Es tan difícil confiar en las personas así, ciegamente. Es como si cada vez que intento dejar mi pasado de lado, mi desconfianza, viniera alguien y advirtiera de que no lo haga, qué está mal, que no debo, y eso me tiene molesta porque realmente quería eso, realmente pensé que esta vez podía confiar en él ciegamente y que no tendría esta maldita duda carcomiendo la cabeza. Edwards parece ser más confuso, ¿y si después de todo salir del país con él no fue buena idea?, ¿y si después de todo, lo mejor que puedo hacer es irme de aquí en cuanto mi situación legal mejore?. Me equivoqué, no debí dejar todo en manos de él, ahora no puedo salir de aquí a menos que él lo quiera, no puedo salir del país si no es con su ayuda, y no quiero hablar con él, no quiero darle la oportunidad de que me siga mintiendo, ya no.
─¿está bien? ─pregunta Luisa sentándose junto a su madre sacándola de manera abrupta de sus pensamientos, al prácticamente caer sobre ella.
─¿por qué la pregunta? ─evade responder con mentiras.
─Se ve molesta, ¿pasa algo? ─insiste.
─Si, pero son cosas que yo debo solucionar, tú no te preocupes, mi amor. ─acaricia su mejilla, y su hija regresa al sillón en el que estaba sentada.
Charles acaba de llegar a la casa, todo está silencioso, lo cual es raro ya que desde que están los niños se escuchan risas y ruidos por doquier.
─¿Se acabó la luna de miel? ─bromea al entrar en la oficina, pero al ver a Edward sumamente serio, enmudece.
─¿Cómo va el casi de mi esposa? ─pregunta mirando fue, de pie en la ventana.
─Aunque al principio se rumoró los habías secuestrado, el señor Martin habló a la prensa, y dijo que sus hijos salieron del país por la salud de su madre, y que se negaron a dejarla sola en un momento difícil. ─aclara dejando un periódico sobre el escritorio. ─por otro lado, la prensa escrita local ya parece un diario familiar de los Argento. ─señala el periódico.
─¿De qué hablas? ─camina al escritorio.
─Se está vinculando a la señorita Anastasia con un político algo polémico. ─señala
─¿Algo? ─enarca una ceja. ─¿que se sabe de eso?
─Poco, la señorita no ha dado ninguna declaración, pero tu abuelo está furioso, ya que al parecer, a sus futuros socios no les pareció la idea de que una Argento sea vinculada con alguien casado.
─No cuando ellos fomentan la familia. ─murmuró de mala gana.
─Te ves molesto, ¿que pasa? ─pregunta dejando el tema de lado.
─Nada. ─responde evasivo sin quitar la mirada del periódico.
─¿Ya encontraron al tipo que estaba involucrado con lo que le pasó a mi esposa? ─pregunta ante el silencio de Charles.
─esas tampoco son buenas. ─saca una reporte de su maletín. ─fue encontrado muerto, en unos matorrales, cerca de un río con los pies y manos atadas, fue más un fusilamiento. ─se levanta preocupado.
─Si él era el único que podía decir que ella era inocente, ¿qué se supone que harás ahora? ─resopló consternado.
─El abogado de tu abuelo pensó en cerrar el caso hablando con el juez, piensa que si le propone un acuerdo de millones al juez, no importara las pruebas que encuentren, la van a declarar inocente.
─Ella no lo va a aceptar. ─niega conociendo a su esposa.
─Edward, para ser honestos se nos acaban las opciones, nadie sabe nada, nadie dice nada y ella no sabe bien a quien disparó, ¿que es lo que quieres que haga? ─pregunta ofuscado. ─tu abuelo me presiona para que los obligue a cerrar el caso, y que establezca la estadía de tu esposa y sus hijos aqui, ademas de volver al instituto a los niños, libere al piloto que hizo el viaje, que saque el avión de retención y la prohibición del piloto, y yo solo puedo pensar que... ─rasca su cabeza ofuscado.
─¿Qué?
─Edward, te he representado en las fundaciones de tu madre, en las empresas que te heredaron de tu abuelo, y cada una de las sociedades que tienes por casi seis años, y los socios, inversionistas y posibles clientes empiezan a preguntar si realmente están haciendo tratos contigo o conmigo, y te aseguro que conmigo no es con quien no están muy felices que digamos...
─¿De qué hablas? ─pregunta al ver a Charles realmente cansado. Absorber todos los problemas de Edward y hacer de ello algo bueno empieza a ser tan extenuante para él, que empieza a notarse.
─Sabes que en una semana se dará la reunión en conmemoración de la fusión que hiciste en nombre de tu madre, ¿verdad?
─Si vas a decir, lo que creo que vas a decir...
─Tienes que ir, y no solo aparecer, sino llegar, hablar con los socios y ser tú quien pongas la cara al frente. ─niega con la cabeza. ─ya están cansados de ver la mia, y yo de mostrarla para que pregunten ¿cuándo podrán hablar directamente con el Argento heredero?
─Sé que la renovar la fusión es importante, pero...
─Diste una fiesta, saliste del país y regresas como si nada, los medios hablan de eso todo el tiempo, hablan de que todos han visto tu rostro menos los que de verdad deben hacerlo. ─renegó algo molesto. ─Yo he sido tu rostro frente a todo por años y jamás me quejé y lo sabes, pero justo ahora, más allá de si yo quiero o no, las personas que invierte, y usan su dinero para hacer de tí alguien aún más importante, quieren ver tu cara. ─señala.
─Una...
─Ni siquiera intentes una rueda de prensa, eso no es lo que quieren. Te quieren a ti, y por lo que pude deducir tras el palabrerío del señor Rogers, también espera verte con tu esposa del brazo. ─resalta el final y esto lo regresa a su problema del momento.
─Pues, aún no sé si voy o no, pero respecto a ella, tal vez sea un problema. ─se deja caer sobre el sillón.
─¿Ahora que hiciste? ─pregunta él también dejándose caer sobre el sillón.
─Sabe lo de la fiesta que dí, esa que tu y Anastasia tant odiaron y...
─¿Sabe que la doctora estuvo aquí?
─Ahora sabe que yo la invité y se niega a hablar conmigo, y se encerró con los niños en la biblioteca. ─masculló.