No estoy embarazada

1103 Words
─No tienes que imaginarlo, porque no lo estoy. ─digo y casi puedo ver cuadro por cuadro como se rompe su corazoncito. ─¿qué? ─dice derrochado decepción y pena. ─pero preguntaste si... ─Lo sé, pero ni siquiera me has dejado continuar y te emocionaste y... ─mira un bonito dije de estrella junto al cuadro de Edward y su familia, está tan maravillada con aquella pieza que la toma. ─Bueno, y qué fue lo que pasó, ¿por qué la pregunta? ─se resigna al preguntar. ─Es solo que... solo que tu lo conoces, y tal vez me podrías dar tu punto de vista. ─continua caminando alrededor de las fotografías y de la hermosa habitación. ─¿planean tener un bebé?, el abuelo estaría más que feliz de que eso suceda. ─¿Me creerías si te digo que eres la segunda persona que dice eso? ─sonríe divertida. ─Es cierto. El abuelo es feliz de que alguien de la familia tenga hijos, en la familia no hay muchos niños y realmente las nuevas esposas de mis tíos o sus amantes, solo se dedican a viajar y causar escándalos. ─reniega. ─pero Edward no, él es como su madre, le gusta la idea de la familia y eso, supongo que él sería muy feliz siendo padre, y definitivamente sería uno de los buenos. ─asiente. No debería dudar de él, definitivamente Edward es una buena persona y se ve genuinamente feliz con Sandro y Jota, pero ahora soy yo la que no sabe si realmente quiero otro hijo, ni siquiera mi pequeña y fragil Emma estaba en los planes, y ahora que es una posibilidad, no sé si es algo que quiero, después de todo, los bebés nacen del sexo y amor, y él y yo podríamos tener mucho de eso. ─Así que aquí estás... ─entra Edward por sorpresa. ─¿Que tal? ─lo saludó Ana. ─pase un rato y queria saber si era cierto que ella estaba aquí. ─asiente. ─No sabía que estabas aquí. ─asiente con una mirada evasiva. ─los niños no quieren despegarse de los libros. ─abraza a Ángel. ─Jota le está leyendo "Donde viven los monstruos" de Maurice Sendak, a pato, ni siquiera sé si debería estar leyendo eso... ─entrecierra los ojos con una sonrisa. ─Fue el primer libro que le leí hace un par de años, y había muchas palabras que no entendía, y desde entonces Luisa se lo ha leído, en realidad no lo está leyendo, se lo sabe de memoria. ─aclara. ─Eso explica varias cosas que dijo, pero pato ya está dormido. ─la abraza, mientras Ana lo observa, es como si ellos se pudieran decir cosas, que claramente no querían que Ángel supiera. ─Iré a verlos un rato. ─dice dejándolos solos en la habitación. ─¿Ella sabe que hiciste una fiesta con la descarada doctora aquí? ─pregunta al notar que no está en el pasillo. ─Creí que no volverías. ─dice incómodo. ─Dije que no volvería a menos que ella esté. ─aclara. ─¿cómo estás? ─pregunta con reservas. ─Anastasia, sobre esa fiesta... ─No tienes que darme explicaciones, es tu vida, y tu esposa, solo espero que realmente la respetes, porque se nota que ella de verdad te ama. Seguramente espera de ti sinceridad, es todo. ─asiente con recelo, y abre la puerta para salir, pero él la detiene. Ángel planea ir por los niños, pero mientras camina por el pasillo en dirección a la biblioteca, por casualidad ve en su mano el dije de estrella que estaba junto al cuadro, así que regresa a la habitación para dejarlo, pero escucha a Edward, y se escucha enojado. ─Di una fiesta en mi casa e invite amigos, y si entre ellos estaba Diana, ¿acaso es un problema para ti?. No esperaba eso, no después de lo increíblemente protector que ha sido conmigo, y ahora resulta que, la misma mujer con la que se supone que no había una amistad, con la misma que los medios lo han vinculado, y la misma descarada que tuvo la confianza de buscarlo en esta casa... Ahora tiene sentido, cuando ella vino, no era la primera vez estuvo aquí, ¡soy una tonta! ─se abofeteó mentalmente al dar la vuelta y seguir su camino por el pasillo mientras Ana y Edward no paran de hablar tras ella. ¡Joder!, ¡mierda!, porque siempre me pasa esto, confío y me dejo ir, y después de todo lo que creo que esta bien, sale mal, ¡joder! ─Por favor, espera. ─la toma del brazo antes de llegar a la puerta de la biblioteca. ─Ángel lo siento, yo no quería... ─Solo vete. ─ordena Edward molesto. ─Podrías venir en otro momento, por favor. ─dice Ángel desafiando a Edward con la mirada, ante esto él no dice una sola palabra. ─¿estás segura? ─pregunta apenada, ella nunca tuvo la intención de que lo que Edward hizo en su ausencia saliera a la luz, pero fue Edward quien estalló, tal vez en el fondo sentía culpa. ─¿Te parece si vienes mañana para tomar algo en el jardín. ─dice y ella asiente. ─Nos vemos. ─la abraza. ─disculpa. ─susurra apenada antes de soltarla. ─Ve con cuidado, recuerda que mañana tenemos algo que hacer. ─dice y ella asiente yéndose enseguida. Camina por el pasillo de regreso a la habitación de su cuñada y deja el dije junto al cuadro como estaba cuando lo tomó. ─¿podemos hablar? ─pregunta Edward desde la puerta. ─No. ─dice tajante, pero con cierta tranquilidad que lo confunde un poco. ─quiero ir con mis hijos, si no te importa. ─dice y él la dejó, solo ve como ella se va. No sé qué diablos pasa ahora, ¿cómo puedo confiar en él?, siento que me oculta muchas cosas, y se supone que si tenía dudas preguntaría, pero justo ahora estoy muy molesta, y no sé si lo que quiero es hablar con él. Edward sube deprisa por las y va al techo de la casa, la brisa cálida del final del verano bailando con su cabello, camina al borde y ve el bosque desde lo alto. Está enojado, pero no es con Anastasia, es con el mismo, molesto por no haberle dicho lo que pasó justo antes de que él fuese por ella, justo antes del incidente, justo antes de volver a verla. Quiere gritar, romper todo a su paso, está furioso consigo mismo, pero sabe que de hacerlo podría ser escuchado por los niños y jamás lo haría con ellos ahí, ni volvería a ser ese monstruo que Ángel vio por última vez. ─¡¡Joder!! ─golpea frenando a sí mismo con su puño la baranda.
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