El amor puede matarte, la prueba más clara de ello son romeo y julieta, dos personas que se enamoraron y murieron por ello, es verdad que hay muchas historias que cuentan la parte hermosa, la bonita de las historias de amor pero nadie nos cuenta la parte triste del amor, cuando este no era correspondido o cuando este era tan amlo que mataba a personas, estaba bien que la tele nos intentaban animar y desear querer tener las cosas más bonitas del mundo pero eso no lo era todo, había demasiadas cosas que no se contaban, el pasar tu vida enfermo, el no querer amar por miedo a que las cosas dejen de estar bajo nuestro control, nadie contaba eso, todos se dedicaban contar lo bonito de la vida, hasta las canciones tenían esa idea, la única persona que sabía por mi madre que contaba las miserias de las cosas tristes, esa era Taylor Swift, una mujer demasiado poderosa, mi madre y mi abuela la adoraban, creo que en muchas ocasiones me ponían sus canciones como nanas, creo que puede ser la única artista a la que podría escuchar pero no lo iba ha hacer, pero de todas formas, todo era una mierda, no me gustaba la vida, creo que hay personas que han venido a la vida solo para hacer que algunas personas se sientan mejor con las desgracias ajenas de las personas menos afortunadas.
Hay gente destinada a hacer cosas grandes, y otras que están destinadas a ser desgraciadas, yo era del segundo grupo.
Nací con 28 semanas, demasiado pronto para cualquier vida, mi abuela me dijo que si hubiera nacido hace cuarenta años seguramente hubiera muerto, pero por suerte en la época en la que estábamos, en pocas ocasiones un niño iba poder morir, ojala me hubieran dejado morir, vivir atada a la fragilidad de la vida era demasiado complicado, odiaba con todo mi ser vivir así, entre la vida y la muerte de forma constante, mi vida era un conjunto de fragilidades y no me gustaba, lo único fuerte era mi personalidad y desde que estábamos en este maldito país se estaba volviendo débil.
Todo era una mierda.
Me pasé los siguientes dos días durmiendo casi todo el día, estaba demasiado cansada, apenas tenía fuerzas para nada, no podía estar de pie por mucho tiempo, tuve que alimentarme a base de líquidos, me dolía tanto la garganta que apenas podía hacer nada, apenas podía respirar ni tragar.
Mi madre entró en la habitación, caminando con un bol de sopa.
Me tapé la cara con una manta.
—¿Que tal?—me preguntó mi madre.
No dije nada, me quede en la cama en silencio, no me quería mover de la cama, no quería moverme, quería morirme, me dolía tanto cada parte de mi cuerpo que no veía motivos para estar de pie, todo se estaba complicando, me dolía incluso el pelo, por eso llevaba dos días sin ducharme, no me había movido de la cama casi ni para mear, me había puesto un pañal y ya, era asqueroso pero me sentaba demasiado mal, lo único bueno que había en esto era me había quedado sola en la casa, ya que por mi salud lo mejor era estar sola.
—Como la mierda—le deje claro cuando encontré las fuerzas suficientes para hablar.
Mi madre me miró, se sentó en la cama y pasó su mano por mi pelo.
—El médico debe llamar en unos minutos para dar los resultados de tus pruebas—me dijo.
Le mire.
Me intente sentar en la cama pero me dio tal ataque de tos que tuve que volver a tumbarme.
—Lisi—llamó mi padre a mi madre.
Mi padre no entró a la habitación, se quedó fuera, mi madre le miró extrañada pero no dijo nada, se entendieron con la mirada y mi madre salió a hablar con mi padre.
Me quede demasiado extrañada, con todas mis fuerzas me senté en la cama, no se como lo hice pero me senté en mi cama para mirar a mis padres.
—Mamá—la llamé.
Mi madre me miró con los ojos tristes.
—¿Que pasa?—le pregunté.
—Tu cuerpo a dejado de crear defensas—comento mi padre, me quedé blanca, era una de las cosas que los médicos me comentaron que podía pasar pero no pensé que pudiera pasar, los medicos siempre me decían que mi enfermedad estaba destinada a matarme lentamente provocando fallos en mi cuerpo, por mucho que las cosas avanzarán a nivel médico y tecnológico, si no daban con una cura, nada iba a salir bien, mis padres daban mucho dinero para ello pero nunca era suficiente.
Mis ojos se aguaron.
—Mamá—la llamé, totalmente perdida.
Era cierto que me quería morir pero no de esta forma, quería controlar ese aspecto de mi vida, no pude controlar el inicio, en ocasiones no controlo nada pero el final es algo con lo que puedo, puedo controlarlo y que termine así, cuando al destino le dé la gana, me da rabía.
—Debemos aislarte—me dijo mi madre.
La mire.
—No puedo vivir así—me queje.
Mi madre dio un paso para entrara a la habitación, sabía que me iba a abrazar, ella lo quería pero mi padre la paro, no dejo que viniera, porque ahora mismo cualquier contacto, cualquier infección, me iba a matar, era un de esas niñas burbuja en estos momentos, mi cuerpo no era capaz de gestionar las hormonas y ahora no podía crear defensas. mi cuerpo me estaba dejando tirada en esto de la vida, y era una mierda.
—Edla, ten claro que no vamos a permitir que mueras, eres lo mejor de nuestra vida y pase lo que pase, lucharemos contigo—me dijo mi padre.
—Pues deberiais—le grite y los dos me miraron, pero no podía tenía mis ojos llenos de lagrimas—Odio mi vida—les deje claro.
Mis padres me miraron demasiado preocupados, nunca les había dicho lo descontenta que estaba con mi vida, quizás nunca lo había estado tanto como ahora, todo se estaba complicando y se iba a complicar más, no se si estaba lista para esta batalla,
—La vida es dura, pero ten claro que no estas sola en ninguna de tus luchas—me dijo mi madre y la mire—No puedes rendirte, necesitamos a alguien que revolucione el mundo en todos los sentidos y eres la única que puede hacer eso, así que lucha porque aunque las cosas ahora se vean mal, van a mejorar, lo prometo—me dijo mi madre.
La mire.
Puede que las cosas fueran a peor o mejor, pero quizás mi madre tenía razón en una cosa, debía luchar, ellos dieron todo por mi y quizás me tocaba esta vez a mi dar todo por ellos, dar hasta mi vida.