Incertidumbre

1179 Words
No esperaba nada como esto, no esperaba volver a sentirme así, con esta incertidumbre de no saber si lo que dice es cierto o no. ─Señora Argento. ─se acerca Ernestina. ─El chef pregunta si desea un menú especial para la cena, o si desea ser sorprendida por él. ─sonríe amable. ─Yo no sé si... ─balbucea. ─¿por qué no le preguntan al señor?, yo no tengo una idea en especial. ─aclara. ─¿sabe dónde está él? ─preguntó. ─El señor está en la oficina con el joven Charles. ─señala. ─¿desea que vaya por él? ─preguntó. ─No, gracias. Por favor, dígale al chef que espero me sorprenda. ─emula una sonrisa. ─Sí señora. ─está por irse, pero se regresa. ─Disculpe señora, ¿se siente bien? ─pregunta preocupada. ─¿Voy a mi habitación, podrías avisarme si algo pasa con los niños por favor? ─pregunta y Ernestina asiente. ─gracias. ─dice regresando a la habitación. Caí demasiado fácil, es lo que pienso, él volvió a mi vida y a mi se me olvidó todo, lo que hizo, lo que dijo, todo y estas son las consecuencias, era demasiado obvio que iba a ser lo mismo, debí saber que la historia se volvería a repetir, y pero elegí confiar, confiar en que él me diría la verdad, que me diría todo. ¡Mierda!, ¡maldita sea! Se deja caer sobre la cama, no está de ánimos para nada en ese momento, mientras más recuerda lo que ha dicho Edward, más ganas de llorar tiene. No imaginé que sería así. Soy una ilusa al creer que realmente solo se trataba de regresar a su casa y hacer como si todo ese tiempo que pasamos separados no hubiese pasado, pero la verdad es muy diferente. La verdad es que más allá de tener miles de preguntas, ahora no sé si él será honesto al responder. Volvió a doler, mi corazón, mi confianza tambalea, mi verdad empieza a verse como un espejismo. Acostada de lado de la cama, solo puede pensar en cada una de las palabras que ha dicho él, sin importar cuanto lo pensara no tenía sentido, ¿cómo pudo sacarla con seguridad cuando él la invitó a su casa en primer lugar?, ¿y si también está mintiendo con respecto a Karla?, todo era demasiado confuso. Mientras tanto en la oficina. ─¿por que hiciste la fiesta en primer lugar? ─pregunta viéndolo algo deprimido. ─Estaba molesto, estaba... ─Celoso. ─lo interrumpen ─No, claro que no... ─espetó ─Sí, claro que sí. Estabas celoso por creer que ella te esperara y cuando viste esas fotografías sabías que eso no era exactamente así. ─Todo está complicando y no sé cómo lidiar con eso... ─niega con la cabeza frustrado ─Ve con ella. ─Se levanta de la silla. ─yo confirmaré tu asistencia a la cena, y con los socios e inversionista. Yo te aviso si sucede algo más. ─Habla con él fotógrafo de mi abuelo, quiero que haga su mejor obra con mi cuadro. ─Aclara caminando con él a la salida. ─Claro que sí, me podré en contacto con él cuanto antes, y respecto a su situación legal, ella está aquí como tu esposa, ya que aquí no hay delito porque juzgarla, pero tendrá una audiencia dentro de dos semanas que se será en línea. ─Me parece bien. ─se dan un apretón de manos y cada uno va por su lado. Edward aún planea en mente cómo explicará a su esposa que si la invitó a Diana en casa era porque estaba molesto, y la idea de tener que decirle que iba a reemplazarla porque creía que ella lo había reemplazado, Era inauditamente absurdo y vergonzoso, pero el dilema en comparación lo hizo animarse a decir la verdad, ya que para empezar, había prometido ser honesto, y por otro lado, sabe que tarde temprano o ella sabrá la verdad y podría costarle el matrimonio, no le dará más vueltas. Decidido a decir la verdad empezó a buscar con discreción a su esposa, caminó por los pasillo s de la gran casa, y fue directamente a la biblioteca, asumió que ella estaría allí, ya que ¿dónde más estaría si no con sus hijos?, pero al llegar a la puerta, no había rastro de ella, solo estaban los tres niños muy sumergidos en aquel mundo plasmado en papel que ellos sostenían en sus manos, llamados "libros", estaban tan sumergidos allí, que ni siquiera Jota fue capaz de darse cuenta que Edward estaba en la puerta observandolos. Era increíblemente admirable, los hjos de su esposa realmente amaban los libros y perderse en entre sus páginas. Se sintió avergonzado de querer sacarlos de su espacio feliz y los dejó si hacer mayor ruido, continuó su camino por los silenciosos pasillos. Era extraño, él había tenido la idea de que estar bajo el mismo techo con tres niños sería algo desgastante, agotador por mucho, pero los niños eran diferentes, incluso Jota y pato que eran los más inquietos de la familia, podían permanecer quietos y en silencio al leer. Al llegar a la habitación, encontró a Ángel recostada sobre el sillon con la laptop en sus piernas, se podía ver en la pantalla que estaba escribiendo, pero al abrir la puerta él, ella se detuvo. Tan solo ha dado dos pasos dentro de la habitación cuando ella cerró la laptop dejándola de lado. ─¿podemos hablar ahora? ─pregunta dando pasos lentos y cortos hacia ella, en un intento de no ser víctima de su enojo y sufrir de un corazón roto ante su rechazo. El silencio de ella fue tan cruel como si ella le hubiera escupido en la cara, consideró la idea de salir de habitación y no volver hasta que ella diera el paso al diálogo, pero él calló, y permaneció en el lugar esperando pacientemente una respuesta, aún si la espera se sentía peor que dagas al fuego ardiente siendo arrastradas por su pecho, una y otra vez. Confiar o no confiar, ¿qué se supone que yo haga?, él está allí, esperando mi aprobación para algo que no sé si quiero escuchar., pero si le doy la oportunidad de hablar, podría equivocarme, y perder a alguien realmente importante para mí, ¿pero qué tan dispuesta estoy a tolerar cosas que no sé sobre él? Se levantó del sillón, y se giró a él, verlo ahí frente a ella sumiso y entregado, dudaba si esa faceta en él era falsa, decidida a terminar todo, a dejar todo de lado y terminar con todo eso, su corazón se sintió acobardado al último instante cuando sus labios se vieron obligados a separarse para decirle lo que su mente se había repetido muchas veces, se detuvo. No podía, no tenía el valor para terminar todo eso, sabiendo que le dolería de manera infernal, mucho más de lo que dolió la primera vez, entonces, escucharlo no parecía una mala idea. ─No quiero saberlo ─suelta el ultimátum acabando por fin con la incertidumbre horrorosa a la que ha sido expuesto Edward. Pero su respuesta es aún más desconcertante que su silencio.
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