En negación

1637 Words
—No es que no supiera lo que sentía Sakura, ella sabía muy bien que era vibrar en brazos de un hombre, y más en los brazos de un hombre como lo era éste, su enemigo. Empezó a llorar estando en la bañera hundida en el agua tibia, su cuerpo destilaba un nerviosismo que se asemejaba a pequeñas taquicardias. La siguiente noche y las siguientes, ella no se presentó al Night Club. Quería huir de aquel hombre mientras se decidía que hacer con él. Sandy su compañera viendo lo que le pasaba, entendió el problema sin que Sakura fuera capaz de explicar la situación. — Tranquila Saky. Si quieres yo puedo ir tras su cabeza, lo acabo en un dos por tres. Así sin asco alguno —dijo la fémina parada en el umbral de la puerta. —No. Déjalo… A Sandy le dió curiosidad de porqué Sakura no quería que acabara con Vladimir, ella iba a preguntarle, pero Sakura se adelantó y respondió a su inquietud. —De él me encargo yo. —Recuerda querida, no pongas sentimientos en nada ni en nadie. Recuerda que estamos aquí para acabar con todos los malos —enfatizó Sandy mirándola con ojos penetrantes. Sakura sabía que ella tenía la razón, sin embargo algo dentro de ella había cambiado. No sabía con exactitud que era, pero sí que había algo que debía aclarar antes de dar el paso definitivo con Vladimir. Mientras tanto, en la guarida de Savackosk, un hombre caminaba de un lado de la habitación a otra, sus manos sudaban y sus ojos se mantenían dilatados. Tenía su parte noble endurecido y no sabía porque había quedado así después del encuentro ligero con la desconocida mujer. Bart, quien lo mirara desde el otro extremo, estaba preocupado por la actitud de Savackosk, para este último que creía en brujerías y aparecidos, pensaba que la mujer le había hecho un encantamiento a su mejor amigo. —Tienes la polla bien crecida —dijo mirándolo fijamente — ¡Basta ya! —dijo el hombre devolviendo la mirada llena de rabia. —Bájale, ¿No? —dijo Bart, quien creía seriamente que su amigo solo necesitaba meter su anaconda tiesa en un hoyo cualquiera. —Mira Vlad —dijo Bart con una sonrisa juguetona— , en la otra habitación tengo seis mujercitas vírgenes, puedes tomarlas si así lo deseas. —Las conseguí para subastar su primera vez, pero si tú quieres, cógelas, cógelas todo el resto de la noche. No hay broncas mi pana. —¿Sabes qué? —gruñó Vladimir — , no puedo creer que pienses así tan deshumanizado eres Bart. —Pero que malo hice yo ahora —se quejó Bartolomeo. —Solo quiero ayudarte mi amigo. —A veces se ayuda mucho con solo no entrometerse —dijo Vladimir. —Para mi no tiene ningún valor quitarle la virginidad a una mujer, y mas a una que subasta su cuerpo y su primera experiencia sexu4l. —reiteró su enfado. —Tendría sentido si hay sentimientos de por medio —explicó cortante — , ese sentido de creer y sentir que es el primero en la vida de esa mujer que se ama, creo que solo un ególatra lo disfruta. —Bueno, no sabía tu manera de pensar y ver las cosas. Pero al menos, acuéstate con na de ellas para que se te descargue la pirinola, ¿No? —¡No! —respondió de nuevo el hombre. Pasados tres días, Vladimir había estado visitando el Night Club, pero nada de nada de que la mujer apareciera, no sabía quien era, donde estaba ni con quién, y eso empezó a desgastar la tranquilidad que lo caracterizaba. —¡Maldita sea la hora en el que te hice caso y fui a ese Club! Mírame ahora, despojado de mi poca tranquilidad que me quedaba —dijo el ruso Savackosk. Al oírle quejarse así, Bart hasta sudó frío, pues era verdad que él siempre le metía a las mujeres por los ojos a su Jefazo, pues temía que bateara y fuera del bando de en medio, donde no era ni el ni ella, sino “sino dique binario” —Amigo, sabes que te aprecio, ¿Verdad? Jamás hubiese creído que esa diabla vestida de ángel estuviera alli esa noche, pero ves, lo que no mata, te fortalece, ahora sabes que no eres tan inmune a algún tipo de mujer. —dijo Bart riéndose. Solo los ojos fulminantes de Savackosk le hizo parar de reír y tragar saliva. —Ella tenía una semana de haber sido contratado en ese Club. No tienen nada de ella, la dejaron trabajar ahí bajo sus propias reglas y esas eran el de no dar su información básica, su dirección o número de teléfono. No dar su nombre exacto, todo porque, no lo sé. —Bart estaba intrigado al hablar de la misteriosa mujer. Y es que aquella noche, Sakura había mostrado todo el esplendor de la belleza corporal, más no su rostro, este estaba bajo un quintal de maquillaje y se había disfrazado pareciéndose a una artista famosa, aún así, su olor, la fragancia encantadora, su sello personal, su misma aura había atraído a este hombre que era como un tipo antisocial. Savackosk había sentido que era andar las pelotas hinchadas a lo largo de estos días, ademas que en cada día después de esa noche, él no la dejaba de pensar. Y ese era un gran problema, pues cada vez que pensaba en la misteriosa mujer, su nepe florecía. « por allí se dice que Amor, es igual a Pasión. Porque el día que dejas de tener sentimientos por una mujer o por un hombre, se declara que se muere el amor. Entonces, ¿Se podría decir que Vladimir ya amaba a Sakura, o solo era pasión pasajera? » Estaba por descubrir ese enigma. Porque si Vladimir Savackosk sufría estos desvanes del amor, ella no estaba libre del todo. Y más cuando se culpaba ante la memoria de su difunto marido. Después de estar tratando de concentrarse en el trabajo, Vladimir quien ya no aguantaba su pija dura, pues en cada momento le pensaba a la mujer, decidió en la posibilidad de meterse un clavo para sacarse otro clavo. Mandó a llamar a Bart con su guardaespaldas de confianza. Bart apareció con Marina, ella era una hermosa mujer mexicana, quien había sido reclutada por Bart hacía ya dos años. Ella llevaba las cuentas de la contabilidad de los negocios clandestinos de Vladimir, y sabía lo rico y peligroso que él era. Desde que Marina llegara, se había sentido atraída a este hombre, pero para ella que era jovial y extrovertida, sentía que Vladimir era un hombre muy frío y áspero, no jugueteaba ni con la mirada y ella después de haber mantenido su interés en él, ya se había dado por vencida. Hasta el día de hoy que lo viera ahí sentado frente a él. Vladimir como siempre, no la determinaba siquiera. Bart dijo al entrar. —Jefazo, estamos aquí para mostrar los últimos conteos de ganancias de los negocios de cada club nocturno, que ya están declarados. —Solo tú había sido suficiente, Bart —gruñó Savackosk, sin mirar a Marina, quien de inmediato se dio cuenta que hoy día, este hombre estaba más frívolo que nunca. —Eh —dijo Bartolomeo volviendo a ver a Marina y haciendo un gesto de “vete de aquí” como dijera, al buen entendedor, pocas palabras. Marina salió, pero no se fue. Se quedó recostada en la puerta, no para oír lo que hablaran, pues la puerta era insonorizada, simplemente que el rechazo que Vladimir le mostraba, ella lo tomaba muy a pecho. Adentro, Bart preguntó. —¿Que puedo hacer por ti? — para la respuesta que diera su jefe, Bart quedó congelado. —Tráeme a una mujer limpia —dio la orden Vladimir. —¿Ahora? —preguntó sin poder creer lo que oía. —¿Aquí? —Vladimir ya no aguantó su falta de lógica. —¡ Siiii ! —¿Acaso debo repetir lo que ya dije? —al ver a Vladimir en los ojos, se dió cuenta que él estaba como poseído, ya había pasado unos diez días desde aquella noche y éste seguía con los mismos síntomas. Bart salió rápidamente de la habitación, solo su sien le palpitaba como las manecillas de un reloj, tictac, tictac. Al abrir la puerta, Marina cayó al piso, pues ella seguía ahí recostada con todo su peso en la puerta. Ella tartamudeó y levantó la vista para ver a su jefe. Bart la quiso levantar para sacarla del lugar, pero Vladimir dijo: —Ella esta bien. No es la gran cosa que quiero, solo quiero descargar mi perinola. Marina pudo negarse, pero no lo hizo, miró a Bart y asintió con gusto, Bart salió de la oficina y se quedó fuera. Lo cierto es que para Vladimir esto iba a ser mucho más difícil de lo que él pensaba, pues apenas se acercó Marina para acariciarle, él le puso un alto a la mujer diciendo. —Basta, nada de caricias, nada de coqueteos, esto es fácil y rápido , te lo meteré y lo sacaré las veces que considere necesario hasta vaciarme. Es todo. Enseguida los ojos de la mujer humedecieron, así que Savackosk preguntó con una frialdad que ya lo caracterizaba. —¿Aceptas el trabajo? Te remuneraré con el sueldo de un mes —prometió, no se había dado cuenta que a ella le gustaba a él y que ella lo hacía sólo para darse el gusto. Marina asintió con una mirada llena de tristeza, mientras que Savackosk tomó un anticonceptivo y se lo acomodó en su nepe, para esa acción, el hombre le dio la espalda a la mujer.
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