Los ojos de Savackosk destilaban un aura que Sakura fácilmente pudo darse cuenta que él había caído en sus redes.
Cuando terminara la música que sonaba, Sakura fue al baño, lo hizo arrastrando los pies como si con esa acción invitara al hombre a seguirlo.
—¡¡¡ Espera Savackosk !!!
—No vayas así por así con una pelada — Bartolo insistió en detener a su amigo, pero este ya estaba apasionado por el culito de Saky.
— ¡Qué! ¿Acaso tengo que pedirte permiso? —dijo el ruso molestándose con su viejo compinche.
—No, no es eso. Es que me traje mujeres para ti. Ya están revisadas a diestra y siniestra, no tenemos que preocuparnos si tienen alguna mala intención o algo así. —dijo tratando de explicar su preocupación.
—¡ No soy tu hijo , Bart ! —Vladimir dijo esto y se fue al n dirección a los baños de las mujeres.
Apenas él desapareció, Bart envió a unos diez guardaespaldas a cubrir toda el área.
Adentro, había algunas mujeres de la vida alegre, quienes al ver entrar a Sakura, se sintieron desestimadas, en el aspecto de que ella ella guapa, una mujer que a pesar de la ropa que llevaba, sacaba por los poros su elegancia y lo culta que era.
Había varios aspectos que la hacían ver interesante Y sobre todo, atrayente para el sexo opuesto o para las de su mismo género.
—Que mujer tan hermosa —dijo una de las que estaba en el lugar, pero tan pronto ella entró, también apareció un apuesto hombre detrás.
El hombre solo con su presencia ahuyentaba a la gente, tenía un aire de intimidación que le destilaba por los poros o era su instinto asesino lo que ahuyentaba al resto, y aunque las mujeres lo vieran como ese hombre que le quitaría la pasión que traía entre sus piernas, solo con esa forma de mirar les hacía erizar la piel y helar la sangre.
— ¡ Vamos de aquí Chicas ! —gritó una de ellas con el suficiente razonamiento para ver peligro cerca de ellas.
—Esa perra es linda, pero para nada —dijo una última antes de irse, no sabía que se había ganado su sentencia de muerte. Y como si no fuera suficiente, todavía agregó.
— La perra no puede esperar a que la folle en un hotel de siete estrellas o al menos en una de tres, ¿Tiene que ser en un baño? —finalizó sus palabras y se carcajeó con soltura.
El ruso Savackosk giró su cabeza para ver a la mujer atrevida y solo en su mente retorció una sonrisa desagradable.
En ese momento, Sakura salió de uno de los cubículos y vió al hombre, enseguida sus ojos se dilataron, cómo si un picor le naciera dentro de la profundidad de sus ojos.
De manera inexplicable se sintió atraída a este desconocido hombre y de inmediato se sintió culpable a causa de su esposo muerto, porque era como si traicionara la memoria de su amado Farich.
Se acercó a lavarse las manos, pero sin formular una sola palabra, Vladimir se acercó y se cernió en su espalda haciéndole cucharita. Ella sintió temblar su cuerpo como hojas secas mientras que Vladimir sintiera que en su interior explotara un enjambre de dinamitas haciendo romper todas sus defensas.
A Vladimir le empezaron a hinchar sus pelotas, se sentía como si algo caliente como la lava reburbujerara por dentro.
Tan pronto un sentimiento ajeno lo cubrió y todo lo que quería era meterle su polla en su botón.
“¿ Que me está sucediendo ? ¿Porqué todo lo que quiero es cogérmela aquí y ahora mismo?
¿ Quien es ella realmente ? Porque una chica ordinaria no es.”
A pesar de a qué se dedicaba Vladimir, él nunca se había comportado mezquino, tampoco era su carácter aprovecharse de una mujer, a menos que fuera consensuado la acción.
A Vladimir le gustaba sentirse deseado por la mujer que a él le gustara, por eso estaba extrañado y su mente estaba en confusión.
La respiración dificultosa del hombre hizo saber a Sakura que él estaba hechizado por su cuerpo, pero este hombre era un gánster al igual que los otros dos y merecía la muerte, eso fue lo que le vino a la mente de Sakura.
Al mantener sus cuerpos así pegados, los sentimientos que florecían eran tantos que los dos se sintieron abrumados.
Por primera vez, desde aquella vez en que Vladimir perdiera a la mujer que él quería, no había sentido este sentimiento arrollador de poseer a una mujer así.
El solo cumplía con la necesidad carnal de vez en cuando. De cuando necesitaba descargarse, oficios de su cuerpo, pero ahora mismo era otro nivel. Y ni hablar de Sakura, que por primera vez se le había olvidado la razón por la que ella estaba en esto, que era …
« Matar a todos los Jefes Mafiosos que decidieron acabar con la vida de toda su familia »
No hubo palabras, solo miradas, gemidos, respiración pesada, manos trabajando, y cuerpos actuando por su propia cuenta.
Vladimir metió su mano debajo de la mini falda de la mujer y sus dedos se deslizaron dentro de su panty. Sakura sentía que su corazón quería salirse de su pecho, sentía como si no podía respirar y el aire no le llegaba a sus pulmones.
Si algo parecía que sabía hacer Vladimir, era usar las manos, porque con sus dos dedos dejó introducir en la flor de Sakura y empezó a deslizarse de abajo hacia arriba con un movimiento constante que pronto la llevaría a pegar dos y tres gritos incontrolables.
—¡Basta, basta! —intentó detener lo inevitable.
— Don’ t touch me!
— I can’t —sus ojos estaban llenos de un deseo lujurioso. Mientras que ella jadeaba de lo majestuoso que fuera a sentir el orgasmo que acababa de sentir. Aunque con sus piernas gelatineaban.
—Idi otsyuda ! — ordenó el hombre cerrando los ojos.
Como Sakura entendía bien al idioma ruso, salió casi corriendo cuando oyó que daba orden de irse de sus garras.
Mientras que él, al ver irse a la mujer despavorida, sintió en su mente como perder algo que deseaba demasiado. Su amigo Bart entró corriendo al baño encontrando a su amigo con la cabeza gacha y los ojos entrecerrados.
—Ah, aquí estás — dijo con aparente nerviosismo.
—Pensé que esa mujer podía hacerte daño —continuó con su parloteo llena de preocupación.
—¿ Acaso soy un bebé ? —gruñó el hombre casi perdiendo el control de la personalidad que lo caracterizaba.
—No, pero ya ve como terminó Ciamo y Petrosky, no es confiable andar por ahí solo.
—¡Ya cállate! Ya ni dejas que disfrute por un momento mi privacidad —volvió a gritar Savackosk enérgicamente.
—Lo que quiero es que busques la información de esa nena. Quiero saber todo sobre ella, hasta lo que comió el año pasado, ¿entiendes?
—Pero, ¿ Que pasa amigo ? Deja que se vaya, ven vamos a disfrutar de las nenas cuatro por cuatro que te he conseguido, verás quedarás satisfecho y feliz, te lo prometo —concluyó Bart, sin embargo, Savackosk estaba en otra dimensión.
— ¿Acaso no nos entendemos, Bart ? Quiero a esa mujer debajo mío hasta que mi cuerpo ya no aguante, quiero estar satisfecho de poseerla y para eso al menos lo básico es que sepa quien es esa criatura divina, ¿entendiste?
Bart tragó saliva gruesa. En los años que llevaba trabajando para el ruso Vladimir Savackosk, nunca lo había visto ponerse en un plan así por nadie ni por ninguna fémina, ¿que era de especial que había visto en esa mujer? Pensó mirando hacia la dirección en la que se fuera corriendo aquella desconocida.
Poco después que se fuera Savackosk, Bartolo se acercó al bartender, y le dijo.
—Hola chico lindo, ¿Podrías ayudarme en un asunto?
—El bartender se detuvo y le sonrió, este tio era de los que se dejaban batear , así que si miraba a un tío guapo y vigoroso, el ya pensaba en los acostones que se podía dar con sus prospectos, no sabía que Bart era un machito a lo muy macho engreído...
—En lo que queráis estará bien si puedo ayudarte —dijo poniendo la mirada toda rarísima.
—¿ Sabes quien es la chica que estaba bailando casi hechizantemente ? —el hombre se dió cuenta que no era tras sus huesos duros que iba este bombón, sino que estaba detrás de la nueva bailarina exótica.
—Bueno, tío, si te digo que gano, porque todo tiene un precio. —Pensaba que era astuto, creía que este visitaría su puerta trasera, no sabía que el tipo era un aprendiz del mal.
—¿ No te amas? ¿No amas vivir? —preguntó con egocentrismo. Haciendo que su chaqueta se abriera y que el otro viera en su cintura un revolver hecha de acero que diera un brillo su culata.
Asustado dio un chillido de grito de ahogado, el hombre se puso tembloroso y de inmediato tartamudeó.
—La chica es nueva. Llegó apenas una semana, pero no se ha acostado con nadie. Se cree santa la condenada y nada mas es una putichica. —expresó con descontento.
—¡Já, parece que la odias! —dijo Bart mirándolo con desprecio.
—Ay si, pero, ¿ porque me miras así bombón ? —dijo el cara dura todavía con descaro.
Era de los que creen que antes de morir, todavía pueden tirarse unas cuantas canitas al aire.