No es una cita

1186 Words
─Pero no iré así a ninguna lado. ─se mira a sí misma. ─Sólo dígame dónde debo pasar por usted y... ─¿Pasarás por mi? ─pregunta con sarcasmo y un ápice de incredulidad. ─¿qué? ─se cruza de brazos un poco ofendido. ─¿ya no se acostumbra hacer eso?, lo siento, hace mucho tiempo que no salgo con alguien o tengo una cita... ─No es una cita. ─espetó ella en el acto. ─No. ─titubeo avergonzado. ─lo sé es... no, no, yo lo sé. ─asiente. ─No es una cita, es solo que no sé que se acostumbra ahora cuando sales con alguien. ─musitó. ─Es solo un desayuno. ─susurró como si se tratase de un secreto. ─Usted tiene razón, solo es un desayuno. ─asintió con seriedad. ─es solo que fui arrollado por una mujer y mi memoria no funciona muy bien... ─bromea. ─Espero que esa mujer haya recibido su merecido. ─le sigue el juego, aún cuando ella sabe que él habla de ella. ─porque, en lo que a mí refiere, fui invitada a una, "No" cita, y debo verme bien. ─sonríe coqueteando descaradamente con él. ─¿Así...? ─Pues, estoy muy segura que esa mujer debe ser muy guapa e inteligente, y seguramente además de aceptar desayunar con usted, también le pedirá que no le hable de usted, porque la hace sentir poseedora de una edad que ella ve muy, muy lejana. ─pasa de lado de él, y aquel olor horrible se a ido, y en su lugar, el perfume que estaba impregnado en la chaqueta ahora es parte de ella. Fue nuevo y satisfactorio para él sentir su perfume en una mujer además de atractiva, intrigante. Cerró los ojos en un intento de que su olor lo invadiera, ese olor único que tiene cada persona, mezclado con su perfume, caló tan hondo de él que inconscientemente empezó a ser dependiente de él. ─Espero que sí... ─musitó abriendo los ojos, arqueando las comisuras de sus labios hasta formar una sonrisa. ─En ese caso. ─se para tras él haciéndolo voltear. ─estoy en la suite del "Palace", será un placer verlo de nuevo. ─baja su mirada indiscreta hasta su entrepierna, y se gira enseguida avergonzada por lo que ha hecho. ─¿una hora está bien? ─pregunta esperando que voltee, solo por el puro placer de verla de nuevo. ─perfecto. ─dice caminando a la salida. "voltea, voltea, voltea" ─ruega para sus adentros, mientras la observa irse, pero tan pronto se acercó a la entrada pierde las esperanza, por lo que decide voltear, e irse al ascensor, sin darse cuenta que ella lo ha hecho en ese preciso momento con una sonrisa. ─no debí voltear. ─se lamentó saliendo del hotel y tomando el primer taxi que cruzó en la calle. Tan pronto las puertas del ascensor cierran las puertas, Fernando sacó su teléfono y llamó a su hermana. ─¿dónde diablos te metiste idiota? ─grita tan pronto sale en su pantalla. ─Yo también te extrañé hermanita. ─dice con una sonrisa mientras se quita la ropa para darse una ducha. ─¿Sonríes?, ¿por qué sonríes? ─pregunta un poco asustada, además de sorprendida. ─fuiste por ella, ¿verdad? ─pregunta viendo a su alrededor. ─Lamento no haber ido contigo a esa fiesta, pero... ─Olvida esa estúpida fiesta, ¿dónde estás?, ¿porque no has llamado? ─pregunta molesta. ─Estoy... ─ve su reflejo en el espejo, aún cuando hablaba con su hermana, por un segundo se sumergió en los momentos de la noche anterior, ese beso, lo que ella dijo, todo en ella era desconcertante. gracioso e intrigante, y ahora no puede dejar de pensar en ella. ─¡Oye! ─grita molesta. ─¡Bruto! ─suelta un alarido muy fuerte que lo sacó de sus pensamientos. ─Estoy haciendo amigos, de hecho voy a desayunar con una amiga. ─dice dejando el teléfono con la mira al techo, ya que está desnudo. ─¿quién es?, ¿la conozco?, ¿ya te vio las miserias? ─lo invade de preguntas con burla. ─Eres una tonta. ─bufó dejando el que el agua caiga sobre su cabeza. ─Tienes que decirme todo, ¿dónde la conocistes?, ¿quién es?, ¿ya están saliendo? ─No hay mucho que saber. Mejor dime, ¿cómo está papá?, ¿mamá está bien? ─preguntó evadiendo verse tonto al responder. ─No diré nada hasta que me digas sobre la chica, ¿es una chica, verdad? ─insiste. ─Es una amiga, y no la conoces, es todo. ─da por terminada la conversación. ─dime más, puerco. ─lo molesta. ─Es una amiga que conocí ayer cuando salí, desayunaré con ella, y si sale bien te diré más de ella después. ─dice cerrando la llamada. Rociando perfume, acomodando su cabello, y viendo su reflejo por última vez, subió a su moto con destino al hotel, pero se detuvo de camino para llevarle unos tulipanes rosas. Al llegar al hotel se detuvo por un minuto, era muy diferente al suyo, y a simple vista era mucho más elegante que el suyo. Los nervios lo invadieron al dar un par de pasos dentro, sí, como él se veía era apropiado para un desayuno, después de todo vestía casual, sin embargo, todo en ese hotel se veía mucho más elegante de lo que él estaba acostumbrado. Era aún más costoso, y ella se hospedaba en la suite, eso lo puso nervioso. Ella usó su perfume favorito en las muñecas, en su cuello y un poco en su pecho, pero se esmera en su cabello, debe verse muy bonita, aunque al voltear, una cama llena de todos los atuendos revela su intensidad mucho más que el maquillaje. Se prepara tanto como puede para verse linda todo el tiempo, ha cubierto el moretón en su rostro con maquillaje tanto que tranquilamente pasa desapercibido, en el espejo del ascensor busca su mejor sonrisa, y ensaya incluso lo que dirá, pero al abrirse las puertas, da un paso sintiendo que él no llegará, que no habrá tal desayuno, pero sonríe y levanta la cara para descubrir a Fernando a unos pasos de ella mirando todo el lugar con disimulo, pero sonríe al ver lo que él tiene en su mano. ─¿son para mi? ─susurró a su espalda para su sorpresa. ─por supuesto. ─volteó con la seriedad que lo caracteriza. ─ya lo sabía. ─dice como si no le importara mucho, pero cuando él no la ve, sonríe como una niña en dulcería, era la primera vez que le daban flores solo por existir. ─¿nos vamos? ─le cede el paso con un ademán. ─Claro. ─asiente elegante pasando junto a él, y ahí estaba, ese olor tan suyo, pero esta vez había sido maximizado por una exquisita fragancia que combinaba tan perfecto con el aroma de los tulipanes. ─¿a dónde iremos? ─pregunta al voltear. ─Espero esté lista. ─dice entregando el casco de la moto. Ella no se había preparado para eso. Su cabello lucía perfecto, su ropa de diseñador y sus tacones finos no iban en absoluto con una motocicleta, pero usaba pantalon, de diseñador, pero era pantalón, y si usaba casco no habría problema con su cabello, así que se aventuró.
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