─No te levantes... ─se aferra Edward a ella abrazándola por la espalda.
─Necesito ir al baño. ─ríe por sus niñerías.
─¿Sabes hace cuanto no estamos así de bien? ─pregunta regresando a la cama.
La sonrisa de él es enorme, no tiene nada pendiente que ocupe de momento su mente, su esposa está ahí con él, ella tiene a sus hijos, está lejos de su padre y no es papá de nadie hasta donde sabe, y su único pendiente es la fiesta a la que debe asistir, pero iría con ella, y todo lo que hace con ella lo hace feliz, así que está bien. Y entonces, surgió de nuevo ese miedo latente sobre los resultados de su biopsia, pero no le daría mayor importancia, sería feliz, es lo único que hará.
─Solo un par de minutos más. ─se aferra a él entre sonrisas, besos y juegos.
─Tengo curiosidad. ─musitó. ─¿qué fue eso tan entretenido que hablabas con los niños en el parque de los cerezos? ─pregunta entrecerrando sus ojos.
─De tí. ─sonrió traviesa. ─no sabes lo importante que eres en mis conversaciones. ─insiste presuntuosa.
─Así. ─besó su hombro, haciendo que toda ella se erice. Le causó gracias sentirlo, ya que tenía sus manos en sus pechos y pudo palpar como sus pezones pasaron de suaves a duros por solo un beso.
─Si. ─acaricia sus manos, él era más fácil de provocar.
─Quiero poner una regla en nuestro matrimonio reforzado. ─dijo despertando una incierta curiosidad en ella.
─¿cuál? ─volteo a verlo.
─Dormir sin ropa, aún si estamos arrugaditos, quiero dormir siempre así. ─la llena de besos.
─Seremos dos pasitas sexuales. ─dice ella sabiendo enseguida por donde iba el tema. Al estar desnudos bajo las sábanas fue fácil volver a hacer una y otra vez el amor, como si realmente estuvieran teniendo una luna de miel, pero con tres roomies incluidos.
─¿pasitas? ─pregunta con una sonrisa torcida, lo que lo hacía ver más sexi, si eso era posible.
─uvas secas. ─se corrige entre risas.
─Bueno, señora Argento. ─se levanta de la cama con una gran sonrisa. ─será un placer ser una uva seca y desnudo a su lado. ─camina a la ducha.
─Sabes que he notado... ─se une a él en la ducha.
─¿qué? ─pregunta dejando que el agua caiga sobre su cabeza, ella enmudece al verlo.
Se ve tan sexi, el agua esta helada y su cuerpo emana vapor, es raro y alucinante, pero me encanta.
─¿Has notado que todas las veces que peleamos terminamos en la cama? ─pregunta poniéndose bajo el agua. ─Está muy fría. ─se sacude de manera muy graciosa.
─¿Y eso es malo? ─pregunta tratando de comprender, pero está más concentrado en lo graciosa que se ve bajo el agua.
─¿lo crees? ─preguntó con gracia.
─Si lo disfrutamos así de bien, no creo que lo sea. ─rodeo con sus manos la cintura de ella, limpió un poco de espuma de sus sienes, y dejando un beso en su frente salió de la ducha.
Ya es un poco tarde, pero aún así los niños no se han despertado, así de cansados los había dejado el paseo del día anterior, tras vestirse y dejar la habitación, Ángel por fin terminó de bañarse, aunque sí se sorprendió por la habitación vacía, pensó que no había tardado mucho. Antes de que pudiera salir de la habitación, Edward regresó a la habitación.
─¿cómo están los niños? ─preguntó enseguida.
─aún duermen, y creo que tu y yo deberíamos hacerlo también. ─la abraza llevándola de regreso a la cama.
─De eso nada. ─se sube sobre él. ─usted y yo, tenemos un largo recorrido que hacer, y ellos deben despertar. ─dice dejando la habitación.
Despertar a los niños era un desafío, pero cuando por fin lo hicieron, una vez más no quisieron parar de recorrer más y más lugares, mientras tanto Anastasia...
─Gracias por todo. ─musitó evitando verlo, después de lo que había hecho durante la madrugada, estaba avergonzada de verlo.
─Es un placer poder ayudar. ─asiente tomando la chaqueta. Había sido un fracaso, había estado con ella todo este tiempo y no le había preguntado nada sobre Ángel, y ahora se iría.
Ella espera unos segundo a que él la invite a tomar café o algún plan, el que sea, pero que la invite, que sea el que de el primer paso, pero eso simplemente no pasa y empieza a perder la esperanza y fe en ella misma, asiente con un mohín y se da la media vuelta, es hora de irse, si no la invitó seguramente es por que no está interesado, pero ¿y si sí lo está?, pero de ser así se lo habría dicho, ¿y si no sabe cómo decirle? Camina hacia la puerta decidida a no verlo más nunca, después de todo, ¿cuántas probabilidades había de verlo por tercera vez de casualidad?, pero por otro lado, ¿por qué tenía que esperar que el de el primer paso?, ¿por que no hacerlo ella? ─pensó llegando a la puerta.
─¿Crees que hay una manera de pagarte? ─pregunta volteando como último recurso, intenta darle la oportunidad que no pidió, pero seguramente podría querer.
─No hace falta. Me alegra poder ayudar. ─dice enseguida. Él quería invitarla, después de todo, ¿como más podría sacarle la información que quiere?, pero ella lo besó, ¿por qué no le invita a salir?, seguramente no está interesada, y si él lo hace solamente hará el ridículo, no de bería, pero luego ella hace esa pregunta, y en un impulso tonto respondió lo más caballero posible, aunque fue una tontería.
Es todo, ella no volvería a humillarse de nuevo, era claro que no le interesaba en absoluto, o jamás habría dado esa respuesta o por lo meno no tan rápido, era como si tuviera prisa porque ella se vaya.
─Ten buen día. ─asiente avergonzada y sale casi corriendo al ascensor, para su fortuna ya tenía la puerta abierta por lo que entró enseguida y suplicaba a sus adentro que las puertas se cierren rápido, estaba demasiado avergonzada para pasar un minuto más allí.
Un tonto, se sentía como un tonto, no pudo haber dado una respuesta mejor, o un simple sí, con un café. ─se lamentó mirando el ascensor, no había otra manera de sacarle información, estaba dejando ir a la única fuente real de donde estaba Ángel.
Reaccionó enseguida y bajó corriendo las escaleras para alcanzarla, y para su fortuna llegó justo en el momento que ella estaba saliendo del ascensor.
─¿quiere desayunar? ─preguntó casi sin aire por correr ocho pisos escaleras abajo.
─¿es en serio? ─preguntó sorprendida al verlo. ─¿de dónde saliste? ─preguntó viendo que no había salido del otro ascensor.
─Conozco un lugar muy bueno para desayunar. ─insiste retomando su postura. ─¿qué dice? ─pregunta y ella asiente con una sonrisa.
─Sí, me gustaría desayunar. ─dice escéptica, en realidad no tenía hambre, o tal vez sí. Había hecho eso por mucho tiempo, que estaba demasiado acostumbrada al dolor de estómago por hambre, que incluso podía pasar desapercibido.