No me gusta ir de compras.
Bueno, realmente no me gusta nada que implique estar con más personas.
No odio a la humanidad, no a toda al menos, mi madre y mi padre me caen bien, mis tíos biológicos también, sin olvidar a mis abuelos, ellos son para mi lo más importante de mi vida pero es que el resto del mundo me parece demasiado iguales, una copia de una copia, y eso es lo que no me gusta. Soy la primera que odio la originalidad y la gente que va de diferente pero la gen te que actúa igual a los demás me cansa, me cansa que te hablen cuando no te conocen o que me miren, la gente es demasiado molesta.
Caminamos por el centro comercial mientras Evan agarraba mi mano con fuerza, como si me fuera a caer o cualquier cosa.
Me molestaba, pero mi vergüenza social eran mayores por lo que no iba montar una escena aquí cuando todo el mundo nos podía ver.
—Por dios, tenemos que entrar a esa tienda—grito Madison señalando una tienda de discos.
—Ni en broma—le deje claro.
Los dos me miraron.
—Somos mayoría—me aviso Madison y la mire.
—¿Crees que me importa?—le pregunte sería—Me haces entrar ahí y te aseguro que vas a pasar los peores meses de tu vida—le dije seria.
Tenía un historia familia bastante enorme, todos sabían que era demasiado capaz y competente en las bromas, en hacer que la gente lo pasara mal por lo que debían dejarse de tonterías, mi abuela enamoro a mi abuelo a base de bromas al igual que mi madre a mi padre, estaba claro que si alguien era genial para molestar a los demás era yo, yo era la maldita diosa de las bromas por lo que debían respetarme, era la que podía con cualquiera, lo decía mi genética.
—Te recuerdo que tenemos la misma historia familiar—me aviso Evan, le mire sorprendida—Si haces algo, yo lo haré el doble y te aseguro que todos saben que no eres una niña buena—me dijo.
Le mire seria.
No era una niña buena, ni quería aparentar serlo, no quería serlo, era como era, no me daba vergüenza mi mal humor, ni las cosas que odiaba o amaba, no me daba nada de vergüenza mi forma de ser, era una mujer fuerte y con gran poder, no tenía que tener vergüenza a nada, era una tontería, era poderosa y siempre conseguía lo que quería por lo que no me daba vergüenza mi fuerza.
—Vamos a entrar a la tienda de discos—me dijo.
Evan me agarro de la cintura pegándome a él, me incomodaba, quería agarrarle y matarle, quería ahogarle y dejar su cuerpo expuesto en un lugar donde se congelara de frio, quería gritar y pegarle pero no podía, mi pánico a que la gente me viera y me sacara fotos era mucho mayor a cualquier cosa, me aterraba salir en las noticias, que la gente hiciera como cuando era pequeña, exponer cada parte de mi sin importarles que fuera.
Evan me arrastro detrás de Madison, hacía la tienda de discos, intente hacer fuerza en mis pies para que no se movieran, pero no solo era que yo era mucho más débil que él, por lo que con poco esfuerzo pudo moverme y meterme a la tienda de discos, le odiaba con todo mi ser por hacerme esto, no me gustaba tener que estar haciendo esto porque a ellos les diera la gana pero me iba a vengar, de la forma en la que fuera.
Al entrar en la tienda, Madison camino por la tienda buscando diferentes cosas, como si no tuviera discos suficientes para escuchar durante el resto de su vida, pero parece ser que no se iban a cansar de coleccionar cosas, cosas inútiles, enserio me ponía demasiado nerviosa que no pararan de coleccionar.
Evan me soltó la mano para mirar unos vinilos que no iban a servir de nada.
Cerré mis ojos cansada, cuando me calme me dedique a pasear por la tienda, había demasiadas cosas de música, estaban los discos de mis padres, mis abuelos, y alguno de gente que ellos ayudaron a construir su carrera, agarre el ultimo disco de mis padres para mirarlo.
Odiaba la música por lo que ella me hizo vivir pero eso no quitaba el que supiera el gran talento que mis padres tenían, o el de mis abuelos, que no escuchara música no estaba atado a que fuera una idiota e inculta, sabía lo que hacían mis padres, no escuchaba sus canciones pero sabía cual eran, sabía los premios que habían ganado y tenía claro lo que hacían, no era tonta.
Pase mi mano por uno de los discos de mi padre
—Deberías comprarlo, les haría ilusión—me dijo Madison.
La mire.
—No voy a gastar mi dinero en eso—le deje claro.
Me miro.
—Sabes no todo en el mundo gira en torno a ti—comento Madison.
La mire.
—No lo digo por eso, tengo copias de todos los discos de mis padres y de mis abuelos—le dije.
Madison me miro demasiado sorprendida.
—Odio lo que implica la música, lo que hace la gente por ella pero apoyo a mis padres—le deje claro.
Madison me miro.
—Por tu actitud no pensé que les apoyaras—me dijo.
Le mire.
—No os apoyo a ti y Evan, me parece que vuestra carrera es una perdida de tiempo que solo arruina mi tiempo, y mi paciencia, pero mis padres tienen talento, demasiado—le deje claro.
Madison me miro.
—No nos has escuchado—se quejo mi prima.
La mire.
—No necesito escuchar para saber lo que pasa, no necesito eso para tener esa habilidad de saber quien puede triunfar y quien no—comente.
Madison sorprendida, no dijo nada, solo me miro analizando lo que estaba diciendo, pero la cosa era así, tenía un sexto sentido. tenía ese sentido que me hacía saber si alguien iba poder triunfar o no, creo que mis abuelos siempre estuvieran ligados a la música y luego mis padres ayudaba demasiado.
—¿No crees que podamos?—me pregunto.
La mire.
—No voy a meterme en eso, tengo mis teorías, pero intentarlo, siempre vais a tener el dinero de vuestros padres para vivir—comente.
Madison me miro.
—Tú estas en la misma situación—se quejo.
La mire por lo que me estaba recriminando pero lo comprendía la había atacado y estaba molesta, era normal.
—Yo se que lo hago, se que vivo de ellos porque no puedo hacer mucho más pero vosotros aún no lo habeís aceptado, y yo hace tiempo que lo hice—le dije.
Madison no respondió, se quedo en silencio mirándome como si hubiera dicho algo malo, pero en realidad no había dicho nada malo, las cosas eran así, mi salud no me permitía dedicarme a muchas cosas por lo que iba a vivir de mis padres todo el tiempo que me fuera posible vivir, yo lo sabía pero ellos se aferraban a un sueño imposible.
Mire como Evan estaba ligando con una chica y sentí que era mi momento para empezar a hacerle sufrir por lo idiota que estaba siendo.
Me acerque a Evan y le abrace.
—Hola amor, siento haber tardado, es que me he encontrado con una conocida—le dije y bese su mejilla.
La chica se quedo blanca.
—¿Sois pareja?—pregunto la chica demasiado nerviosa.
—Desde hace varios años—respondí fingiendo felicidad—Ahora solo espero el día en el que me pida matrimonio—le dije.
Evan me miro.
La chica miro a Evan algo asustada.
—Siento haberte molestado—dijo para irse corriendo.
Evan se soltó de mi agarre y me miro.
—¿A que ha venido eso?—me pregunto sorprendido.
Le mire.
—Si yo no puedo disfrutar, tú tampoco lo harás, que te quede claro—le deje claro.
Evan me miro sorprendido.
—¿Y fingir ser mi novia es la solución?—me pregunto.
—Es divertido que si yo no puedo estar con mis amigos tu no estés con nadie—le deje claro.
Evan me miro.
—Creo que no te das cuenta que lo poco que me importan las demás chicas—comento.
Le mire.
—Claro, como te importa alguien más que tú—comente.
Evan no dijo nada y miro a Madison.
—¿Has terminado?—le pregunto Evan a Madison quien se coloco a mi lado y asintió—Pues nos vamos a por las cosas del gato—comento Evan
Camino saliendo del lugar sin decir nada, mire a Madison que no dijo nada, solo se encogió de hombros para salir detrás de Evan.
—Menudo par de idiotas—me queje para salir con ellos.
Estaba demasiado molesta, pero no iba a empezar a armar una escena ahora, tenía cosas mejores que hacer.