Nada había salido como él esperaba, su intención jamás fue ofender a Deivis. Lo único que deseaba era marcar un límite, por que para él era demasiado necesario hacerlo, más que por Deivis, lo hacía por si mismo. Una retribución económica de por medio, le haría mucho más sencilla la tarea de no involucrar sentimientos, por que definitivamente, no podía enamorarse de un hombre, mucho menos si ese hombre era Deivis Müller.
—¡Erick! —El estridente grito de Lizzy, lo trajo de regreso a la realidad. Él parpadeó reiteradas veces y fijó su mirada en ella.
—¿Por qué mierda gritas, Lizzy? —Reaccionó a la defensiva, de algún modo se sentía expuesto frente a ella, como si la mujer pudiera escarbar en sus retorcidos pensamientos de solo mirarlo.
—Llevo más de cinco minutos hablando como estúpida, ni siquiera te has dignado a mirarme. ¿Más encima tienes el descaro de preguntar por qué carajos grito? —La pelirroja se largó a reír, una risa iracunda y cargada de sarcasmo.
—Mi amor, lo siento... Estoy cansado, me siento demasiado estresado, mañana expongo mi tesis y sabes que cargo con la maldita presión de hacerlo perfectamente bien. —Se acercó a la joven para rodearla con sus fuertes brazos.
—Tienes que guardar la calma, Erick. Eres excelente en lo que haces y todo va a salir bien. Por la noche iremos todos a celebrar a un nuevo pub que se inauguró hace aproximadamente un mes. —Se giró entre sus brazos para aferrarse a él y repartir besos por su cuello.
—Seguro que si...
Le sentaba bastante mal mentirle a Lizzy, ella era su novia, ha sido su novia por años y antes de ser su novia, fue también su amiga. Pero decir la verdad no era una opción, no podía pararse frente a su novia y decirle "realmente la tesis no me importa, manejo el maldito caso al revés y al derecho. Lo que realmente me preocupa es mi inestable relación con Deivis Müller, me encanta follarmelo, pero no quiero un compromiso con él, soy un jodido maricón de clóset y no deseo salir de ahí."
Se sentía avergonzado de si mismo y de quién era realmente. Se sentía avergonzado de sus tendencias y su insana obsesión por Deivis. No podía definir lo que sentía de otra manera, por que no deseaba follar con otros hombres, solo deseaba follarlo a él. No existía estimulación mejor que la expresión que él rubio ponía cada vez que alcanzaba un orgasmo o sus jadeos roncos cuando se adentraba en él y daba justo en su próstata. Definitivamente, esa insana obsesión terminaría siendo su perdición.
•••
Después de la discusión con Erick, se vió tentado a llamarlo o enviar un mensaje, pero se resistió rotundamente. Al menos debía conservar una pizca de cordura y algún destigio de dignidad. Tenía cosas más importantes en las cuales entretener la mente, como por ejemplo, encontrar urgentemente un maldito empleo. Su situación era precaria y honestamente no deseaba pasar toda su maldita vida viviendo en la miseria. Su madre saldría en un futuro de prisión y él necesitaba tener su vida bien constituida para poder cuidar de ella, tal como ella lo merecía.
Pensar en su madre le provocaba un profundo dolor, le hacía sentir sumamente impotente, por que no existía nada que él pudiera hacer para ahorrarle dolor y sufrimiento a la mujer que le dió la vida. Quizás, si su situación financiera fuera diferente podría hacer algo, conseguir un buen abogado para apelar en la corte por la injusta sentencia de su madre. Él era bastante objetivo, su padre merecía lo que le estaba pasando, debía pagar por sus crímenes y errores, pero su madre era ajena a todo eso, él podía meter las manos en el fuego por ella y su inocencia.
El sonido se su teléfono celular lo alertó, rápidamente comenzó a buscarlo encontrándolo entre los cojines del viejo sillón. Tenía la esperanza de que fuera una llamada por parte de Erick, pero no, solo era una llamada de su amigo Bruno.
—¡Bruno! —Exclamó al contestar. —¿Pasó algo? —Se dejó caer en el sillón y cerró los ojos por un momento.
—No, pero te llamé por que eres un amigo ingrato, ni siquiera me has hablado. —Respondió Bruno desde el otro lado de la línea —además te tengo buenas noticias. Una amiga me llamó y me comentó que es lo jefa de recursos humanos del nuevo pub vip de la ciudad.
—¿De las puertas del infierno? —Preguntó el rubio con curiosidad.
—Exactamente, ella es la encargada de la contratación de personal y están buscando meseros, chicos jóvenes de bue porte y buena presencia. —Deja escapar una risita nasal —le hablé de ti y tu caso, quiere que está tarde te presentes con tu currículum para una entrevista, dice que a ella no le interesa el pasado de tu familia y la paga es excelente.
—¿De verdad? —De pronto un fuerte entusiasmo lo invadió, al fin veía un rayo de esperanza en medio de tanta oscuridad.
—¡Claro hombre! Te mandaré al w******p los datos de mi amiga y los documentos que debes llevar. Estoy 100% seguro de que te van a contratar. —Bruno esbozó una suave sonrisa al imaginar la euforia de su amigo. Conocía a Deivis y su situación, tan solo quería ser de ayuda y apoyarlo en todo lo que necesitara.
—¡Conseguiré ese empleo a como de lugar! —El gritito agudo de Deivis provocó en Bruno una sonora carcajada. —No te rías idiota y por cierto, muchas gracias. Te prometo que si consigo que si consigo el empleo te invitaré a cenar en casa.
—Vale, te cobraré la promesa. Ahora te dejo, saldré con Antonella, mi nueva chica.
—Cambias de novia como cambiar de calzoncillos. —Se echa a reír —hablamos por la noche, suerte con tu nueva chica. —Cortó la llamada e inmediatamente revisó w******p, debía preparar todo para la entrevista de trabajo.
•••
Deivis se preparó para la entrevista, se colocó su mejor atuendo para la ocasión, siempre le gustó lucir impecable. Necesitaba conseguir ese empleo, era una de las pocas oportunidades que se le darían en estos tiempos, además Bruno había depositado su confianza en él a la hora de recomendarlo. Una vez listo, tomó su carpeta donde guardaba sus papeles y salió del departamento.
Caminó hasta aya, el poco efectivo que le quedaba debía hacerlo durar un par de días más, no podía darse el lujo de gastarlo en cosas que no eran de primera necesidad. Cuando finalmente llegó quedó fascinado por el lugar, el sitio se veía completamente exclusivo, la fechada exterior era exquisita y moderna, de solo verlo por fuera te apetecía entrar, ni hablar de la rápida fama que tomó entre los jóvenes y adultos jóvenes de la alta sociedad. En la entrada había un hombre de mediana edad, moreno y robusto, con cara de pocos amigos. Por un instante, Deivis se sintió cohibido ante el intimidante sujeto.
—Buenas tardes... —La voz le salió temblorosa.
—Buenas tardes —respondió con sequedad el sujeto. —¿Vienes por la entrevista de trabajo?
—Si, mi nombre es Deivis Müller. La jefa de recursos humanos me citó.
—Dejame ver... —Revisó la planilla que llevaba en las manos para luego asentir una vez que encontró su nombre. —Si, perfecto. Puedes entrar, una vez adentro camina hasta las escaleras, la oficina de Claudia está en el segundo piso.
—Muchas gracias. —Se adentró en el recinto con tada la actitud y determinación que pudo reunir.
La iluminación en el interior era escasa, ya habían algunos trabajadores en el interior preparando todo para la noche y Deivis pasó totalmente desapercibido. Con prisa subió las escaleras, recorrió el extenso pasillo hasta dar con la oficina de Claudia. Dió un par de toques a la puerta y esperó hasta que escuchó la voz de la mujer invitándole a pasar.
—¡Adelante! —Deivis cerró los ojos un momento y posteriormente se adentró en la oficina de la mujer.
—Buenas tardes, soy Deivis Müller —le extendió la mano y Claudia inmensamente la estrechó.
—Mucho gusto Deivis, Bruno me habló muy bien de ti. —Claudia, era una mujer joven, de figura esbelta, tés morena y cabello n***o lacio, lo más llamativo de ella eran sus bonitos ojos azules. La mujer le dedicó una radiante sonrisa e hizo un gesto con la mano para que tomara asiento.
—Le agradezco la oportunidad, por el prontuario de mi familia se me cerraron todas las puertas. —Le entregó la carpeta con sus documentos.
—Me lo imagino, las personas puedes tener bastantes prejuicios, pero no considero sea justo que tú debas pagar por los errores de tu padre. —Tomó la carpeta y revisó los papeles de su interior. —Necesito un nuevo mesero, lamentablemente los otros puestos ya fueron ocupados...
—Estoy dispuesto a trabajar en lo que sea, necesito el empleo... Puedo empezar ahora mismo. —Sus ojos grises reflejaban la desesperación que en ese momento sentía.
—Me agrada tu disposición, el empleo es totalmente tuyo Deivis, —saca unos papeles de su escritorio y los coloca sobre la mesa. —El empleo consiste básicamente en atender a los clientes, llevar los tragos a las mesas y limpiar el área de trabajo a la salida. Los días a trabajar son los miércoles, jueves, viernes y sábados. —Lleva un mechón de cabello tras su oreja —el ingreso es a las 19:00 horas y la salida es a las 07:00 AM. El salario es de dos mil quinientas libras esterlinas más las propinas, es un salario bastante elevado a comparación de otros empleos. —Acerca los papeles para que Deivis los revise. —Este es el contrato de trabajo, es un contrato por un periodo de seis meses y contarás con prestaciones médicas.
—Gracias por la oportunidad, Claudia —tomó los papeles y un bolígrafo para firmar rápidamente el contrato.
—¡Bienvenido a las puertas del infierno, Deivis! Mañana empiezas. —La mujer guarda los documentos y estrecha la mano del joven.
—Muchisimas gracias por todo, Claudia —le dedica una sonrisa sincera. —Hasta mañana... —Abandona la oficina con una gran sonrisa en el rostro y las esperanzas completamente renovadas.