Shelby apareció en el marco de la puerta, cargando una nueva taza de café y mis tartas olvidadas. Sin decir palabra, dejó el plato y la taza en la mesita de noche, y después trepó a la cama, donde yo estaba sentada con mis brazos rodeando mis rodillas.
—¿Quieres hablar? —ofreció.
—No en realidad.
Shelby suspiró y colocó un brazo alrededor de mis hombros.
—¿Desde hace cuánto tiempo has estado enamorada de Shep?
—¿Es tan obvio?
—Para mí, sí. Quizá no lo sea para aquellas bolsas de testosterona del piso inferior.
Suspiré, levantando mi cabeza y girando hacia mi amiga.
—No estoy segura de estar enamorada de él.
—¿Pero sí sientes algo por él? —preguntó Shelby, gentilmente.
—Sí. Y es un desperdicio de tiempo y energía —anuncié amargamente.
—¿Qué ocurrió?
—Pensé que me iba a besar esta mañana.
Shelby levantó una ceja.
—¿En serio? ¿No deberían ser buenas noticias?
—No cuando dijo que era una idea malísima.
La expresión de mi mejor amiga cambió rápidamente de estar emocionada a indignada.
—¿Por qué diría eso?
—Aparentemente es muy viejo para mí. Y yo no soy como las otras chicas con las que sale. Y —suspiré, agarrando una torta y mordisqueándola—, no se acuesta con vírgenes.
acuesta—¿Dijo eso?
—Sí.
Los ojos de Shelby centellearon con enojo y claramente estaba indignada.
—¡Bastardo!
Yo mastiqué pensativamente un buen bocado de mi tarta.
—Lo sorprendí cuando le dije que no era virgen.
Shelby claramente estaba sorprendida por mi declaración.
—¿No lo eres?
—No desde que me secuestró el Destripador —respondí suavemente.
Por más de un minuto, hubo silencio completo en la habitación.
—Mierda. No lo sabía, Finn. Nunca me dijiste que te había violado. Pensé que el Destripador no violaba a sus víctimas.
Negué con mi cabeza, obligando a que los recuerdos regresaran a los oscuros recovecos de mi mente.
—No, no violó a las demás. Solo a mí. Y no es algo en lo que quiera pensar.
Nos sentamos juntas en silencio, Shelby me frotaba el hombro suavemente.
—Pero seguramente sea de ayuda —comenzó a decir tentativamente—; ¿puede ser que haya algo de su ADN como evidencia?
—No. Usó un condón y me lavó en cada ocasión.
Shelby no intentó ocultar su horror.
—¿Lo hizo más de una vez?
Asentí desoladamente.
—No sé qué tan seguido ocurrió y no puedo recordar los detalles. Solo sé que ocurrió y recuerdo fragmentos de lo que hizo.
—Pero Shep... —comenzó a decir Shelby, y después cerró su boca fuertemente.
Me giré para observarla, la expresión de Shelby confirmó que había estado a punto de soltar algo que pensaba que no debería decir.
—Pero Shep… ¿qué?
Shelby cerró sus ojos, negando con la cabeza.
—Shep debería haber sabido sobre las violaciones, Finn. Él y Ash estuvieron estudiando los reportes policiales anoche, después de que te fuiste a la cama.
Me tomó un minuto absorber las implicaciones.
—Entonces él sabía que yo no era virgen —Bajé de la cama y comencé a caminar alrededor de la habitación—. ¡Mierda! Eso lo hace aún peor; saca una patética excusa por rechazarme, ¡sabiendo que ni siquiera es la verdad!
¡Mierda!Shelby se deslizó de la cama y colocó sus brazos alrededor de mi cintura.
—Lo lamento mucho, Finn.
Negué con mi cabeza, luchando contra las lágrimas.
—No lo lamentes. Yo he sido la tonta —Levanté mi barbilla de forma desafiante—. No volveré a cometer el mismo error.
—¿Cómo puede ser que no esté interesado en ti? —preguntó Shelby, defensivamente—. Eres una mujer hermosa, Finn.
—Es obvio que él no lo piensa así.
—¿Recuerdas la fiesta a la que fuimos hace unos meses? ¿De la fundación El Sacerdote y la Prostituta?
Recordaba la noche que Shelby mencionó. ¿Cómo podría olvidarla? Fue esa fiesta la que me marcó como objetivo, de acuerdo con Ash. Él había insistido en que ese había sido el detonante para que el Destripador me capturara, el único evento que la policía pudo identificar y que me llevó a la mira del Destripador.
Yo no había planeado ir al evento, pero Shelby y Bryan me convencieron. Insistieron en que asistiera, aunque había discutido que no era mi ambiente y que no tenía nada adecuado para vestir. Bryan había reído entre dientes, anunciando que Shelby tendría algo que yo podría tomar prestado. Mi hermano me convenció cuando insistió en que era por una buena causa. Celebrada en la mansión de un prominente autor de Chicago, el evento estaba reuniendo fondos para proveer refugios a las prostitutas que intentaban escapar de esa vida. Después de años trabajando encubierto, era una causa que tocó el corazón de Bryan; él había visto los devastadores efectos que la prostitución causaba en mujeres que había conocido en las calles.
Después de ceder y aceptar asistir, Shelby invirtió horas preparándome e incluso Bryan se quedó con la boca abierta cuando llegué al evento con Shelby y Taylor.
Shelby se había superado; me había transformado en una mujer diferente, una que ni siquiera yo reconocía en el espejo. Ella había encontrado un corsé rojo en su guardarropa, el cual me hizo verme escandalosamente voluptuosa con mis pechos elevados y sujetados en cuero apretado que apenas y cubría mis pezones. El corto largo de la prenda dejaba a la vista una significativa parte de mi delgado abdomen. El simple pirsin de plata que normalmente usaba en mi ombligo había sido reemplazado por una cadena de oro adornada, que rodeaba mi delgada cintura. Una minifalda de cuero n***o cubría la parte superior de mis muslos, haciendo juego con unas medias de red y unas botas de cuero altas con tacón. No me atreví a preguntar el por qué Shelby tenía un traje como este y me sentí cohibida en el segundo en que me miré, casi cancelando mi asistencia. Shelby insistió en que lucía maravillosa y entre ella vistiendo un traje igualmente escandaloso y los suaves cumplidos de Taylor, mis nervios se calmaron.
Shelby arregló mi cabello en una masa de rizos en espiral, echado a un lado para que cayera sobre mi pecho izquierdo. Todo el efecto fue finalizado con una generosa cantidad de maquillaje, montones de máscara y delineador n***o, el cual resaltó el azul de mis ojos.
Regresé de ese recuerdo y giré mi cabeza hacia Shelby.
—¿Qué tiene que ver la fiesta? —pregunté, insegura sobre el por qué había sacado ese tema.
Shelby sonrió.
—Todos los hombres se excitaron en el momento en el que entraste. ¿No recuerdas cuántos hombres querían bailar contigo?
Tenía razón; el traje me había asegurado recibir mucha atención en la fiesta. Incluyendo la del Destripador, de acuerdo a la hipótesis de Ash. Aunque yo no era una prostituta, esa noche había lucido como una, y en algún lugar, de alguna forma, el Destripador había estado observando. La policía pensó que él había estado en la fiesta, pero la investigación de casi cuatrocientos invitados no produjo resultados tangibles.
—Aún no se qué tiene que ver eso con Shep.
La sonrisa de Shelby era una de alguien que sabía algo.
—Estabas muy ocupada pasándotela bien como para darte cuenta, pero puedo asegurarte que Caleb Sheppard estaba verde de la envidia esa noche. Pasó toda la noche observándote, Finn.
Negué con mi cabeza.
—Eso no tiene sentido, Shel. Ni siquiera bailó conmigo.
—Confía en mí, Finn O’Flaherty. Si algo comprendo de este mundo, son los hombres. Y yo sé que Shep estaba absolutamente absorto por ti en esa fiesta.
* * *
Tomó un tiempo reunir el valor para enfrentar a Shep otra vez. Había actuado como una tonta, pero él era un adulto y yo también, no había motivo para ocultares. Él no estaba interesado en mí y yo iba a aceptar ese hecho y seguir adelante. Con mi cabeza bien en alto, y reuniendo cada gramo de dignidad, ingresé al comedor con Rebel siguiéndome y me detuve en la mesa donde los hombres se habían congregado.
—Querías mostrarme qué hacer con Rebel —anuncié suavemente.
Shep me estudió por unos segundos. Un destello de emoción atravesó sus guapos rasgos antes de empujar hacia atrás la silla y ponerse de pie para seguirme hacia la calle de grava.
—Finn, deberíamos hablar —anunció por lo bajo, cuando llegó a mi lado.
—No tenemos nada de qué hablar —respondí con frialdad—. Solo tienes que enseñarme los comandos, eso es todo lo que necesito de ti —La implicación era clara y Shep frunció el ceño con profundidad.
—Nunca te haría daño intencionalmente, gatita… —comenzó a decir, pero levanté mi mano, señalándole que se detuviera.
—Solo muéstrame los comandos, Shep. Eso es todo lo que necesito y por favor: deja de decirme gatita.
Con un profundo suspiro, Shep hizo lo que le pedí, mostrándome las señales de mano y rápidamente memoricé las palabras, las cuales harían que Rebel atacara. Era relativamente simple, pero rezaba por no tener que utilizarlas. Era reconfortante saber que tenía algo de protección si lo peor ocurría y el Destripador me localizaba.
Satisfecho de que había comprendido, Shep se cruzó de brazos y me observó.
—Finn, lamento haberte lastimado.
Observé la grava bajo mis pies, jugando con ella con uno de mis tenis mientras intentaba dar una respuesta. Shep continuó observándome y yo estaba consciente de su incómoda atención mientras esperaba por una reacción.
Me salvé de responder cuando Shelby y Taylor aparecieron bajando las escaleras, con maletas en mano. Shelby estaba al borde de las lágrimas mientras le daba su maleta a Taylor y caminaba hacia donde me encontraba yo.
—Tenemos que irnos, Finn. Desearía no tener que hacerlo, pero nuestro vuelo sale en un par de horas y tenemos que manejar de vuelta a Boston.
Forcé una débil sonrisa mientras la rodeaba con mis brazos para abrazarla.
—Estaré bien, lo prometo —susurré contra su oído—. Te llamaré todos los días.
—Dos veces por día —susurró Shelby de vuelta—. En las mañanas y en las noches, todos los días, sin excepciones.
—Prometido.
Ash bajó las escaleras detrás de Shelby, con su mochila colgando de un hombro y la maleta de Shep en su mano.
—Es hora de irnos, Shep. Estamos en el mismo vuelo que Shelby y Taylor.
Envolví mis brazos alrededor de mi pecho y observé a mis amigos preparándose para marcharse. La tensión nerviosa me asaltó y yo la descarté, determinada a colocar un rostro valiente.
Ash dejó caer las maletas en la cajuela del auto rentado de Shep, después me dio las llaves de su carro.
—Te llamaré esta noche, Finn. Usa el carro cuando lo necesites, pero procura no hablar con nadie lo más posible. Mientras menos personas sepan que estás aquí, mejor.
Asentí, permitiendo que Ash me abrazara fuertemente.
—Estaré bien.
Ash me soltó para observarme a los ojos, con una mirada tierna mientras me hablaba:
—Sé que lo estarás, Finn. Daré lo mejor de mí para capturar a este bastardo. Lo atraparemos, te prometo que lo atraparemos y podrás dejar atrás esta pesadilla.
Las lágrimas cubrieron mis ojos cuando lo abracé con fuerza, extrayendo de su fuerza para suplementar la mía. Besó mi mejilla antes de soltarme y dirigirse al carro.
Por un largo momento, Shep se quedó quieto, observándome con cautela antes de cerrar el espacio entre nosotros.
—Te llamaré después.
Bajé mi cabeza, incómoda y sin saber bien cómo manejar esta difícil despedida. Shep tomó el control, levantando mi mejilla con las puntas de sus dedos.
—Estás equivocada, ¿lo sabes? Sí me importas —susurró contra mi mejilla antes de besarla suavemente—. Nunca pienses que no es así.
Antes de poder tener una oportunidad para responder, se dio la vuelta y caminó hacia el carro, abrió la puerta y se deslizó adentro. Con otra sonrisa cálida, Ash me sopló un beso antes de reunirse con Shep.
De pie con Rebel en la grava, los observé alejarse manejando, dejándonos solos.