Te invito

1106 Words
Él no esperaba eso, no al verla tan elegante y vestida de beige, era bastante evidente que su ropa era de diseñador, pero él pese a verse bien en traje, no era igual para ella, pero probar qué tan dispuesta estaba ha hacer por él, de eso dependía la información que le sacaría, pero al verla tomar el casco dispuesta a todo, sonrío. ─¿No tiene problema con que vayamos en moto? ─preguntó intentando ser gentil. ─¿Y eso por qué?. ─preguntó ofendida. ─¿soy muy poca cosa para una moto tan fina? ─soltó con sarcasmo. Ciertamente la motocicleta de Fernando era una de las más costosas del mercado, pero seguía siendo una moto, y hasta cierto punto era inferior a los autos promedio de la zona. ─Por favor, no me malinterprete. ─tiende su mano para ayudarla a subir, pero ella se rehúsa a tomar por puro orgullo. ─Soy muy capaz. ─presume subiendo a la moto, pero al poner mal su pie, y por lo liso de su zapato revela. Fernando en un afán de evitar que caiga la sostiene como puede, aún si eso significa que toque por accidente su trasero para hacer que se siente. ─lo lamento. ─dice tragando saliva asustado por lo que acaba de hacer. Ella ni siquiera sabe que hacer o decir, él es muy caballero y todo, pero acaba de tocar su trasero, aún si eso evitó que cayera, es vergonzoso. ─¿Vamos? ─preguntá evadiendo su mirada a través del espejo. Fernando asiente y emprende la marcha, va a un a velocidad suave, muy diferente a como conducía la primera vez, intenta a toda costa no arruinar el cabello de ella, ni su ropa, pero aún así ella se mantiene aferrada a él como si fuese a su máxima velocidad. Se detiene despacio al llegar a un restaurante elegante, no hay muchas personas y es discreto, es un buen lugar. Son recibidos con amabilidad y tienen música en vivo lo que le da un poco más armonioso. ─Es un lugar muy bonito. ─sonríe al entrar. ─y aún no ha probado su comida. ─dice ofreciendo su brazo por educación, y ella no duda en tomarlo. ─¿siempre es así de amable, o soy solo yo? ─pregunta coqueta. ─Me gusta ser un caballero. ─asiente. ─¿qué me dice usted? Anastacia se detiene en el acto, suelta su brazo y camina de regreso a la salida. ─¿qué pasó?, ¿qué dije? ─pregunta seriamente confundido. ─si continúa hablándome de usted, me iré. ─se voltea un poco molesta. ─Bien. ─enarca una ceja un poco confundido. ─¿y cómo le diré entonces?, ¿Señorita Anastasia?, ¿Anastasia? ─Solo Ana, es todo. ─dice regresando con el. ─Bien, Ana. ─enfatiza en su nombre, ofreciendo de nuevo su brazo. ─Gracias, Fernando. ─lo imita ella. ─¿le puedo decir solo... nando? ─pregunto y él niega con la cabeza. ─Bueno. ─espetó viendo como él se apresura a abrir su silla, aunque el mesero abre la suya. Les entregan la carta y ella pide una ensalada y algo de agua, pero ve con admiración y antojo cuando a él le sirven un buen desayuno muy alejado de las ensaladas. El silencio es inevitable, pues están comiendo, pero la manera en la que ella ve la comida de él, sin disfrutar para nada su ensalada empieza a atormentarlo. ─Hábleme de usted, de su familia, amigos, algo. ─dice rompiendo el silencio. ─Soy hija unica, y mi madre siempre está de viaje con su esposo, no tengo muchos amigos, y los que tengo están fuera del país, y... ya. ─dice moviendo su ensalada de un lado al otro simulando comer, pero apenas le ha dado un par de bocados. ─Ah. ─dice frunciendo el ceño mientras niega con la cabeza al poner comida en su boca, esa no era una buena señal. ─¿Pasa algo? ─pregunta intrigada por su reacción. ─¿es usted vegetariana? ─preguntó de prisa levantando su mirada a ella. ─No, ¿por qué? ─preguntó ─¿Está simple?. ─musitó con duda. ─¿Me lo pregunta a mí? ─insiste en preguntar sorprendida. ─Sí. ─corta un pedazo de carne y lo pone en su boca. ─¿verdad? ─pregunta esperando que mastique la carne. Él l ha observado todo el tiempo desde que llegaron, y pese a que la ensalada está muy removida por su tenedor, ella no le ha dado más de tres bocados, y siendo solo tres pedazos de lechuga, no parece muy alentador. ─No. ─mastica disfrutando el pedazo de carne. ─está en su punto exacto. ─añade limpiando las comisuras de sus labios. ─¿Seré yo?. ─pregunta solo para él, pero entonces toma un poco de pasta, lo enreda en su tenedor y se lo da a ella en cuanto ha terminado el pedazo de carne. ─No, todo está muy bien. ─cubre su boca para no verse vulgar al hablar mientras come. ─Creo que el problema es usted. ─señala un poco incomoda porque le ha dado dos grandes bocados en comparación con lo que esperaba comer. ─Sí. ─asiente. ─está muy bueno, solo pensé que también debía probarlo. ─sonríe tomando un poco de vino. ─debería probarlo. ─lo señala con la mirada. ─No acostumbro a comer mucho en las mañanas. ─dice una vez más limpiando las comisuras de sus labios. ─Pues debería, no sabe de lo que se pierde. ─insiste, pero ella se niega a hacerlo una vez más. ─¿cómo se llama su hermana?, ¿es mayor o menor? ─pregunta intentando distraerlo. ─Mi hermana es... ─sonríe al recordar que le ha colgado la llamada. ─es una buena persona. ─asiente. ─Hábleme de su familia, tiene tíos, abuelos, primos... ─Sonará un poco pretencioso, pero... ─se inclina hacia adelante y susurra. ─¿en serio no ha escuchado de los Argento? ─preguntó un poco avergonzada. Negó con la cabeza dándole un sorbo más a su vino. ─Sabes qué. ─tiende su mano. ─¿qué? ─pregunta mirando su mano. ─Su teléfono. ─dice y él se lo entrega aún pese a sus dudas. ─En unos días habrá una fiesta, una que se da en honor a una de las personas importantes de mi familia. ─apunta su número. ─ahí podré presentarte con él, y es muy probable que también vayan más familiares. Era perfecto, él únicamente quería saber de Ángel, pero ahora podría obtener mucho más que eso, podrá hablar con ella directamente. Se supone que en la fiestas familiares van todos, así que era un hecho que el infeliz que secuestró a Ángel asistirá, y si tenia mucha suerte la llevaría también, y ahora nadie podría decir nada, pues entraría como un invitado más.
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