Celos

1131 Words
─Me gustó desayunar contigo, pero... dime, ¿que es lo que trajo aquí?, es claro que no eres de por aquí. ─dice dando vueltas la ensalada. ─Vine buscando a alguien, pero no he podido encontrarla, así que aún continuo en lo que puedo hasta dar con ella. ─dice sabiendo que ella no tiene ni idea de lo que habla. ─¿Ella es tu novia? ─pregunta comiendo un poco de ensalada, el enojo la hace querer acabar con algo, sin importar si eso es la ensalada. ─No, en realidad solo es una amiga, pero quiero asegurarme de que está bien. ─dice notando enseguida la manera feroz en la que come. ─Claro. ─espetó asintiendo. ─¿Y qué me dice de usted? ─preguntó con gracia, era claro que estaba enojada con el tema. ─¿yo qué? ─toce un poco torpe por la pregunta. ─Tiene novio, sale con alguien... ─No salgo con nadie, solo con el imbécil que me golpeó. ─mascullo avergonzada. ─Que bueno que... ─¡¿que diablos hace aquí?! ─preguntó Ana mirando tras él, entonces nada discreto él volteó. Era él, el mismo hombre que la había golpeado en ese callejón estaba entrando al restaurante. ─Entonces es cierto. ─se acercó a su mesa con una gran sonrisa triunfal. ─estás con este badulaque. ──dice mirando a Fernando de pies a cabeza. Él se levanta y varios hombres vestidos de traje se ponen a la defensiva alrededor del hombre que ha llegado. Fernando no dice nada, solo lo observa fijamente tensando su mandíbula. ─Usted es un hombre casado. ─se levanta ella. ─lo que haga o deje de hacer no es mi asunto. ─dijo bajando la mirada. No tardaron mucho los fotógrafos en aparecer fuera del restaurante, y los hombres vestidos de traje se apresuraron a la puerta para restringir el paso. ─Hablaré con ella. ─dice ladeando la cabeza en dirección de la puerta. ─sal de aquí. ─le dice a Fernando, pero él no se inmuta. ─además de idiota, sordo. ─dice levantando su mano para que sus escoltas lo saquen. Fernando no dice una sola palabra, pero toda su postura rígida cambia lenta y casi imperceptiblemente a defensiva. ─¿Es su mejor recurso? ─se burló con risa sarcástica. ─es vergonzoso. ─posa su mirada fija y fulminante en el hombre de traje que está cerca. Este lanza su primer golpe y Fernando lo esquiva bien presumiendo sus mejores golpes en artes, dejando a más de uno dolorido, además de varios destrozos en el lugar. ─Diputado Meyer. ─dice Anastasia al armarse de valor. ─supongo que su esposa no ha recibido aún las fotos que tomé en una suite de lujo en Dubai y Mónaco, supongo que se las envié a la prensa, o... El hombre levanta la mano y ellos se detienen, aunque Fernando lo disimula muy bien ya estaba cansándose de repartir y esquivar golpes. ─¿Qué es lo que quieres? ─pregunta acercándose a ella. ─Que me dejes en paz. ─sonrío ella al acercarse a Fernando. ─No me relaciono con hombres casados. ─tomó su mano. Fernando no esperaba eso, después de todo solo había planeado un buen desayuno, más no caerse a golpes con escoltas, y mucho menos que ella tomaría su mano. ─Eres una... ─Diputado Meyer, el señor Argento a pedido verlo, ahora. ─dice el jefe de seguridad del abuelo de Edward. ─¿qué? ─se voltea disimulando su terror con solo escucharlo. ─A solas. ─insiste el jefe de seguridad guiando a la salida. ─Claro. ─dice dejando a los escoltas en el lugar. ─¿Está bien señorita? ─pregunta haciendo un barrido visual a Anastasia. ─Sí. ─asiente dedicándole una mirada fugaz. ─dale las gracias al abuelo por mi. ─dice y este se retira dejando un cheque al dueño del restaurante. ─¿estás bien? ─le pregunta al verlo gesticular sin decir nada. ─Si. ─miente levantando la mirada a ella disimulando lo mejor que puede el dolor. ─Lo lamento, yo no pensé que él... ─¿quién era ese hombre? ─preguntó señalando con la mirada al jefe de seguridad. ─Es el jefe de seguridad de mi abuelo. ─musitó. ─le dije lo que pasó ayer y supongo que... ─Tienes una familia interesante. ─saca su billetera para pagar los destrozos en cuanto se acerca el mesero a recoger. ─El hombre que se fue dejó todo pagado, no hace falta. ─dice muy amable el mesero. ─Lo siento, yo no pensé que pasaría esto, ni que él me siguiera... ─se lamenta viendo su labio un poco lastimado. ─aunque déjame decirte que fue admirable que como tiraste a tres al suelo al mismo tiempo, ¿eres policia?, ¿militar?, ¿o, qué? ─Boxeador aficionado. ─sonríe de costado. ─pero están muy bien entrenados sus hombres. ─asiente. ─Ahora soy yo quien te debe algo, y más que solo un desayuno. ─se ve afligida. Verla así de preocupada, y esa voz suave con la que se lo dijo lo conmovió, aprovechando su cercanía la besó, y ella no dudó en responder su beso. ─¿Y eso por qué fue? ─preguntó agradablemente sorprendida. ─creí que era un caballero. ─murmuró. ─Lo cortez no quita lo valiente. ─susurró con una sexi sonrisa que le impulsó a ella a besarlo de nuevo. Mientras tanto en Asia... ─No quiero irme... ─susurró a su oído aferrado a ella en la cama. ─Tienes compromisos que cumplir, una vida a la cual volver, y eso no será de manera virtual, así que... ─¿estás lista para salir al ojo público como la señora Argento? ─preguntó insidioso. ─Pues. ─se voltea. ─Eres mi esposo, y siempre hay personas cuidándome, así que sí. ¿qué tan malo puede ser? ─preguntó ─¿Sabes cuánto te amo? ─la abrazó con fuerza. ─eres mi esposa, mi hermosa y sexi esposa. ─sonríe. ─Sí, pero tu hermosa y sexi esposa debe salir de la cama, hoy es un buen día. ─sonríe emocionada. ─Me prometes que seguirás siendo tú, amable, tierna, bondadosa y sexi despues de salir a los medios... ─Te prometo que no dejaré que nada me afecte. ─dice saliendo de la cama. ─siempre y cuando no se metan con mis hijos, por que si es el caso, la persona que describes no la conozco. ─añade. ─Y yo apoyo a esa desconocida. ─enarca una ceja con una sonrisa. Al estar tanto tiempo fuera del país y con tantos cambios, Ángel recibiría todo un día de chicas para ella y Luisa, y por qué no, un cambio de look radical ya que saldrá al mundo de los medios de la mano de su esposo, enfrentando todo un mundo de críticas, y sólo en caso de que se terminen las críticas por ser madre soltera, y tener tres hijos fuera del matrimonio, no querían dar más hilo a los medios. O eso es lo que les ha recomendado su publicista antes de su regreso.
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