Un amor bonito

1204 Words
─Llegamos. ─se baja enseguida en cuanto uno de los escoltas abre la puerta de su lado del auto. ─justo para la comida. ─dice y yo solo puedo pensar, ¿dónde estás mis hijos? Los perros no están a la vista, ni mis hijos y eso ya es raro, de estar en la piscina podría escucharlos, pero no lo hago. ─Señora Argento, bienvenida. ─sale Ernestina a recibirme. ─los niños están en la cocina. La señorita Luisa le ha pedido al chef que le enseñe hacer lasaña de berenjena, y los señoritos Sandro y Jota la están acompañando. ─Muchas gracias. ─asiente ella complacida y más tranquila. ─¿Cuánto tiempo llevan en la cocina? ─pregunta Edward. ─Unos diez minutos, señor. ─responde ella con recelo. ─Me daré un baño, estoy cansada. ─dice dando una ligera caricia en su hombro antes de subir las escaleras. Fue incómodo para él, al preguntar por los niños, lo único que tenía en mente era ir con ellos y ayudarlos a cocinar. Por un momento se había olvidado de todo el deseo que sentía por su esposa, y lo mucho que la deseaba. Solo pensaba en lo divertido que sería cocinar con los niños, pero esa pequeña y discreta caricia había sido muy clara, Ángel lo esperaba. ─¿Mamá llegó? ─pregunta Jota saliendo del pasillo de la cocina. ─¡hola! ─corre y abraza con fuerza a Edward. ─Me dijeron que están cocinando, ¿es cierto? ─pregunta y este se lanza a él para que lo tome en brazos, y ni siquiera lo duda. Lo toma en brazos y va con él a la cocina. El chef se ve muy animado, al parecer algo que a él le gusta es tener audiencia fascinada con sus enseñanzas, por lo que lo hacía todo más divertido y animado para los niños. Mientras tanto Ángel, mira la puerta de la ducha mientras se baña. Si estaba cansada, y refrescarse fue buena idea, tomó una larga ducha, más allá de esperar a Edward, ella realmente disfrutaba el baño, pero después de casi media hora bajo el agua, salió de allí convencida de que no importa cuanto espere, él no llegaría. Estaba un poco confundida, pero seguramente habría una buena explicación, pero por el momento, tomó una de sus pastillas anticonceptivas y se recostó. Más pronto de lo que hubiese querido uno de los efectos secundarios de los anticonceptivos era el sueño, y no tardó en caer dormida. Para cuando Edward empezó a sonreír y disfrutar estar con los niños extrañó a su esposa, y recordó que ella lo esperaba. ─No tardará mucho. ─dice cerrando el horno, viendo al chef orgulloso de los niños por seguir al pie de la letra sus instrucciones. ─Hay un lugar que me gustaría que conocieran. ─dice llevándolos con él y los escoltas por los pasillos de la casa. ─¿A dónde vamos? ─pregunta Luisa a la defensiva como de costumbre. ─A un lugar que sé que les encantará, y estarán acompañados todo el tiempo. Por cierto, no olviden que en cuarenta minutos estará la comida, y por mucho que vayan a disfrutar el lugar al que los llevaré, deben prometerme que saldrán a tiempo para la hora de comer. ─Dice abriendo una puerta del pasillo Las mandíbulas de los niños caen al suelo, incluso la de Luisa, al ver las enormes paredes de libros que forman una especie de tunel hacia arriba, que los deja maravillados. ─¿Lo prometen? ─pregunta Edward viendo a Luisa y Sandro, que claramente son los más impactados por la amplia colección de libros. ─Ajá... ─dice Luisa entrando anonadada, con un brillo casi celestial en sus ojos. ─No los dejen sin supervisión, y que lean lo que deseen, pero siempre y cuando esté en su rango de edad. ─aclara dejando a los niños. ─Si señor. ─dicen al unísono los tres escoltas. Edward va a la habitación en busca de Ángel, suplicando para sus adentros que su esposa no esté enojada con él, después de todo lo hizo por una buena causa. ─Los niños acaban de preparar la comida. ─dice abriendo la puerta, se adelanta a las explicaciones para no morir en el intento. ─estoy seguro que... ─la encuentra dormida en la cama, aún en bata de baño. Una sonrisa tierna se puede ver en su rostro. Entra a la ducha para refresacarse por el inclemente calor del día, abre la ducha y mientras el agua cae sobre su cabeza, las palabras de Karla resuena en su cabeza después de muchos años. Eres un desgraciado, nadie va a quererte jamás. ¡eres tan egoísta!. Ojalá que el dia que ames a alguien, si esque eso es posible, espero que sufras y llores mis lágrimas multiplicadas por un millón. Recuerda el dia que ella entró en la habitación de su departamento, e intentó forzarlo a tener sexo con ella. Pero justo en ese momento siente unas manos rodeando su cintura y las toma con fuerza muy molesto. ─Aunch. ─dice Ángel y suelta sus manos enseguida. ─Lo siento. ─susurra disimulando su enojo. ─¿Estás bien? ─pregunta confundida, se suponía que él esperaba con ansias estar con ella, pero se ve molesto. ─Ahora que estás conmigo, si. ─acarició su mejilla. Él toma sus manos y las besó con ternura mirando a sus ojos fijamente, ella aún se pone nerviosa con su intimidante mirada, no solo es hecho de levantar su mentón para poder verlo a los ojos, es más que eso. ─te deseo... ─suspira inclinándose a ella. Mi corazon late muy fuerte con el solo hecho de estar cerca de él, sus manos bajan hasta mi cadera y lo solo lo quiero dentro de mi, sin preámbulos, sin más excusas, sin más nada, solo lo quiero a él dentro de mí, mi boca está seca y las mejillas me arden, su cuerpo así de cerca con el mío. Él la pegó a la pared con fuerza y la hizo suya sin reservas, haciéndola gritar y gemir de placer mientras se retorcía sin censura, lo deseaba, lo había deseado por mucho tiempo y para él era mucho más que eso, era la confirmación de que entre ellos nada había cambiado, de ella que seguía siendo suya en cuerpo y alma, era la confirmación de que sin importar el tiempo, el amor y deseo seguía intacto y eso lo excitó aún más. ─Hay muchas cosas que no sé de ti. ─suspira exhausta sobre su pecho. ─y eso es aterrador, pero... ─¿Y yo lo sé todo de tí? ─pregunta acariciando su cabello. ─Sabes más de lo que puede saber cualquier persona que he conocido en mi adultes. ─levanta su mirada a él. ─¿qué es lo que quieres saber de mí?, solo pregunta. ─dice bañado en sudor, aún con la respiración entrecortada. ─Justo ahora no se me ocurre nada, pero prometo que cuando tenga buenas preguntas... ─acaricia su pecho, pero él levanta su mano y la besa. ─No podemos quedarnos en la cama, ya deben haber puesto la mesa, tenemos que ir a comer... ─se levanta de la cama desnudo y camina a la ducha, ante la vista aún excitada de su esposa. ─Definitivamente eres más que un amor bonito... ─susurra mientras muerde su labio superior coqueta.
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