Verlo así de afligido es muy triste, creo que ni siquiera ha tocado la comida cuando regresé de hablar con Charles, está allí, sentado con la mirada perdida, sostiene el tenedor haciendo círculos pequeños moviendo la comida, es demasiado astuto para el disimulo aún si está solo.
─¿Se enfrió? ─pregunté acercándome a él, acaricié sus hombros tratando con todas mis fuerzas de que el se de cuenta que puede apoyarse en mi. ─le pediré a la señora muy amable que prepare algo más para ti. O puedo hacerlo yo. ─intento tomar su plato, pero él toma mi mano, ver su rostro destrozó mi corazón.
─No por favor. ─musitó, al colocar su mejilla en mi mano. ─solo quédate aquí, conmigo. ─suspiró.
─No fue real. ─acaricié sus mejillas, acomodo su cabello alborotado mientras él solo puede verme como si aún no fuese real. ─Fue solo una pesadilla. ─dije intentando consolarlo, pero nada parece funcionar.
─No quiero hacer esto, no puedo traer un hijo al mundo. ─dice para mi sorpresa. No puedo siquiera creer que me lo dijera, ¿de dónde viene eso?, ¿ni siquiera era una posibilidad?, ¿como se supone que tome eso? ─tampoco querías, así que está bien... ─niega con su cabeza, se ve confundido.
──Está bien, no tengo problema con eso. ─murmuré solo para su calma, pero realmente no sé qué pensar, un momento estábamos bien y parece querer dar la vida por mi y mis hijos, pero por otro lado, está aquí, frente a mi con la mirada perdida, aferrado a mi mano y me sale con esto, pero no está bien, después de lo que sea que haya soñado, es claro que no está bien.
─A los niños les gusta mucho la piscina, aquí hay una, seguro se van a divertir. ¿Crees que si les pido que entren, lo harán? ─preguntó con duda.
─Iré por ellos. ─respondí soltando su mano, y pensé que me pediría que me quede, pero no lo hizo. Quiero creer que hay una explicación más explícita de lo que me ha dicho, pero supongo que no es el momento. Volteé a verlo, quiero decirle algo más, pero él se levanta abruptamente tras de mi abandonando ese plato que tenia esperanzas que al menos tuviera un par de bocados menos al levantarse, pero no.
─Haré unas llamadas. ─dijo caminando de prisa a una de las puertas y desapareciendo tras ellas.
¿Y si vuelve a desaparecer?, ¿que voy a hacer si se va y me deja aqui con los niños?, ¿que haré si decide que esto termine?. Estoy confundida, y no sé como más ayudarlo, se supone que Charles creer que yo lo abandonaría, cuando yo estoy aterrada de que sea él que lo haga. Me frustra no saber qué más hacer o decir para que él me diga lo que pasa por su mente en este momento.
─Luisa. ─llamó la atención de su hija, quien volteó enseguida a verla. ─Hace mucho calor, entra para que vayan a la piscina con tus hermano. ─le ordenó por mandato de su esposo, como si eso ayuda un poco en su incertidumbre horrorosa que tanto lo atormenta, pero, ¿que culpa tenían los niños?, entonces cedió un poco a su postura de orden. ─¿te parece bien? ─preguntó considerando lo más importante para ella, como lo era la opinión de sus hijos.
─¿Quieren ir a la piscina?. ─pregunta Luisa volteando a ver a sus hermanos, mientras acomoda su cabello que se antepuso en su cara con una rafaga calida de verano.
─Sí. ─grita Jota muy animado tirando de la mano de su hermano llevándolo dentro.
─Señora. ─aparece el ama de llaves como un fantasma que emana de la pared sin ruido alguno. ─¿desea algún menú en especial?. ─preguntó sin mirar a Ángel a los ojos como señal de respeto. ─Si disculpa mi atrevimiento. ─dio con algo de duda. ─me preocupa el poco apetito que usted y el señor han presentado, si hay algo en lo que pueda ayudar, si me dice algo que sea de su agrado...
─Lo lamento. ─la interrumpe ella algo avergonzada, se siente mal por haber dejado la comida, ya que si hay algo que los seres humanos tenemos arraigados son las costumbres de infancia, y pese a lo mucho que ella odiaba a su madre por todo lo que le hizo, no podía dejar sus hábitos de lado, uno de esos era el que al servirle comida, debía comer todo, ya que al ser una familia de escasos recursos había el riesgo de que no hubiera una siguiente comida.
El ama de llaves parece entender si especie de disculpa, sobre todo porque realmente ella se ve triste al decirlo.
─No tiene que disculparse, solo me preocupa que la comida no sea de su agrado. ─insite una vez más, pero ahora su voz es menos reclamo, y en un tono más sutil.
─comida italiana tradicional, y una pizza hawaiana para a cena, lo agradeceria mucho. ─dijo muy decidida, después de todo, ¿que tanto daño puede hacer si consiente a sus hijos con pizza por tres días para la cena. Y respecto a su esposo, pensó que podría tentarlo con su tan amada y preciada comida italiana, después de todo, si el remordimiento la carcomía por sus hábitos de infancia, podría ser posible que los hábitos y costumbres de Edward le ayuden en este momento.
─Por su puesto. ─asiente con una sonrisa. ─¿algo más que desee? ─pregunta una vez más.
─Me podría llevar a la piscina, y también me gustaría ver las habitaciones. ─añande.
─Por supuesto, venga conmigo. ─dice y los niños la siguen escuchando atentos.
─Esta casa es muy grande y tiene varias áreas para distraerse. Además, la ropa de piscina que ha pedido el señor para los niños llegó hace unos minutos, todo está en su lugar. ─camina por la casa con mucha familiaridad. Se ve cómoda en el lugar, parece más su casa que la de Edward.
No puedo dejar de pensar en él, dónde estará o con quien estara hablando, pero me preocupa cada vez más y trato de ver tanto como puedo en esta casa, si algo llega a pasar en esta casa, esta vez quiero estar preparada.