Odio a mis padres, no me gusta como están haciendo las cosas.
Primero me hacen tener que dejar todo lo que amo por el tonto deseo de un descerebrado sin talento que esta claro no podrá dedicarse a la música, nadie puede dedicarse a la música, hoy en día todo se hace por ordenador, nadie tiene el suficiente talento para superar a las maquinas, doloroso pero es así, solos los artistas consolidados antes de la revolución de las maquinas tiene oportunidades, aunque no voy a negar que de vez en cuando sale alguien nuevo, pero es de lo más raro del mundo.
Segundo, no me llevaron a un sitio con playa, mi madre ama el mar y las estrellas, prácticamente me educo educo en el mar, enseñándome cuales eran las constelaciones, sin hablar que el techo de mi habitación esta lleno de estrellas, al menos el de mi casa, no el de este apartamento cutre que han conseguido, que lo peor es que debo compartir habitación con Madison, la casa solo tiene cinco habitaciones por lo que me toca a mi pringar y compartir habitación ya que no pueden dejar a un chico con una chica juntos, tonterías, solo me quieren volver loca.
Pero por ultimo, y lo peor de todo que me hicieran tener que ser amiga de esos dos idiotas para quedarme con mi gato, era una tortura. El gato no hacía nada mal a nadie, era demasiado bueno, mi madre misma amaba a los gatos, todo esto era solo una tortura que quería hacerme pasar para tenerme más controlada.
En una esquina de la habitación, había una segunda cama, demasiado pronto me había alegrado, no la había visto al entrar y en un primer momento pensé que era para que mi madre o mi padre em vigilaran alguna noche, incluso para el gato, jamás pensé que sería para Madison.
Me senté en la cama mientras acariciaba a mi gato.
—Eres el único bueno en este lugar—comente mientras le acariciaba la cabeza, bolita, mi querido y hermoso gato, se acomodo en mis brazos mientras ronroneaba.
No me gusta el afecto humano, en ocasiones lo siento demasiado malo, es como si las cosas no fueran naturales, las personas convierten las cosas que deberían ser normales en algo malo, hacían que los niños tuviéramos que dar besos cuando no queríamos o que nos sintiéramos incomodos con extraños, no me gustaba que la gente me tocara, me hacían sentir demasiado mal.
Alguien estornudo en la puerta de mi habitación, interrumpiendo mis hermosos pensamientos reflexivos.
Levante la cabeza de mi peludo amigo para ver a Evan con dos maletas, una en cada mano y con cara de enfermo, era verdad, era alérgico a los gatos, era una pena pero no era algo que me importara.
—Agh, eres tú—dije al verle.
—¿Quién te ha regalado eso?—comentando entrando en la habitación para dejar las maletas encima de la cama.
—Eso tiene nombre, Bola de nieve—le aclaré haciendo que me mirara—Han sido mis tíos, y mis padres me han dejado quedármelo—comente.
Los demás datos no eran importantes para él, a nadie le importaba que mi madre quisiera torturarme.
—Me quieren matar—comento caminado hacía la puerta.
—Sería una buena forma de matarte—comente.
Evan me miro.
—Que me muera no hará que vuelvas a casa—me dijo.
Le mire.
Lo sabía perfectamente, Madison y Evan eran un extraño grupo, uno que no me gustaba, los dos cantaban juntos y hacían música, eran de lo más molesto, pero si mataba a uno aparte de ir a la cárcel, el que quedara vivo seguiría con la tortura.
—Lo se bien—le deje claro.
No soy estúpida, no necesito que él venga a aclararme nada, tengo las cosas demasiado claras.
—Deberías disfrutar y dejar de quejarte—comento Evan.
Le mire.
—¿Te molestan mis quejas?—le pregunte.
Evan me miro.
—Demasiado, Olivia—me llamo.
Le mire molesta, mi nombre no me gustaba pero tampoco mi segundo nombre por lo que usara el que usara tenía mis quejas..
—¿Sabes lo que si haría que volviera a casa?—le pregunte ganándome su mirada sería—Que renunciarais a esta tontería—comente.
Evan me miro.
—La música no es una tontería—rebatió,
—Claro que no, solo es una perdida de tiempo—dije.
Evan me miro molesto, pero más que eso creo que estaba sorprendida, puede que odiara la música pero jamás me había sincerado del todo sobre mi opinión.
—La música solo trae desgracias a la vida de las personas—añadí.
Evan me miro demasiado atento.
—Entiendo que lo que has vivido de niña no ha sido bonito—comento.
Le mire demasiado molesta, demasiado, no me gustaba para nada lo que estaba haciendo.
—Cállate—le ordene.
Evan me miro sorprendido.
—No voy a hacerlo, no puedes huir de las conversaciones cuando te dejan de gustar—me dijo.
Le mire demasiado sorprendida.
—¿Huir?—le pregunte molesta, estaba demasiado estresada, le mire—No tienes ni idea de lo que he pasado—le deje claro.
Me miro.
—Claro que lo se, Madison y yo también hemos vivido ser perseguidos por las cámaras—me dijo.
Le mire.
—No—le dije molesto—Tu no tienes ni idea de lo que yo he pasado—le deje claro, me miro sorprendido—Tú has tenido una infancia normal, tú has podido correr y ser un niño normal, tú has tenido una maldita vida, mientras que yo me pasaba los días en el hospital, y la gente se colaba en mi habitación sacándome fotos cuando peor estaba, a ti jamás te han violado la intimidad, jamás te han dejado desnuda ante todo el mundo—me queje.
Evan me miro sorprendido.
—Me hubiera cambiado contigo en cualquier momento, eso tengo claro, jamás he querido que pasaras pro nada de esto—me dijo.
Le mire.
—¿Y eso a mi de que me sirve?—le pregunte.
Deje al gato en la cama y me levante, me quite la peluca dejando verse mi pelo blanco por la falta de hormonas, le mire.
—Explícame a mi de que mierdas me sirve que te quieras cambiar conmigo, dime—le exigí.
Me miro en silencio.
—No quiero que te sientas aliviada, o que dejes de sentirte mal pero quiere que dejes de odiarme, quiero que seamos amigo, quiero que sepas que estoy de tu lado , no en tu contra—me dijo.
Le mire.
—Jamás he comprendido porque me odias, no hice nada para que me odiaras, solo me gusta la música, no me he puesto del lado de ellos, estoy de tu lado, jamás he estado en tu contra, joder, solo quiero hacer lo que me gusta—comento.
Le mire
—¿Que?—le pregunte demasiado sorprendido.
—Quiero que seamos amigos, quiero que me expliques porque mierdas no podemos ser amigos—dijo y le mire demasiado sorprendida—¿Por que mierdas me odias?—me pregunte.
—No te odio—le deje claro.
Evan me miro sorprendido.
—No os odio a ninguno de los dos—continúe, estaba mintiendo en cierta forma, sabía las cosas que tenía que hacer, tenía que hacer creer a las personas, al menos a Evan y Madison que tenían la intención de ser su amiga para que no mandaran a mi gato a la mierda, al menos hasta que mi madre cogiera cariño al gato y echarlo no fuera una opción—Solo que no me gusta la música—comente.
—Esa no es razón para tratarnos mal—se quejo.
Le mire.
—Pues lo siento, siento si tengo un maldito trauma porque cada vez que la música entraba mi vida, me la jodia—le dije.
Me miro.
—Una disculpas no son todo—comento.
Le mire.
—Eres un idiota inaguantable—me queje.
Evan me miro.
—Pero sigues luchando pro ganarse mi perdón—comento.
Le mire demasiado molesta, agarre un cojín y se lo lance, estaba demasiado molesta, no quería aguantar a este idiota, no quería tener que aguantar con las cosas que hacía la gente para tener amistades, no me gustaba tener que andarme con estas tonterías para que mi madre me dejara quedarme con el gato, cerré mis ojos.
—Empecemos de cerro—dije.
Todos se quedaron demasiado impresionados, cuando digo todos me refiero a Evan y Masison que acaba de entrar a la habitación.
—Este espacio es libre de Evans—comento Madison acariciando al gato.
Mire a los dos idiotas frente a mi.
Madison me miro.
—Me parece bien que nos demos una oportunidad, primita—comento Madison.
Tuve que hacer un enorme esfuerzo para no tener que volver loca pero sobre todo para no reírme porque enserio, estaban siendo demasiado idiotas e insoportables. Que nade me mal entienda, no tenía muchos problemas con los hijos de los amigos de mis padres, me parecían demasiado insoportables, eran demasiado insistentes con el hecho de que querían ser amigos míos pero sobre todo pero lo que más me molestaba era el hecho de que tuvieran el insistente sueño de ser estrellas de la música, si claro, era lo mismo que hacían mis padres y lo mismo que hicieron mis abuelos.
Pero que nuestra familia tuviera ese recorrido no tenía nada que ver, no tenía relación con el hecho de que me ellos tuvieran que hacer lo mismo.
—Intentémoslo—comento Evan sonriéndome.
Mire al frente, estaba demasiado molesta, las cosas me habían salido con la mía, me había salido bien pero que eso fuera así no hacía más fácil que quisiera tirarme por un puente porque hubieran aceptado que fueran mis amigos, lo odiaba, quería que dijeran que no para que las cosas me fueran más fáciles pero la vida no es fácil.