Capitulo 8

1902 Words
Lizzy estaba preocupada, las cosas con Erick aparentemente estaban bien. Él seguía siendo un amante maravilloso y preocupado, se desvivía por complacerla en todo, sin embargo, la última semana lo notaba tan ausente. Hacían el amor, compartían, pero Erick siempre estaba en la luna, tan ausente y ajeno que le aterraba. Conocía a Erick Snowden desde que eran adolescentes, la atracción entre ellos fue casi inmediata y bastó un par de salidas para que él le pidiera ser su novia. ¿Qué había cambiado en ese tiempo que ella estuvo fuera del país? ¿Acaso había conocido a otra mujer? ¡No, pensar en aquella posibilidad era un auténtico disparate! Erick, siempre demostró ser fiel y correcto, desconfiar de él resultaba rotundamente absurdo. —Lizzy, ¿qué te pasa? —Agustina, quién estaba sentada frente a ella comiendo un trozo de pastel de fresa, la observaba preocupada. Ambas eran muy buenas amigas y estaban disfrutando de una taza de té aromático y un delicioso trozo de pastel en la fina cafetería del centro comercial. —He estado hablando durante un buen rato y estás tan ausente. —Lo lamento Agus, es que estoy preocupada —alzó el rostro y fijó su mortificada mirada en la de su amiga. —¿Problemas con Erick? —Alzó una de sus cejas mientras distraídamente jugueteaba con el tenedor y una fresa —No sé cómo definir lo que pasa, Erick se a portado muy bien. Ya sabes cómo es, pero lo siento ausente, a pesar de complacerme y preocuparse de mí lo siento distante. —Deja escapar un prolongado suspiro —después de hacer el amor se queda callado, con la mirada perdida, siento que piensa en alguien más. —Ahora que lo mencionas, también lo hemos notado extraño. —Toma una de las manos de Lizzy y la aprieta suavemente. —No sé si realmente sea que piensa en alguien más, quizás está teniendo problemas con su padre... Bien sabes que ese hombre lo presiona demasiado, además está preparando su tesis y eso lo tiene muy estresado. —Debe de ser eso, lleva una carga demasiado pesada y solo es un hombre de veintidós años. El señor Snowden siempre le a exigido de más. —Le dedica una sonrisa desganada a su amiga. —Lo importante Lizzy, es que ahora te tiene nuevamente a su lado para apoyarlo. Erick siempre a estado tan enamorado de ti, esta vez no lo arruines. —No, no lo arruinaré. Ese tiempo lejos del país comprendí que lo amaba y que no necesito a otro hombre. —Hizo un ademán para llamar la atención del mesero y el hombre inmediatamente les entregó la cuenta. —Yo pago, querida —sacó la billetera de su bolso y pagó con su tarjeta black. —Ahora recorreremos todas las riendas y escogerás un vestido hermoso y sensual para que uses en la fiesta del sábado. —Agustina se puso de pie y dió pequeños brinquitos en su sitio mientras aplaudía con la punta de sus delicados dedos. —Si, me compraré un vestido rojo, a Erick le encanta ese color. —Pese a seguir preocupada por el silencioso distanciamiento de su novio, decidió animarse, Agustina lo conocía aún mejor que ella misma y de seguro se estaba preocupando por nada. ••• Deivis llegó a casa, sus extremidades temblaban a causa de los nervios y el intenso dolor de cabeza lo estaba volviendo loco. Aventó la mochila en el piso de la sala para luego aventarse en su cama. Quería llorar, gritar, romper todo a su paso y luego aventarse por la ventana del edificio. Se sentía frustrado, enojado, desesperado y completamente roto. Necesitaba a Erick, necesitaba sus caricias, sus besos, la manera en que le hacía el amor. Necesitaba embriagarse de su aroma, de su maldita presencia. Necesitaba las escasas migajas a las cuales Erick lo había acostumbrado. Era mejor recibir migajas a no recibir nada. Una risa ronca y enojada escapó de sus labios, era tan patético pensar de ese modo y aún consciente de eso, seguía anhelando la presencia del otro hombre. Tomó su teléfono celular y entró a las r************* . Erick y él no figuraban como amigos en ninguna red social, cuando su vida era una farsa y vivía ajeno a la cruel realidad, Erick y él, escasamente se dirigían la palabra. En la actualidad, con su pésima reputación, Erick no se arriesgaría a declarar públicamente una amistad con él. Podía entenderlo, claro que lo hacía, pero eso no significaba que doliera mucho menos. Comenzó a observar las últimas fotografías que Erick subió a i********:. En cada una de ellas se veía feliz, sonriente junto a Lizzy. Sus ojos comenzaron a escocer y dejó fluir las lágrimas libremente. Lloraba por todo lo acontecido, lloraba por que extrañaba a su madre, lloraba por que extrañaba su vida cómoda y desbordante de lujos, lloraba por que extrañaba ser tratado con respecto y lloraba de impotencia, por que nada dolía más que la ausencia de Erick. Dejándose llevar por la avalancha de emociones que le embargaba en ese instante, decidió enviarle un mensaje mediante w******p. Perezosamente tecleó un escueto "hola" y jamás pensó que Erick le respondería inmediatamente. "Lo siento, me gustaría hablar contigo. ¿Puedo ir a tu departamento?" Releyó un par de veces el mensaje antes de responder con dedos temblorosos un simple "si." Su corazón comenzó a latir abruptamente debido a la ansiedad, vería a Erick y no sabía qué hacer ni cómo comportarse. Lo más inteligente era mantener distancia, conservar algo de dignidad, pero estaba tan necesitado por un poco de cariño que no se creía capaz de resistirse. Rápidamente se levantó de la cama, se encerró en el diminuto cuarto de baño y ordenó un poco su cabello. Al mirar su reflejo en el espejo se sintió asqueado de si mismo, estaba mucho más delgado y su rostro se notaba demacrado y cansado. La pesada carga que la vida le designó para llevar se reflejaba claramente en su rostro. Estaba cansado, aburrido, harto... Necesitaba reorganizar su vida, planificar, generar una estrategia medianamente aceptable para salir del hoyo en el que se encontraba. Estaba demasiado cansado y frustrado, necesitaba pensar con claridad. En ese momento la frustración no le estaba permitiendo ver más aya de sus narices, por que para ser honesto consigo mismo, sin importar a donde mirase, so veía oscuridad. Un par de golpes en la puerta lo regresaron a la realidad. Era Erick, y de solo pensar en verlo todo su cuerpo tembló de anticipación. Respiró y exhaló profundamente para luego abrir la puerta. Ahí estaba Erick, con un paquete de comida entre sus manos y una sonrisita boba que iluminaba todo su rostro. Así era él, simple, hermoso, único y ajeno, tan ajeno que dolía... —Traje comida para ambos, para ti pedí hamburguesa extra grande con triple porción de queso y una porción gigante de papas. —Esbozó una radiante sonrisa y a Deivis le temblaron las piernas. —Gracias, —fue su seca respuesta, se apartó de la puerta y le dejó entrar. —Luces fatal, ¿mala noche? —Deja la comida sobre la destartalada mesa de cocina. —Por cierto ¿hoy es tu día libre? —¿Tienes el descaro de hacerme esa puta pregunta? —No quiere discutir, pero la pregunta de Erick le duele. ¿Cómo espera que se sienta después de descubrir que se revolcaba con Lizzy en la misma cama donde también lo hacía con él. —Claro, me gustaría saber qué mierda te pasa —se avecina una pelea, lo sabe por qué el tono de voz de Erick cambió, se ha puesto a la defensiva y rápidamente el castaño pierde la cabeza. —¡No te hagas el imbécil, sabes perfectamente que me pasa! —Comienza a desesperarse y la rabia comienza a ganar la batalla. —¿Por qué mierda tuviste que llevarla a nuestro sitio? ¿Por qué, Erick? ¡Merezco una maldita explicación! —Gritó cada una de esas palabras con angustia y dolor. —¿Por qué, Erick? ¿Por qué? —¡No he venido para oír tus putas pataletas, Deivis! —Lo señala con su dedo índice mientras su mirada se torna iracunda. —Fuí muy claro contigo, lo nuestro no es una relación, tu y yo somos amigos, lo nuestro no es una relación de pareja solo se basa en experimentar, es solo sexo... ¡No te debo ninguna explicación! —Es un experimento bastante largo, ¿no te parece? —Arrojó aquello mordaz. —Me gusta follar contigo, somos bastante compatibles en lo s****l. Pero tienes que entender que no te amo, amo a Lizzy. —Arrojó su respuesta cargada de veneno. —¿Acaso tú me amas? —No, no te amo. —Fijó su mirada en la de él —bajale un poco a tu ego. Simplemente me molesta que ella haya invadido un espacio que solo era de los dos. —Lo lamento, no pensé que irías justamente en ese momento. —Relajó su postura y desvío la mirada ciertamente incómodo. —Siento que esto se nos está escapando de las manos... —¿Quieres terminar con este experimento? —Sus piernas temblaron y se sostuvo del respaldo de la silla, tratando de discimular cuanto le afectaba la sola idea de acabar con lo poco que tenían. —Me gustaría decirte que sí, que todo esto es un maldito error... —Titubeó por un instante —pero no deseo que termine, me gusta estar a tu lado... Pero tampoco deseo tener que lidiar con escenas y reclamos por tu parte, no deseo tener que estar dando explicaciones, por que no somos nada y no es necesario caer en esa rutina desagradable. Deivis, en ese momento deseó gritar con todas sus fuerzas y exigirle que abandonara su apartamento. ¿Es que ese imbécil no podía darse cuenta del maldito daño que le hacía? Pero Deivis jamás se caracterizó por ser valiente, simplemente optó por lo que mejor sabía hacer. Reprimió una vez más sus emociones y fingió que nada de eso le afectaba. —No hables como si debieras darme explicaciones cada vez que nos vemos, esta es la primera que las exijo y ya sabes el porqué. —Con pasos temblorosos y una falsa expresión de seguridad se acerca a él. —Seguiremos con este experimento hasta que uno de los dos se aburra. —Sentenció. —Me parece bien, aunque me gustaría darte una remuneración económica por esto... —La mirada decidida de Erick delataba cuan en serio hablaba. —El dinero te vendrá bien y de paso será quien marque el límite entre ambos. —¡Oh, genial! ¡Que gran mutación, de follamigos a puta personal del distinguido Erick Snowden! Es que me tiene conmocionado tanta consideración! —Exclama escandalosamente mientras desborda sarcasmo! —No lo tomes de ese modo, Deivis... —Erick apretó los puños con rabia. —¡Sal de mi casa! —Gritó furioso. —Me iré, pero piénsalo. —Se giró y tomó el mango de la puerta. —¡Largo! —Gritó iracundo. Erick salió y cerró la puerta de un sonoro portazo. Deivis se quedó mirando a la puerta fijamente, mientras las lágrimas inundaban sus ojos grises y apagados. Una vez más, Erick Snowden, lo destrozaba sin siquiera imaginarlo.
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