“Desde el punto de vista de Sakura”
Dándome un baño, mirando hacia el horizonte, me vi como en una visión, como imágenes que pasaban en el vidrio de la enorme ventana oscura, me vi en brazos de Vladimir Savackosk, mirando mi reflejo sonriendo de manera sutil, me dije a mí misma que estaba loca.
“¿ Qué es lo que te pasa Sakura ? No estás para estos trotes” Me dije dando la vuelta y suspirando hondo.
Y no era que yo fuese tímida o algo, tan solo consideraba a Vladimir como uno de los causantes de la muerte de todos mis seres queridos, algo imperdonable desde mi perspectiva. Sin embargo ahí estaba yo, ya había caído en sus brazos y de por sí, eso no había menguado mis ganas de estar encima de él o el encima mío.
Recogí mi tablet para ojear algunas noticias relacionadas a mi país, solo para leer la sección de noticias brutales. Dos jefes gánsters habían sido asesinados de manera fulminantes, y sin rastro del pertrecho.
Mi mente rápidamente me trajo a alguien a mi cabeza, esta era Sandy, mis ojos se agrandaron al pensar en que ella podía estar intentando también acabar con Vladimir, como si se tratara de perder lo que mas quiero, un dolor agudo me embargó y un miedo desmedido me hizo hacer palpitar mi corazón en el pecho.
“¡No, no puede ser así!” Murmuré ansiosa, rápido recogí mi maleta, me devolvería a casa, porque lejos de tranquilizarme, se había disparado las neurotoxinas de mi cuerpo.
Al abordar el avión, todavía me sentía temblorosa, traté de comunicarme con Sandy, pero ella no respondía, no sabía que estaba en su punto de inflexión, ella seguía tratando de eliminar a Vladimir, mi querido Vlad.
Mientras el vuelo se alzaba, solo pude cruzar mis manos elevando una petición al cielo, quería que Dios cuidara de ese hombre, justo en ese momento entendí algo muy importante, yo no quería acabar con Vladimir, yo solo buscaba mil razones para dejarlo vivir y una sola razón para acabar con su vida.
“En Nueva York”
Desde lo alto de uno de los edificios más emblemáticos de la Ciudad, Sandy se preparaba para apuntar en dirección del edificio tono blanco con gris que se emergía de entre el resto de construcciones altas de más de cien pisos.
Sobre la recta en la que Sandy miraba de forma estricta, se ubicaba la oficina principal de los negocios del señor Savackosk, su puntería era reconocido a nivel mundial, y aunque ella siempre dijo que no era su pretensión acabar con la vida de personas, hoy día estaba resuelta a terminar con Vladimir Savackosk.
Cuando sus ojos vieron aparecer a través de la enorme ventana a Vladimir, ella sin querer apretó los dientes, su cuerpo reaccionaba así porque lo odiaba.
“Vamos a ver si sigues entrometiéndote con Sakura” dijo con una voz aguda.
“Me dejó de llamar Sandy si aún quedaras vivo hoy” juró para sí su resolución,
“No mal que por bien no venga” dijo de nuevo poniendo en la mira a Savackosk.
Un solo tiro y ella se iría rápido del lugar, pero justo en el momento en que ella jalaría del gatillo, vió como el hombre a quien apuntaba volviera a ver directo a su dirección y mostrara una media sonrisa, y es que Savackosk tenía incluso muchos ojos en su espalda.
Miró a Sandy desde esa distancia, más no se movió de su asiento giratorio. Sandy tuvo que dejar de enfocarlo por un momento, su respiración estaba difícil, pues se había entumecido de un solo golpe.
Cuando quiso volver a enfocarse, alguien que ya estaba encima de ella dijo con voz grave y ronca.
—Deténte, te ordeno — dijo aquel tipo que tenia encañonado a Sandy.
Ella quedó rígida por unos pocos segundos, pues era experta y astuta , apta para salir ilesa de cualquier situación difícil, y el hombre que le apuntaba con el arma lo sabía, así que temía descuidarla aunque sea un poco.
— ¡Pido refuerzos, pido refuerzos! — gritó a través del objeto comunicador. La voz del otro lado respondió, ya están diez hombres cubriendo tu espalda.
Al escuchar todo ese circo, Sandy ya había recuperado el contraer su misma. Ella sonrió en una forma sutil y dijo:
— ¿Así que crees que me tienes en tus manos?
— ¡Si lo estás! ¿Acaso no ves el arma que te está apuntando? Puedes perder la vida aquí mismo en este lugar como una vil asesina fracasada —dijo riéndose con maldad.
Ver que se riera de ella y dar por sentado que la tenía en sus manos, le hizo hervir la sangre a la mujer. Ella solo parpadeó dos veces haciendo que el hombre perdiera el control de sí mismo, Sandy saltó sobre el hombre desarmándolo en un abrir y cerrar de ojos, pero sabiendo que ya venían diez sujetos armados y que era cuestión de segundos que llegaran donde estaba ella, no era una opción darle la oportunidad de vivir a este hombre, con una experiencia vasta, ella tuvo el control de la situación y como el honor del hombre estaba en juego, él buscaba por todos sus medios deshacerse de la llave que le había impuesto Sandy, si Sandy no hacía algo, era capaz de soltarse y enseguida se metería en problemas de nuevo por que el refuerzo ya estaba a unos pisos abajo del edificio.
Sandy tomó su navaja, que traía escondido en sus botas, tomó el objeto afilado y puntiagudo y lo dejó enterrar debajo del mentón del sujeto, allí expiró el hombre ahogándose en su propia sangre, después, sabiendo que tenía el tiempo escaso, Sandy saltó al vacío, y bajó tres pisos de forma inmediata, luego volvió a saltar y bajó otros tres pisos.
Fue en ese momento que llegara el refuerzo de aquel sujeto, solo para verlo agonizar todavía.
— ¡Ay! —dijo uno de los que se le acercara de primero.
— Caíste en las manos de esa mujer. Se dice que es una peste para quien ella pone su empeño, “porque donde pone el ojo, pone la bala”
—¡Cállate! —gritó un segundo sujeto —, ella va a tener sus días contados, mira que no debió poner sus ojos de bala en nuestro querido lobo solitario —lo dijo desde el lado de su propio ego herido.
Un tercero que era más de autocontrol regañó a los dos y dijo:
— No es el momento de parloteos, estos son los segundos decisivos para encontrar a esa arpía de mierda, no puede estar muy lejos todavía —dijo con voz autoritaria.
Dicho eso, se asomó sobre el borde del precipicio, no vio nada, solo una cuerda colgada, supuso que Sandy iba bajándose al segundo piso, desde arriba hacia abajo, por lo que pidiera refuerzo de inmediato, mientras tanto Vladimir recibió la noticia de que la persona que casi lo mata a él, había logrado esquivar su furia y ya no estaba en su control, enojado tiró lo que tenía en sus manos, viendo esto, Sergei que seguía en la oficina, solo observó analizando el caso.
En el pasado, era demasiado joven cuando sucedió la tragedia, aunque él era un niño de doce años pidió la cabeza de sus padres adoptivos a su padre malhechor, y este le concedió la gracia de satisfacer su pedido descabellado, si en aquel no acabó pidiendo la vida de Vladimir, era por que todavía le quedaba algo de inocencia en su corazón, pero justo después que el mismo Vladimir acabara con el mafioso que era su padre biológico, él empezó a guardarle resentimiento a Vlad.
Así que Sergei solo pudo hacer y deshacer todo cuanto podía para quitarle la tranquilidad a su hermano adoptivo, no obstante, él aún no era tan fuerte como para enfrentarlo.
Es por eso que, Sergei planeó entrometerse en la relación de Vladimir y su novia Anna Konnasovba.
Fue tan fácil de embaucarla, pensó. Y es que en aquel entonces, Vladimir estaba enfocado en muchas otras cosas, por ejemplo, el de vengar la muerte de sus padres y castigar a todos los que habían participado directa o indirectamente.
En aquel entonces, Anna se sentía desplazada y sola, y al ver que el hermano menor de su prometido empezara a dedicarle tiempo, ella cayó tendida en sus artimañas. O quizás, tan solo no lo amaba como debió de amar.
Vladimir se puso muy enojado, incluso gritó a mitad de sus subordinados por que no había logrado atrapar a su enemigo oculto.
Sandy quien al llegar seis pisos abajo, quedó escondida en uno de los apartamentos, todo había sido planeado estrictamente por ella, así que ya Sandy había arreglado todo el asunto, ella había, la mujer había puesto cámaras por fuera y veía lo que ocurría afuera del apartamento seis pisos abajo desde el último piso de arriba. Había premeditado en todos los aspectos, desde que si la atrapaban y tenía que huir, hasta salir huyendo ya herida de muerte.
Recurrió a su disfraz elocuente, la de una chica con kilos de más, se sentó en la silla de ruedas y esperó a que llegaran a la puerta de este apartamento donde un mes antes ella ya había arreglado un alquiler a la dueña del piso, por supuesto la dueña era una mujer obesa de 400 y pico de libras.
Llegó el mismo tipo armado hasta las vísceras, al tocar en el botón en la puerta, el sonido resonó varias veces antes de que lo atendieran.
—Perdón señora… digo señorita —dijo el hombre con cara de pocos amigos.
— ¿Si? —dijo Sandy, quien estaba en el papel de la verdadera dueña de dicho apartamento. Su disfraz era tan verídico que nadie echaría de ver que en realidad era ella disfrazada de una mujer con sobrepeso.
— ¿No ha visto nada inusual por su apartamento? —como Sandy hiciera silencio, el militar prosiguió.
— ¿Nadie la ha molestado? — ella respondió de forma épica.
— No, solo usted y mi gordura.
Dicho eso, ella le sostuvo la mirada inquisidora, el hombre viéndola en una silla de ruedas, ya no siguió insistiendo, antes de dar la vuelta e irse, dijo:
— Cuidado alguien ajeno se acerque aquí, si es así, solo debe llamar a recepción y avisar. Su balcón está muy expuesto —enfatizó.
— Jaja, sería a menos que vuelen los maleantes —lo que hiciera reírse un poco por unos segundos al mercenario.
Para la tarde, a Vladimir no lo calentaba ni el sol. Sabía que estaba siendo acechado, cazado incluso, pero de … ¿ Quién se trataba ?