice aún cuando ella se niega a escuchar más explicaciones.
─Dije que no...
─No he dudado un solo segundo de lo que siento por ti, ni he deseado a nadie como te deseo a ti. ─insiste. ─Sé que no confías en mí y lo entiendo, supongo que pasamos demasiado tiempo uno lejos del otro, pero para mi no hubo un solo segundo que no pensara en ti. ─añade sintiéndose un tonto, pero decirle todo era la única manera de evitar más conflicto. ─Cuando decidí que no quería esperar más para volverte a ver, abrí el sobre que me entregó el investigador lo primero que salió de allí fue las fotografías, me volví loco, estaba furiosos, yo te esperaba, y el saber que tu no me dolió. Quería no pensar en ti, quería olvidarte para no sentir que moría por mi estupidez y decidí dar una fiesta, invite a todo aquel que quisiera estar en una estúpida fiesta, y entre ellos estaba Diana. ─aclara con pesar, ya que bastó ver a Ángel para saber que está molesta. ─fue un error y lo lamento, pero jamás pasó nada con ella. ─aclara.
─No me interesa. ─insiste en caminar a la puerta, pero él se adelanta y la cierra incluso con seguro. Ella da un par de pasos evasiva, no quiere escucharlo más, pero él la detiene.
─Te pedí que si tenías dudas, lo que sea, me lo preguntes, pero decides enojarte conmigo y no decirme lo que piensas, te encierras en ti misma y prácticamente tengo que adivinar lo que tienes que decir o lo que yo debo decir, y no es justo. ─soltó también con algo de enojo. ─¿Estás bromeando? ─pregunta aún más molesta ella, lo que hasta cierto punto a él le causa un poco de gracia.
─Te amo, ¿como es que no lo ves? ─pregunta frustrado. ─no me importa nada, ni nadie más. ─Cuando ella estuvo aquí sin que yo la invitara fue incómodo, porque no esperaba que viniera, no sin invitación, y claramente no la invitaría de nuevo. Me equivoqué, y lo lamento, pero no me condenes por algo que hice siendo un idiota dolido.
─Bien. Ya diste tu explicación. ─bufó.
No tuve fuerza suficiente para moverme más allá de él, la única fuerza en mi cuerpo lleno de tensión alcanzó apenas para apretar mis dientes para no gritarle a la cara lo mal lo molesta que estoy con él, por lo que hizo.
Me llena de inseguridades y odio eso, espero por segundos alguna reacción de él, pero no hay tal. Solamente asiente como si lo que he dicho ha sido una orden para él. Ese pequeño gesto de desconcierto en él basta para mi para que mi cuerpo recupere la dignidad que me queda y planeo salir de la habitación, pero siento una ligera presión en mi brazo que me lleva de vuelta a él, pero antes de que pueda siquiera objetar algo, sus labios están acariciando los míos, y su lengua suelta latigazos como si castigara a la mía absorbiendo de mi hasta el último rastro de mi aliento.
Odio no ser dueña de mi cuando se trata de él, es como si mi cuerpo le perteneciera más allá de mi dignidad, retrocedo un par de pasos guiada por él y nos detenemos por la pared que impide da siquiera un paso completo. Intento recuperar la dignidad el control de mi cuerpo, separandome de él, pero sus manos que sostienen mi rostro me lo impiden. Con mis manos intento quitar las suyas, pero al sentir sus manos, las estrías, incluso los relieves de los tatuajes, mi intimidad se humedece exageradamente que la ropa me estorba mientras el aire me falta y los labios me arden.
Tomó una bocanada de aire durante unos segundos que él se separa de mí, pero al sentir de nuevo sus labios sobre los míos, siento sus dedos acariciándome la vulva, el vestido parece haber sido una buena idea hoy, pero es gracioso como él quiere solucionar todo, intento objetar lo que hace, pero mi cuerpo se estremece sumergiéndome en calor y placer, solo entonces me doy cuenta que él no aparta porque soy yo quien está aferrada a él, aparté mis manos de su rostro, pero sentí su pene deslizándose con fuerza dentro de mí, y solo atiné a arrastrar mis uñas por su espalda, haciendo que él arquee su espalda dándome aún más placer al escuchar su gemido ronco e hipnótico.
Le creí, maldita sea mi suerte, le creí cada una de sus estúpidas palabras, intenté no hacerlo, me rehusé con todas mis fuerzas, pero al final el ganó, y yo me dejé guiar por sus manos y me perdí en sus brazos, ¿pero como no lo haría?, él está aquí, conmigo intentando todo por mí, mientras yo, solo dudo hasta de mi sola existencia.
Cuando el placer llegó a su clímax y todo mi cuerpo toco el cielo, cayó suavemente sobre una suave y delicada cama de suave algodón blanco acurrucada en sus brazos, en los brazos de aquel dudoso y mentiroso tatuado esposo que ha dejado de ser falso mucho tiempo atrás. Entonces la culpa me ganó y me encogí cual bebé bajo la sabana.
─No dudes de mí, por favor no lo hagas. ─insiste abrazándola, dándole un suave y tierno beso en su hombro. ─lo siento, no debí esperar caer en la desesperación para ir por ti, pero tenía miedo... ─susurró abrazado a ella.
─¿tienes dudas sobre mi? ─preguntó para su sorpresa, pero él no supo qué responder. ─no podía decirle que sabía lo que había pasado porque lo leyó de algo que era casi como un diario personal, pero por otro lado lo carcome la culpa de volver a mentir u ocultar cosas y que ella se entere de nuevo.
─No las tengo. ─dice preparándose mentalmente para lo que dirá.
─Yo tengo muchas, demasiadas. ─musitó. ─me dices que no has estado con nadie más, pero...
─Pregunta entonces. ─se acomodó y escogió la mejor posición para que ella esté relajada en sus brazos en total desnudez.
─¿que va a ser de nosotros? ─preguntó saliendo totalmente del cuadro de tensión que generó lo que ha dicho antes. Edward se había preparado para responder lo que sea, pero esa pregunta tampoco la esperaba.
─Somos esposos, estás casada conmigo. ─insiste. ─estás en tu casa, todo aquí es tan tuyo como mío. Ahora yo te pregunto a tí. ¿planeas quedarte para siempre conmigo esta vez? .
No lo había pensado, estar aquí es raro, pero era como una especie de vacaciones para los niños y para mi despues de como salio todo, pero no lo había pensado, apenas tenemos un par de días y ha sido en parte bueno, pero, ¿quedarme para siempre?
Afiló los labios y la mirada antes de contestar.
─no lo sé. ─murmuró, y pudo sentir por unos segundos como Edward tensó su cuerpo.