Capitulo 2

3910 Words
Una cosa de mi enfermedad es la falta de hormonas, por esa razón no tengo varias cosas importantes para vivir, no es que me vaya a morir pero si es verdad que soy diferente. A causa de mi enfermedad tengo problemas con la piel, es demasiado pálida, por mucho que tome el sol esta no queje color, que spoiler, no puedo tomar el sol, es una enorme mierda pero se me quema la piel demasiado fácil. Pero no solo era eso, tenía una enorme falta de melatonina que gracias a los avances me pudieron dar la suficiente de forma artificial para tener pelo en la cabeza pestañas y cejas, pero en lo demás, nada, que si, me ahorro en depilaciones pero me hace ser la niña rara del colegio, como siempre. Mi pelo es demasido claro, parece casi blanco pero es de un rubio claro, tirando a blanco, dinero que me ahorro en tintes para que mentir. Por otro lado mis ojos son azules, si pero son muy claros, demasiado, en ocasiones parecen más blancos que azules para que mentir.  En primera clase, no había asientos, solo en el aterrizaje y despegué el resto del tiempo si lo deseabas, la zona en la que estabas se volvía una cama pero no solo, sino que se podía cerrar incluso la cabina en la que estabas. Una vez despejamos me hice la cama y me tumbe para ponerme la maquina, me dolía demasiado la boca como para hacer el esfuerzo de tener que hablar o comer, y esta maquina me daba un respiro, aunque no iba poder usarla mucho, me estaba arriesgando mucho pero espero que con el cambio horario las cosas mejoren y no me afecte tanto, sino una noche en el hospital. La maquina es la que me pongo en las noches, hace lo mismo que se haría en dialisis, pero con las vitaminas y hormonas, las mete en mi cuerpo y saca lo que mi cuerpo no expulsa, células muertas y demás. No me la puedo poner mucho tiempo ya que sobre carga mus organos, tengo suplementos alimenticios, medicamentos y demás tratamiento que son mejores pero en un viaje tan largo las cosas no son tan faciles. Necesito tranquilidad, no preocupaciones. Por mucho que el mundo haya mejorado en muchos aspectos, hay otros en los que no evolucionamos, en los años treinta se centro tanto en evitar que se acaba el mundo, en hacer que la contaminación se redujera que se dejo las mejoras en otras cosas para otros momentos, creo que son cosas que no se harán no porque no quieran sino porque hay avances que no se ven necesarios, pero yo creo que pasar de un punto al otro del mundo en dos horas, sería un gran avance.  —¿Que tal te encuentras?—escuche la voz de Evan. Había decidido ignorarle, me había propuesto no hacer caso a ninguno de sus comentarios, estaba tranquilamente meditando mientras pasaba los dolores por mi maquina, esto lo hacía dormida y sedada para no pasarlo tan mal, pero bueno, me aguanto, por tonta. —¿Hace ruido la maquina?—le pregunte en respuesta. No lo hacía, y si lo hacía no me importaba una mierda que le molestara, solo quería cerrar mis ojos y descansar, dejar de pensar y estar tranquila en el largo viaje de más de doce horas que me esperaba, no solo a su lado, sino que en general en el avión. —¿Puedes estar mucho tiempo con la maquina?—me pregunto. Le mire impresionada, no estaba respondiendo a ninguna de mis preguntas por no decir que las estaba evitando con gran intensidad, muy majo él. —No has respondido a ninguna de mis preguntas—le avise. Evan me miro tranquilo, se quito uno de sus cascos inalambricos y me lo ofreció. —Ni tu a las mias—me aviso. Le mire, —No escucho música—le dije. Me miro. Odio la música de formas que nadie puede imaginar o preguntar, no es algo que me haga sentir comida, lo odio, odio la forma en la que la gente vive por ella como si nada más importara como si solo la música pudiera mejorar el mundo cuando no era así, la música no mejoraba el mundo, era un cáncer, la gente te acosaba, te perseguía por la música, cuando era pequeña no les importaba que estuviera en el hospital, con mil tubos o con una pierna rota, la gente les perseguía, me perseguía a mi sin importarles lo que sentía, era demasiado cruel, odiaba la música. —Es la nueva canción de tu madre—me dijo. Mi madre padecía la misma enfermedad que yo pero en su caso era mucho menos grave, por mucho que se pudiera quedar de pie un tiempo, sus conciertos no eran un lugar en el que la gente bailara como loca o en el que ella tuviera esfuerzos, eran un baile poetico, demasiado en ocasiones. —No me importa—le deje claro. No escucho nada de música, por mucho que ame a mis padres no escucho sus canciones, no niego que antes las cosas eran diferentes, hace unos años aunque sea escuchaba su música pero con los años fui odiando cada vez la música, no es solo lo que significa, lo que hace la música en la vida de la gente, no es solo que vuelva locos a la gente sino que, altera a la gente, y perjudica mi vida. Mis padres, sobre todo mi padre deja de ir a cosas del colegio por estar en un concierto o por estar ocupado con algo de la música, mi madre es menos porque no saca canciones tan seguido como mi padre pero es horrible salir a dar un discurso y que nadie vaya, que estés sola, las palabras son lo mejor que tenemos y la gente no para de complicar las cosas, no me gusta lo que la música significa en mi vida. —Eres demasiado dura—me dijo Evan. Negué, me estire con cuidado moviendo la maquina conmigo, le di la espalda, no le quería hablar, no quería tener que explicarle como de mal lo pasaba cuando me tenía que poner me la maquina, me hacía demasiado mal, aunque me ayudaba en todos los sentidos me hacía no tener que comer durante varias horas.  Lo agradecía pero en ocasiones  no se si el dolor merecía la pena pasar por esto con tal de no comer, en ocasiones lo dudaba pero era demasiado complicado como para tener que explicarlo. —¿Te hace daño?—me pregunto. Le ignoré, no le tengo que empezar a explicar mis problemas médicos y el dolor que me provoca, esta endemoniada maquina porque los medicos no saben hacer una que duela menos, enserio son un dolor de cabeza constante, lo odio con todo mi ser. —Edla—me llamo. No dije nada, no es que estuviera muy acostumbrada a que me llamara por mi primer nombre,  era algo que la gente cuando era pequeña usaba mi primer nombre, el primer nombre que significa princesa, todos me ponían en los titulares como la princesita, no tenía un mal comportamiento, no es que fuera una persona que armara espectáculo, es más intentaba siempre ser educada y buena para que nadie me dijera nada, desde muy pequeña he sido consciente de que mis padres eran famosos, todos esperaban cosas de mis padres, mi madre era hija de estrellas, nieta de estrellas muy importantes, mi vida siempre estuvo expuesta, mi madre también le paso pero ella lo llevo de otra forma, mi familia siempre ha estado expuesta a eso, a que la gente la siguiera, por lo que siempre tuve cuidado con lo que hacía, era demasiado complicado todo, no quería que la gente me pudiera juzgar lo que hiciera aunque ya lo hacían por poco que hiciera, era horrible. —Olivia—me llamo. Le mire, no quería tener que explicarle las cosas, aunque no estaba acostumbrada a que me llamara por mi  nombre, aunque sea el segundo no es por lo que voy a comerme la cabeza, él siempre me llamaba Liv o algún apodo raro, que solo el comprendiera, pero para que mentir, era más agradable eso que llamarme por mi nombre completo, nombre que odiaba. Le ignoralo, puede que en ocasiones el supiera cual era mi punto débil pero no tenía ganas de demostrárselo. —Liv—me llamo. No le mire. Evan paso su mano  por mi pierna, me tense, estaba demasiado incomoda, no me gustaba que me tocarán, mi enfermedad me hacía muchos daños, me salían moratones con demasiado facilidad, me costaba demasiado curarme de heridas que los demás lo harían de forma más sencilla. Todo era demasiado complicado en mi vida, era demasiado frágil por lo que odiaba que me tocaran porque siempre terminaba con heridas, De pequeña siempre terminaba golpeada al salir de agún lugar donde había mucha gente, deje de ir a los conciertos por eso. Me aleje de él. —Nada de contacto físico—dijo. Era mi norma, él la sabía bien, no me gustaba el contacto físico. Mi enfermedad me hacía sentir débil, me hacia ser demasiado  fría con la gente, no me gustaba que la gente entrara en mi vida, no para ver que la gente entraba en la vida y quería ser parte de tu vida, quería entrar en esta de formas que yo no me podía permitir, me salen moratones hasta si me golpeo con la silla por lo que, abrazar con alguien era demasiado horrible, para mi y para la otra persona así que, no era algo que me planteara, eso de tener relaciones con la gente, aparte de mis padres. Mire a Evan. —No se porque tengo que recordarte mis normas—le dije molesta. No es que fuera una borde.  Me preocupaba mi salud, por lo que siempre intentaba evitar encariñarme con la gente, era demasiado doloroso saber que iba estar mucho en el hospital, y no es algo bonito, no es bonito ver a la gente que quieres o te importa llorar por ti, cuando estoy en el hospital yo no siento nada, estoy casi siempre sedada por lo que yo no se lo que pasa, me niego a que la gente sufra de forma innecesaria, las relaciones humanas no eran algo necesario, no éramos seres sociales, eso eran mentiras que se decía la gente para justificar su necesidad de atención, cosa innecesaria, yo me quería suficiente a mi misma, no necesitaba a nadie, a nadie en mi vida que me dijera lo maravillosa que era, era un puto desastre y para mentirme tenía a mis padres. —Porque me importan bien poco—me dijo. Le mire de reojo. —Pues mira que a mi tu opinión me importa menos—le dije. —Soy parte de tu vida, tendrás que aguantarme—me dijo. Le mire. —Evan, tú no eres parte de mi vida, eres el hijo de los mejores amigos de mis padres, nada más—le deje claro. Evan me miro. —Que odies la música no tiene que hacer que nos odies a Madison y a mi—me recrimino. Le mire. —Si te crees que te odio porque toques la guitarra, eres más idiota de lo que pensaba—le dije. Evan me miro. —Se me olvidaba que eras mucho para nosotros—me dijo. Le mire. —Mucho no, mejor—le corregí. No es que me creyera mejor que ellos, no creía que nadie fuera mejor que nadie pero tenía claro que no quería a nadie en mi vida por lo que si debía ser una cabrona para facilitarme las cosas, lo iba a ser. —Eres muy pesado, deberías haber asumido ya que no te quiero en mi vida—añadí. Cerré mis ojos, como si las cosas no me importaran pero en realidad solo quería que se fuera y me dejara tranquila, pero no le iba decir la razón, Evan me caía mal, era un idiota con cara bonita que creía que por eso tenía más derechos que los demás, no le aguantaba, dudo que pueda conseguir todo aunque tenga la sonrisa más bonita del mundo, cosa que no la tiene. Evan salió de los asientos molesto, lo supe por el golpe que dio, no me dijo nada, ni abrí los ojos solo escuche como cerró la puerta de forma molesta. Suspiré. —Eres demasiado fría con el pobre chico—. Abrí mis ojos para ver a mi madre, se sentó donde unos segundos antes estuvo Evan para revisar la maleta y las medicaciones, creo que eso era solo algo que hacer para hablar conmigo. —No le soporto—me queje. Mi madre me miro. —¿Y eso por que?—me pregunto. La mire. Mi madre no me había preguntado nunca porque odiaba a Evan o Madison, son cosas que ella me dejaba a mi con mis cosas, no lo juzgaba, era como si no le importaba pero obviamente lo hacía, creo que nunca supuso que eso sería problema pero es que ahora, íbamos a vivir juntos, porque cambiar de ciudad si pero seguía con el plan de que viviéramos todos juntos para que trabajaran mejor y para torturarme mejor. —Se cree que por tener cara bonita lo tiene todo hecho—me queje. Mi madre paso sus manos por mi peluca y me miro. —Deberías probar a no usar las pelucas ni lentillas—me dijo. La mire. —¿Enserio mama?—le pregunte sorprendido. Me miro. —Cariño, ahí nadie te conoce, nadie va juzgarte nada—me dijo mi madre. —Me juzgan todos—me queje, mi madre me miro—Todos me analizan todo lo que hago en las noticias, en las r************* , por lo que ir así no es una maldita opción—le aclare algo molesta. Le quite la peluca de su mano y me la coloque. —Se que los medios son duros—me dijo. La mire. —A ti no te han sacado fotos hasta ingresada, no quiero seguir siendo humillada—le dije. Mi madre me miro. —Yo también comencé odiando a tu padre—me dijo mi madre y la mire, se tumbo a mi lado y me tumbo con cuidado para que me apoyara en su pecho, lo hice. Le mire. —Ya se la historia mama—le dije. Mi padre había dedicado muchas canciones a contar como termino con mi madre por no decir todas las veces que me lo contaba como loco, era uno de sus mayores orgullos.  Mi madre paso su mano por mi pelo y le mire. —Me parecía que tu padre era un idiota que solo tenía una cara bonita—me dijo. Le  mire. —¿Te parecía guapo?—le pregunte. Mi madre me miro. —No, pero sabía que todos estaban detrás de el por lo que debía ser guapo—comento, la mire impresionada. Mi madre no es una persona que contará la versión de como se enamoro de mi padre, no hablaba mucho del tema creo que porque ella no se dio cuenta de que se enamoro, sino que un día le paso, creo que mi padre siempre fue consciente pero ella no, por lo que no puede contar bien la historia. —¿Podemos no hablar?—le pregunte. Mi madre paso su mano por mi pelo. —Cerrarte al arte no es lo mejor que has podido hacer—me dijo y le mire. Era verdad que  no me gustaba que me miraran, odiaba ser el centro de atención, odiaba que me miraran, odiaba que la gente se figara en mi, lo odiaba con todo mi ser por ello, aunque fuera hija de estrellas odiaba que me miraran. No me gustaba las cosas, no me gustaba que me miraran por lo que no hacía cosas que pudieran poner los focos sobre mi, nada de artes, la música ya era algo que no me planteaba, la odiaba, odiaba en la forma en la que me hacía sentir, no pintaba ni hacía nada artístico porque me mirarían, los deportes estaban totalmente prohibido, estaba claro, aparte de que era demasiado patosa, tenía una enfermedad, una que me impedía demasiado hacer algunas cosas por lo que no era algo que jamás me plantearía, y no es que fuera la persona más lista del mundo, por lo que no me costaba nada aprobar pero no sacaba dieces, así que no me humillaban por las malas notas ni me molestaban por las buenas. —Mama—le dije cansada. —Vale—se limito a decir mi madre para que no siguiera discutiendo con ella, suspire. Vivir con artistas es algo demasiado complicado, todos te miran por estar con ellos, nadie cree que la relación que tienes con ellos es real, todos creen que buscas algo, decirme que va buscar una niña de sus padres, solo amor y cariño pero no, para los periódicos era un parasito que destruyo la carrera de su madre. —Ellos solo quieren ser tus amigos—me dijo mi madre. La mire. —¿De quien hablas?—le pregunte sorprendida. —Madison y Evan—comentó mi madre tranquila. La mire sorprendida, estaba demasiado sorprendida porque me hablara de ello, mi madre jamás me ponía peros en mis decisiones pero estaba claro que ella quería que fuera amiga de Evan y Madison, eso les harían las cosas mucho más fácil. —No quiero tenerles en mi vida—le avise. Mi madre me miró. —¿Por que?—me pregunto, Mire a mi madre, —No quiero hablar del tema—me queje. Mi madre sabía perfectamente porque quería que las cosas fueras así, mi madre sabía porque creía que no debía tener a nadie en mi vida. —Creo que deberías dar la opción a otras personas a decidir eso—me dijo. Le mire. —Mama, déjame—le dije. No dio nada, se dedicó a pasar sus manos por mi pelo, tranquilamente como si me quisiera dar el tiempo suficiente para que hablara, para que le hiciera caso pero, pero no quería cambiar de opinión, es que no podía hacerlo, ya estaba demasiado complicada la cosa para meterme en más complicaciones, no quería eso. Me dormí, lo agradecí porque no querría tener que lidiar con mi madre, no me gustaba las cosas que me hacía sentir el pensar en que tenía que cambiar la vida, esto era demasiado horrible, no me quería sentir así, no me gustaba el tener dudas, creo que nadie tenía las cosas claras pero es que yo esto lo tenía demasiado claro, no quería amigos. Dormí el resto del viaje, fue lo mejor que pude hacer, así no tuve que lidiar con nada más, odio con todo mi ser enfrentarme a las cosas, no me gustaba tener que lidiar con las cosas, al menos no con las complicadas, bajamos del avión, no tuve que coger nada, una persona de la seguridad de mis padres se había encargado de coger todo por lo que solo tenía que salir. Pude escuchar los gritos incluso desde lejos, la gente estaba esperando a mis padres y sus amigos, no me gustaba, lo pasaba demasiado mal cuando venían al aeropuerto a verles, no me gustaba, tardábamos demasiado, la gente no respetaba nada, eran demasiado malos en ese sentido. Suspiré. —¿Quien mierdas les ha dicho cuando llegabamos?—pregunto mi padre, estaba molesto, se le notaba bastante alterado. Mis padres sabían muy bien lo que me molestaba esto, mi madre se puso a mi lado y me abrazo acariciando mi brazo, me apretó en su pecho, me iba salir un moratón pero no me importaba, solo quería salir de ahí sin mucho problema. —Creo que lo han averiguado, no salían muchos vuelos hoy de Sydney—comento Madison. La mire sorprendida. —Claro, como esa gente es super lista—me queje. Madison me miro. —Es solo investigar y sumar datos, no creo que les cueste mucho, no hay muchos aviones muchos posibles destinos—me dijo Madison. La mire. —¿Y tú cómo sabes eso?—le preguntó mi tío Ethan a Madson. Le mire. —Es lo que yo haría—comentó Madison. La mire. —Una psicopata como todos ellos—comente. Mi tío Ryder me fue a golpear pero mi madre le agarro la mano. —A mi hija no le das tu—comento mi madre—No le puedes pegar porque si, menos cuando sabes que le puedes hacer mucho daño—comentó mi madre. Le mire. Suspiré, vale podía ser demasiado mala para que mentir. —Vamos ha hacerlo ya,—dije y todos me miraron—Yo me agarro a Ashton—dije señalando a uno de los guardias—Que el me lleve para que no me hagan daño, y vosotros hacéis eso de famosos—le dije a mi padre. Todos me miraron. —Agarrala bien, como si fuera lo más preciado de tu vida, como le pase algo, te destipo y te mato—le aviso mi padre al pobre señor. Le mire impresionada. Ashton se acerco a mi y me agarro poniéndome encima de sus hombro como si fuera un saco, de pequeña me llevaba en una especie de canjuro pero hacía mucho que no entraba en uno de ellos por lo que se inventaban soluciones. —Vamos—dije. Mientras el ayudante de mis padres lleva las maletas yendo el primero, Ashton me llevaba detrás de él en silencio mientras que los demás hacían el espectáculo, me hice la dormida, para que la gente no creyera que era una borde pero es que me caían demasiado mal, solo sabían criticarme por no querer hacerme fotos, no es por mal pero es que yo no era la famosa, yo era una persona que quería vivir tranquila. Ashton me sentó en el coche mientras metían las maletas y esperaban a que mis acompañantes terminaran. Les espere por casi dos horas, los odie por toda mi vida. Suspire. Llegaron al coche y se subieron, no les hice caso, les ignore y no solo eso, sino que me dedique a mirar el móvil molesta por lo que me habían hecho, me habían hecho esperar demasiado solo por unas personas que jamás volverían a ver, pero es que a mi no me hace nada de gracia tener que esperar, menos cuando era yo a quien iba tener que aguantar a diario. No me hablaron, sabían que estaba enfadada y lo mejor era dejarme en paz. Llegamos a un edificio, uno que iba ser nuestro, solo nuestro, tenía un aparcamiento con muchos coches, tenía diez pisos cosa que era demasiado impresionante, en la primer planta había una recepción, la sala donde todos los de seguridad estaban, y algunas salas de reuniones para la gente con la que se reunían mis padre, el segundo piso tenía una enorme biblioteca y sala de artes, había piscina, sala de música, estudio y todo lo que necesitaramos, menos tiendas por lo que podemos vivir sin salir de ahí. Idiotas. Esto iba ser unos meses muy largos, porque si alguien pensaba que me iba quedar más de un año, estaban locos.
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