Sus brazos son tan fuerte, y esas manos... ni siquiera sabía que se podía hacer eso, y luego su labios que juegan con mi cuerpo, es como si el fuego me golpeara cada vez que sus labios ban mas abajo del ombligo, ¿como puede ser tan perfecto?, y luego está él. ─fija la mirada en su entrepierna.
Edward la observó de reojo mientras se viste, ella lo observa detenidamente de pies a cabeza, mientras muerde la punta de su uña, una sonría puede verse cuando ladea su cabeza como intentando darle forma alguna de sus fantasías.
─Daría lo que tengo y más, solo por saber que pasa por tu mente, justo ahora. ─se acerca a ella cerrando su camisa.
─Quien diría que serías tú quien nos sacara de la cama. ─dice mientras lo ve caminar hacia ella, de tal manera que lo hace sentir acalorado.
─En mi defensa, tenemos tres niños que nos esperan y un chef ansioso para ver la obra de sus pupilos. ─la rodea con sus brazos muy amoroso y tierno.
Admito que esta nueva faceta de él me está encantando cada vez más, sí amo estar en sus brazos, y sé que de haber estado los dos solos no habríamos salido de la cama por horas, pero ahora aquí, en la privacidad de mi cabeza se crea una gran duda, ¿y si llegamos a tener un hijo, él va a cambiar conmigo?
No sé si es lo que quiero, realmente un detalle tan pequeño como este me puso a pensar.
─Vamos antes de que Jota venga y quiera tirar la puerta abajo. ─al tomar su mano y la lleva con él.
Tierno, sexí y rico, muy rico en realidad.
─Cuando está en silencio me asustas. ─bromea intentando hacerla hablar.
─Me gusta lo que hay en mi mente, y si te preocupa, ten presente que después de lo que hicimos, mis pensamientos son únicamente buenos. ─mintió para su tranquilidad.
─Sabes que... ─se voltea frente a ella justo antes de llegar a las escaleras. ─seguramente siguen en la biblioteca, seguro podríamos tomarnos unos minutos más... ─susurra a su oído mientras baja su mano hasta su cintura.
─¡ma! ─grita el pequeño Jota, y Edward la suelta enseguida, incluso da un par de traspiés al retroceder.
─Fui por ella, y ya íbamos a comer. ─dice nervioso por lo que el pequeño puede interpretar. Se sonroja, incluso llegó a ponerse nervioso
─¡vamos! ─lo abraza y Edward tomó al pequeño.
Después de descubrir la biblioteca de Edward, mis pequeños retoños no tardaron en salir corriendo al dar el último bocado, era como si hubiesen descubierto el paraíso, aunque los entiendo, la biblioteca de Edward lo es. Aunque ahora tengo otro problema, Edward disfruta de estar con los niños y no dudo un segundo en ir con Sandro a mostrarle sus libros favoritos, y verlos debatir sus ideas, es algo lindo, él vuelve a ser un niño con ellos.
Después de estar casi una viendo a Edward se el mejor amigo de sus hijos, incluso con Luisa que pese a ser reservada con todos a su alrededor, no duda en debatir temas de libros clásicos, decide salir de la biblioteca en silencio, por primera vez en mucho tiempo decide recorrer todas y cada una de las habitaciones de la casa cuando escucha una voz muy familiar en la entrada.
─Le podría decir por favor que... ¡Ángel! ─dice emocionada Anastasia al verla.
─Hola. ─baja muy emocionada las escaleras. ─¿cómo estás? ─pregunta mientras ella se lanza a Ana y la abraza.
─Tenemos mucho que hablar. ─la abraza.
─Sí, por supuesto. ─la toma del brazo. ─pero, qué te parece si me acompañas a conocer la casa de mi esposo. ─suben las escaleras entre risas cómplices.
─¿Dónde está el bruto de mi primo? ─pregunta mirando a todos lados.
─Está en la biblioteca con mis hijos...
─¿tienes hijos? ─se detiene en el momento. ─¿qué?, ¿están aquí? ─busca con desesperación con la mirada. ─¿dónde? ─insiste emocionada.
─Sí, y son tres, pero ahora quiero curiosear un poco, ¿qué tanto conoces esta casa?
─Mucho en realidad, aunque si me da curiosidad de ver un lugar en especial. ─dice llevándola con ella, casi arrastrandola por el pasillo.
Al llegar, ven una puerta negra con un pequeño desgaste en el piso.
─¿de quién es esta habitación? ─pregunta mirando cómo ella la ve.
─Esta era la habitación en la dormian mis tíos... ─dice mirando con nostalgia. ─Suena perturbador, pero realmente no lo es. ─sonríe un poco avergonzada. ─Mi tía era muy dedicada y amaba cuidar la casa, siempre estaba llena de flores, y su habitación era como una elegante y perfumada florería. Ahora soy adulta y obvio sé lo que sucedía allí dentro, pero cuando era niña, era mi idea del romance. El suave olor del tulipán, con una mezcla de café y la suavidad de la pureza blanca en todo el lugar..., pero luego te das cuenta que en la vida real solo se trata de sexo y dinero. El mundo de adultos que creía conocer no existe. ─sonríe dejando salir un suspiro de nostalgia.
─Wow. ─suspira asombrada. ─¿estás bien? ─pregunta volteandose a ella.
─Me ganaron las emociones. ─sonríe avergonzada. ─pero supongo que ya no es la habitacion de mi tía, y tenía curiosidad saber que había ahora.
─Ahora que lo pienso... ─musitó tomando la perilla de la puerta. ─no tengo las llaves de ninguna puerta, y dudo mucho que... ─la giró y para su sorpresa esta si se abrió. ─¿ninguna está cerrada en realidad? ─caminó hasta la puerta de junto, pero su sorpresa fue aún mayor al ver fotografías un poco antiguas, no tanto como si fuesen de abuelos, pero definitivamente eran de una época diferente.
─¿Sabes de quien era ésta habitación? ─pregunta entrando sin más. Por lo que Ana la sigue por curiosidad.
─Era la habitación de su hermana, mi prima, ella...
¿Han escuchado el famoso, "si las paredes hablaran"? Éste lugar definitivamente es de esas veces que uno suele usarla. Nunca la habia visto, es una habitación enorme con un color coral perlado, se ve hermoso, es como si fuese parte de un cuento de hadas, la habitación de una auténtica princesa, huele a rosas y algodon de azucar, un gran espejo, peluches pequeños, hay varios cuadros de flores en resina, páginas de libros enmarcados con frases subrayadas. Todo es hermoso y perfecto, es casi mágico. Hay varias fotografías, y para mi sorpresa, hay unas cuantas de Edward con ella abrazados, se ve tan feliz. Es tan raro verlo sonreír en todas las fotos con ella, y ahí estaba. una foto de él, su madre, su hermana, y el desgraciado de su padre
─Se ven tan felices... ─dice Ana al ver la fotografía que Ángel observa detenidamente.
─Se ven como las familias de revistas, esas en las que todo es perfecto... ─suspiró.
─Edward se ve muy bien. ─suspira risueña.
─Sabes... ─la ve. ─eres la única persona con la que lo veo sonreír después de lo que pasó.
─¿creés que él quiera ser papá? ─pregunta y Ana suelta un grito tan agudo que es más como un chillido.
─¡¿qué?, ¿estás embarazada?! ─grita y Ángel se ve obligada a callarla con sus manos para que no alarme a los de seguridad.
─Señora, ¿sucede algo? ─entran dos de los hombres de seguridad.
─Todo está bien, gracias. ─dice y se retiran tan rápido como entraron.
─No lo puedo creer, mi primo, un padre. ─da brinquitos de felicidad.
Ana está un poco loca, pero es una persona agradable, y quien diria que una niña rica puede ser así de linda con algo tan sencillo.