Pasado

1271 Words
No importa lo mucho que él me llega a demostrar sobre lo que siente por mi, y es extraño, pero esa tensión entre él y la doctora me causa muchas dudas, pero no al mismo tiempo no quiero verme como una loca insegura que quiere saber todo sobre todo. Él va de mi mano a todos lados, y eso me hace sentir bien, jamás pensé que podría darle la mano a alguien después de todo lo que pasé. ─¿En que piensas? ─pregunta besando su mano con ternura en cuanto subimos al auto, puedo sentir sus labios fríos, siempre tiene sus labios fríos cuando está enojado, es como si toda la temperatura de su cuerpo cayera sobre su pecho y sus manos, pero abandona todas las demás partes de su cuerpo. ¿Él sabrá que puedo notar cuando está molesto? ─En nada en realidad. ─respondió evasiva con una sonrisa social. Edward la conoce lo suficiente como para saber que algo no anda bien. ─No hay historia. ─dice él, casi como si adivinara lo que estoy pensando, y es bastante extraño. Es eso, o realmente se siente culpable porque oculta algo. ─¿y eso qué significa? ─intento ver más allá de sus ojos entrecerrados y como fuerza sus labios al decirlo. ─Significa que ella me odia, pero yo confío en ella. ─dice y esas cuatro palabras calan tan dentro de mi con el mismo impacto de un golpe seco en el pecho. ─No es lo que piensas. ─se adelantó enseguida antes de darme tiempo de hacer otra pregunta. ─La conozco desde que era una niña, mi madre y su madre eran amigas, una de las pocas que ella tenía, la única a la que le confiaba su salud y la nuestra antes de nacer. ─¿Qué? ─me confunde con sus evasivas verbales, son bastante obvias. ─Su madre era obstetra, y fue la misma que nos trajo al mundo, ellas eran amigas y nosotros también lo éramos, pero nos distanciamos y ella me odia. ─Si ella te odia, ¿por que me trajiste con ella? ─insisto. Bueno, ahora sé que no soy una loca, realmente había algo, si pasaba algo entre ellos. ─Aunque a mi me pareció alguien muy agradable y linda de hecho... ─Lo es. ─me interrumpe y eso no le ayuda en nada, aunque él no lo sabe. ─y aunque me odia, es profesional y la mejor en lo que hace. ─dice haciéndome sentir la más ignorante. Es tonto ahora que lo pienso, pero realmente me siento una ignorante a su lado, él es guapo, sexi, inteligente y luego estoy yo, apenas soy bachiller, ni siquiera pude cumplir un año en mi trabajo y casi me matan, de no ser por el dinero de él no habría podido tener una casa. Y luego está ella, hermosa, inteligente, amable, y toda una profesional, dicho por mi esposo, la mejor en lo que hace. ¿qué se supone que haga con eso? ─Dijiste que no me ocultaras nada, ni mentirás. ─advierto sin dejar espacio para más dudas. Él asiente y eso me da un poco de tranquilidad. ─¿Exactamente por qué te odia? ─pregunté y su mirada baja por un par de segundos a mis manos, y regresa de nuevo a mi. ─Mi madre y la doctora Esther, su madre, no solo eran muy buenas amigas, también estaban embarazadas al mismo tiempo, con una diferencia de tres meses. Yo nací primero, pero el asunto es que se hicieron varias promesas como amigas... una de esas fue que esperaban que ella y yo nos casaramos al llegar a los veinte. ─¿Estaban comprometidos o algo así? ─pregunté con miedo intenso de que me dijera que sí, eso significaría que habría algo más que solo tensión. ─Si. ─dice haciendo ceviche con mi corazón de pollo. ─pero solo en los planes de nuestras madres. ─aclara rompiendo mi imaginaria ruptura. ─Ella no te puede odiar por algo que sus madres planearon, sería algo muy tonto, y ella no parece para nada una tonta. ─espeté. ─Me odia porque fui un patan con ella a la hora de dar por terminada esa falsa e irrisoria idea de matrimonio. ─dice con enojo, aunque aún no sabría por qué lo está. ─Necesito más información que eso. ─insisto. Él no es claro y eso me empieza a enojar. ─No sabía como decirle a mi madre que no, y así, de la nada. Un dia mi madre me pidió que la acompañara a tomar un café, lo hice y para mi sorpresa era la casa de su amiga, su madre. Ella estaba feliz, y apenas llegué me atendió como nunca lo había hecho, eramos amigos, pero no de los amigos que se cuentan todo y son unidos, éramos solo unos amigo sociales. La veía, la saludaba, y me despedía, era todo, pero ese día, mientras nuestras madres tomaban café, ella me preguntó como me veía, sentía y si había algo nuevo en mi vida. Fue extraño, y yo era demasiado joven para ser un caballero cuando me sentía bajo presión. Cuando regresamos con nuestras madres, mi madre dijo que deberíamos escoger una fecha para la boda. Ella no paraba de hablar de la boda, la música, y todas esas cosas que para mi no eran siquiera importante. Yo fui claro, dije que no quería casarme, pero ella insistió en que esa era únicamente decisión de nuestras madres. ─¿La dejaste plantada en el altar? ─pregunté ─Algo mucho peor. ─dice a su vez que niega con la cabeza, lo que es confuso. ─ella iba a la misma universidad que yo, e íbamos avanzados para nuestra generación, pero ahí conocí a Charles y a Diana. ─¡Que buen giro en la trama! ─bufó poniendo los ojos en blanco. ─Cuando ella se enteró que yo estaba interesado en alguien más, empezó a regar el rumor en la universidad de que yo era gay, y por eso no quería casarme con ella. ─¿tu madre lo supo? ─Lo supo porque su madre le dijo a la mía que yo la confronté a mitad de una oratoria y le dije que no me casaría con ella porque no estaba interesado en ella. No precisamente con esas educadas palabras. ─se lamenta. ─¿Y desde entonces no sabes nada de ella? ─insisto asegurandome de no tener que desgreñar a media ciudad por celos. ─No he sabido más de ella, no hasta que necesité a la mejor ginecóloga para mi esposa, y su nombre resaltó en los primeros dos noches en la lista. ─Esto es extraño, incluso me... Consideré la idea de decirle lo que me había dicho, consideré decirle que me había dado su número personal además de la receta para los anticonceptivos, pero por otro lado, si él no pregunta, en realidad no estoy mintiendo u omitiendo. ─¿ella qué... ─ella sí me dijo que tu madre y la suya eran amigas, fue muy amable y linda conmigo. ─musité sin decir más nada, no quería tener que mentir. ─Podrías no enojarte conmigo, y sé lo que haces cuando estás en silencio y no me gusta. No me gusta que sobre pienses las cosas, no me gusta que tengas dudas. Dime, pregunta, investiga, todo. Solo no te quedes con las dudas, ni sobre pienses las cosas, no lo hagas... Tengo un pasado del que hemos hablado muy poco, y con gusto te diré todo lo que quieras saber, solo pregunta, y recuerda que lo que sea que pasó es solo eso, pasado. Tu eres mi presente, y mi futuro. Terminan de hablar justo a tiempo cuando llegan a la casa.
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