No esperaba estar en uno de los lugares que alguna vez quise conocer en esta condiciones, los hampton se escuchaba lujoso cuando lo escuché, y sí, lo es, pero no puedo dejar de pensar en lo que pasó, y lo que pasa con Edward, no he dado más de un par de bocados al desayuno por la preocupación, así que lo entiendo, pero no quiero que él esté sin comer.
─¿qué tan grande es el lugar? ─pregunté algo avergonzada aprovechando que los niños han salido a jugar con las aves, ya que es mi primera vez aquí, pero necesito saber las posibilidades de huidas del lugar.
─mil quinientos metros cuadrados, once habitaciones y doce baños, gimnasio, piscina climatizada, además de canchas de baloncesto y tenis, además del océano atlántico de vecino. ─añade disfrutando estar allí, aunque sea únicamente por trabajo.
─Y esta casa...
─Es de mi madre. ─dice Edward entrando. ─era de mi madre. ─se corrige enseguida. ─fue parte de mi herencia de bodas. ─añade haciendo un barrido visual al lugar. Aunque se responde a sí mismo al verlo fuera, Luisa ve alrededor, disfruta del aire cálido aún protegida por la sombra pese al abrasador sol, Sandro junto a Jota corren de un lado al otro intentando acariciar las alas de las aves, aún con la certeza de que eso no va a pasar, solo lo hacen por diversión.
─¿qué sucedió? ─pregunta mirando la puerta por la que él ha salido.
─podremos regresar cuando desees. ─sonríe. ─pero me gustaría que nos quedemos un par de días más aquí. ─sonríe para su tranquilidad.
─¿Cuántas veces has estado aquí? ─pregunta viendo a los niños fuera.
─Mi hermana era como Luisa, disfrutaba de aire cálido de este lugar, sin importar si el clima era más caliente que el mismo infierno, ella lo disfrutaba. ─sonríe con añoranza, viendo a su hermana en lugar de Luisa.
─Por favor. ─dice llamando la atención de una de las escoltas. ─pida que sirvan el desayuno de mi esposo. ─ordena y pese a que él quería negarse, por la tranquilidad de ella no lo hace, solo continua con la mirada fija en Luisa, que él ve como su hermana.
No esperaba su silencio, por un segundo no sé porque pensé que él se negaría, pero me alegra que no lo hiciera, me preocupa que deje de comer por la preocupación, de por sí me costó hacerlo dormir anoche, y aún más que volviera a dormir después de esa pesadilla horrible.
¿qué tan difícil será hoy?, no lo śe, espero que su calma vuelva rápido, no me gusta verlo preocupado.
─¿qué te ha dicho Charles? ─pregunté con la seguridad de su honestidad, mientras él presionó mi mano con sutileza, me encanta poder tocarlo siempre.
─mi abuelo ha confrontado a mi padre y le ha negado todo apoyo económico y él me ha buscado molesto. ─murmuró. ─lo sé desde que lo vi, y aún así tardé en reaccionar ante el. ─niega con la cabeza confundido. ─En el fondo aún quería creer que él era incapaz de hacer cualquier cosa en mi contra. ─musitó.
─Lo lamento mucho. ─lo abrazó con ternura. ─pero estamos bien, y eso es lo importante. ─añadió al ver a una de las mujeres de la cocina salir con una charola. Acomoda todo en su lugar con sumo cuidado, sin causar sonido alguno, se esmera en ubicar cada utensilio y plato, una vez lo ha hecho, hace una reverencia con una sonrisa social y se retira enseguida.
─¿Desea algo más? ─pregunta el ama de llaves, haciendo que aquella pregunta abarque para los dos sin preferencia alguna.
─Es todo, gracias. ─responde ella al ver que él no dice nada, es más, ni se inmutó ante lo que ha dicho, es como si ni siquiera estuviera allí.
Entiendo lo que hace, y lo lamento en verdad, él debe sentir que debe cargar con el peso de protegernos a todos, y es demasiado.
─Estoy aquí, contigo. ─lo abrazo intento hacerle entender que no importa lo mal que se ponga todo, estamos juntos en todo este lío, después de todo, de eso se supone que trata el matrimonio, aunque el nuestro haya sido falso al principio. ─no tienes que cargar con todo. ─dejo mi mentón en su hombro aprovechando que se ha sentado. ─¿está bien? ─pregunto para asegurarme esta vez que sí me ha escuchado.
─No te preocupes. ─acaricia vagamente mi mejilla, es claro que no quiere que interrumpa sus pensamientos. ─todo va a estar bien. ─dice y con eso doy por hecho que no ha escuchado nada de lo que he dicho.
─Regreso en un momento. ─lo dejé comiendo solo mientras voy en la misma dirección que él ha ido antes. Él ha salido, y si se supone que habló con Charles, el aún debe estar por aquí, y qué mejor que hablar con él, ya no soy solo "la señora Argento", soy su esposa y necesito explicaciones.
Ciertamente no esperaba que mi bago plan improvisado diera fruto alguno, pero como si la suerte a pesar de lo que pasó anoche, aún confabula a mi favor, lo encuentro saliendo de algún lugar, justo cuando cierra la puerta.
─A usted lo estaba buscando. ─digo intentando verme ruda y amenazante, necesito que él me diga lo que quiero saber, Edward no parece estar en condiciones de hacerlo.
─¿señora? ─pregunta haciendo un mohín cuando me acerco a él.
Puedo notar como intentando buscar algún tipo de excusa o mentira con la que evadir mi sola presencia.
─¿Qué es lo que pasa realmente en la casa? ─pregunté mirándolo fijamente a los ojos, he notado que él no puede mantener la mirada cuando miente, y titubea visualmente muy evidente. ─¿quien era el intruso? ─insisto.
─No estoy... ─intenta darme evasivas como de costumbre, pero hoy no estoy para eso.
─Charles. ─le digo esperando que el ser directa y cruda al decir así su nombre lo asuste. ─no quiero evasivas. ─limpio su saco por el hombro, lo he visto en las películas, esto debe funcionar. ─No sé el rol de un escolta personal en si, pero tengo la capacidad para defender a mis hijos y a mi esposo de ser necesario, y no me gusta sentirme ignorante. ─carraspeó intentando hacer mi voz gruesa para verme más grande, similar a lo que hacen los gatos cuando se erizan intentando verse más grandes. ─así que solo responde. ─insistí.
Me mira por unos segundos, rasca su barbilla evaluando las posibilidades que alguien de limitado metro y medio con varias tácticas de defensa personal y sospechosa de asesinato, tiene para acabar con su corpulenta humanidad de unos, al menos uno ochenta de estatura.
─Señora Argento. ─retoma su postura de distante autoridad. ─no estoy autorizado a ...
─¡basta! ─digo desbaratando la imagen de mala que intenté formar frente a él, me muestro como lo que soy, una madre y esposa preocupada por los suyos. ─él está preocupado, y si mis hijos corren riesgo necesito saber bien que suelo estoy pisando. Si en algo te preocupa él, dime ¿qué es lo que sucede? ─insisto.
─Está molesto consigo mismo, porque siente que le falló como esposo al no haber priorizado a los niños como lo hizo usted, y el que fuese su padre el que amenazó la seguridad de los niños, le enoja más, lo hace responsable. ─dice dándose por vencido, aunque creo que mis poderosisimos metro cincuenta tuvieron algo que ver.
─Pero lo que la mente retorcida de su padre hiciera, no es su culpa. ─espeté, no puede culparse por algo así.
─Lo sé. ─murmuró. ─pero el suele culparse por todo, y es algo que va más allá de sí mismo. ─resalta.
─Gracias. ─dice ahora sintiéndome una tonta, yo debería estar ahí, con él en la mesa, no intentando atemorizar a su mejor amigo.
─Él no lo dice. ─dijo y yo voltee, al parecer tiene algo más que decir, y definitivamente es ese algo más que yo quiero escuchar. ─pero usted realmente es muy valiosa para él, y ama desmesuradamente a sus hijos. ─musitó. ─Si sirve de algo, él se ha encariñado con los niños desde que usted le habló de ellos por primera vez en la casa. No lo deje solo. ─dice y se va pasando de lado mio, pero se desvía saliendo por otra puerta.
─No sucederá. ─suspiré, aunque él no lo ha escuchado, pues se ha ido.
Asentí con una sonrisa, no sé cuál era su fin al decirlo, pero a mi se me ha escogido y derretido el corazón con lo que me ha dicho.