Hay veces en las que me he planteado ser amable con Madison y Evan, y ser su amiga de forma real, no usarles como mecanismo para lo que yo quiero, era verdad que me lo había planteado demasiadas veces, el hacer una relación sana y estable con alguien. Tengo amigos, varios pero esas son personas a las que uso por no estar sola, si me pasara algo no les llamaría, no sabían ni de mi enfermedad, por supuesto no les había invitado a mi casa. Estaba demasiado clara en lo que se ataba a mi salud social, mi salud física era una mierda y en ocasiones diría que la mental esta en camino de estar igual de rota pero me negaba a que mi salud social fuera de algo de lo que preocuparme, estaba demasiado segura de que no iban a destruir la única cosa que podía controlar, podía controlar a la gente que había en mi vida, podía controlar a esas personas porque a la gente que entraba en mi vida.
La gente es demasiado fácil de manipular, se me da bien saber lo que la gente quiere y usar eso a mi favor, es que la gente es demasiado básica, por lo que me era demasiado fácil, como si estuviera jugando con cosas pequeñas, por lo que hacía las cosas que los demás querían sin que me perjudicara.
Recorrimos todo el centro comercial, no solo buscando las cosas para mi querido gatito, si no porque mis queridos acompañantes quería comprar cosas, las cosas era demasiado horrible, la gente no paraba de mirarnos, la gente estaba demasiado loca, la gente no estaba pensando enserio en lo que estaba haciendo, solo paseaban por ahí como ordas de zombies locos que iban solo a molestar y a ver quien tocaba más las narices.
Volvimos a casa con demasiadas cosas tanto para mi gato como para todos en general, entramos a la casa, mi madre se acerco corriendo a mi, me sentó en un sofá y me analizo.
—¿Has comido algo?—me pregunto mi madre.
Suspire.
—No—le avise antes de que pudiera comenzar a decir nada, no había tenido hambre y por mucho que supiera que tenía que comer no era algo que tuviera grandes deseos de hacer, me daba demasiada pereza pero no por eso la gente se tenía que volver loca.
Mi madre me miro y saco sus maquinas de análisis rápido, no comprendía como se volvía tan loca por como me alimentaba o lo que me pasara, para ser sincera, mi enfermedad era algo que nunca se iba pasar y estaba claro que iba a ir a peor, se que sonaba demasiado dramática pero lo sabía, las cosas eran demasiado complicadas, mi cuerpo cada vez tenía más problemas por lo que sabía que las cosas iba a terminar mal, no sabía porque seguíamos luchando, deberían dejar que me muriera, así todos dejábamos de sufrir pero estaba claro que mi madre me iba mantener viva por todo el tiempo que pudiera y más.
—Si te sirve la he invitado a un helado—comento Evan.
Le mire mal, me molestaba demasiado que fuera de niño bueno que hacía las cosas bien, pero no iba a funcionar conmigo, no iba a ser algo sencillo que cambiara mi forma de verle, era imposible, las cosas eran demasiado complicado que mi cuerpo aceptara que él era alguien bueno para mi, no éramos buenos el uno para el otro, yo no era buena para nadie así que la gente debía superarlo.
—¿Lo ha comido?—pregunto mi madre.
—No, no me voy a arriesgar a que me envenene—comente.
Mi madre me miro sorprendida, en el salón solo estaba ella y mi tía Jenny, los hombres estaban perdidos y esperaba que no aparecieran porque mis padres me iban a volver loco.
—Lo tiro a la basura—comunico Madison, mi madre me miro demasiado sorprendida, como si hubiera cometido el mayor crimen del mundo, pero no creo que lo fuera pero mi madre veía esa cosa como una ofensa al idiota de Evan pero no creo que hubiera nada malo en tirar un helado a la basura cuando no me gustaba comer delante de la gente y no quería comer helado.
Mi padre entro en el salón detrás de mi tío Dylan y nos miro, gracias a eso interrumpieron cualquier cosa que mi madre quisiera echarme en cara o decirme.
—¿Por que una chica a declarado que sois pareja?—pregunto mi padre,
Pestañee demasiado nerviosa, no comprendía nada, estaba demasiado sorprendida.
—La chica de la tienda de discos—comento Evan.
¡Mierda! No comprendo como la gente puede ser tan cotilla, tan pesada y tan molesta en las cosas, en la vida de los demás, no comprendía como la gente era tan pesada, pensaba que habíamos superado ese afán de la gente de que todos los focos estuvieran sobre ellos, porque esa etapa de niña de cinco años, yo ya la había superado.
—¿Quién es esa chica?—pregunto demasiado molesto mi padre.
—Una chica que Evan conoció en una tienda de discos y como Edla estaba molesta le dijo que era su novia—explico Madison.
Todos me miraron.
—Me obligaron a entrar—me queje.
Mi madre me miro.
—Pues que te obliguen no es la solución para nada—comento mi madre.
La mire.
—Lisi, calla, no estás viendo lo horrible de este asunto—dijo mi padre.
Mi madre miro a mi padre demasiado molesta.
—Vuelve a mandarme a callar y te corto las pelotas—le aviso mi madre.
Les mire, la relación de mis padres era de lo mejor del mundo, en ocasiones podía parecer que se odiaban pero estaba demasiado claro que se querían con toda su alma, creo que cualquiera de los dos matarían por el otro, bueno aunque estaba claro que a la persona que los dos más querían era a mi.
—Esto trae muchos problemas—comento mi padre, mi madre le miro atenta—Nosotros siempre hemos negado que nuestros hijos sean pareja, ahora si salen, será un caos, querrán explicaciones y pondrán mucha fuerza en verles juntos, por saber de ellos—comento mi padre.
Mi madre le miro.
—Eso no es un problema para nosotros—dijo mi madre y me miro—Es para ellos, si ha sido tan madura de hacer eso que lo solucione ella—comento mi madre.
—No me puedes dejar sola—me queje.
Mi madre me miro demasiado sorprendida, no es que peleáramos mucho pero discutíamos demasiado, éramos mujeres con demasiado carácter las dos, por lo que chocábamos mucho, era una maldita locura, creo que nuestro padre nos soportaba demasiado, y por eso se había ganado todo lo bueno de esta vida.
—Claro que podemos—aclaro mi madre.
Le mire.
—Papa—grite, mi padre me miro en silencio creo que sin saber que decir o que hacer—Vas a ayudarme—le ordene.
Mi padre me miro.
—Connor, no lo harás—comento mi madre.
La mire molesta.
—Vamos a ver como sales de esta tu solita—comento mi madre.
La mire demasiado molesta pero no iba dejar que eso acabara conmigo, soy una mujer poderosa, por lo que nada en este mundo me hará daño mientras lo pueda controlar, nada en este mundo podrá destruirme mientras este bajo mi control hacer lo que sea para evitarlo, si tenía que manipular gente para ello lo haría.