Deivis sentía que el destino se estaba enseñando con él, por que cada vez que pensaba que las cosas mejoraban para él, algo pasaba y estropeaba su buen momento. Ahí estaba él, con su uniforme de mesero, luciendo pulcro e impecable, con una bandeja de tragos en la mano, parado en medio de las mesas con la mirada fija en Erick Stornent, quién está en la sección VIP, junto a amigos y a su novia.
Estupefacto, observa como Erick le devora la boca a Lizzy, mientras sus dedos juguetean con el largo cabello de la joven. Siente un vuelvo en el estómago y una dolorosa sensación, es como si su corazón se hubiera en el centro de su pecho. De pronto acontece lo inevitable, Erick se separa de su novia y alza la mirada, en ese momento se miran fijamente y Deivis quiere sonreír, pero no puede, no puede ser hipócrita consigo mismo, por que lo único que desea en ese momento es destruir todo a su paso.
Erick, al percatarse de su presencia termina rehuyendo a su mirada y decide ignorarlo rotundamente, tal acción Deivis no la esperaba. Acción que por cierto, le sienta demasiado mal. Deivis armándose de valor decide avanzar y llevar el pedido a la mesa asignada, que para su mala suerte, se encuentra a un lado de la mesa donde Erick está.
—Buenas noches, aquí está el pedido que hicieron —esboza una rígida sonrisa mientras acomoda los tragos sobre la mesa.
—Muchas gracias, querido —dice una mujer de mediana edad. —Excelente atención —la mujer saca de su cartera un billete de 50 libras esterlinas y atrevidamente lo introduce en el bolsillo de Deivis. —En este lugar contratan chicos muy atractivos, pero tú los sobrepasas a todos. —La mujer le guiña un ojo y sus acompañantes ríen ante el comentario.
—Gracias, —las mejillas de Deivis se ruborizan ante la acción y comentario de la mujer. —Si necesitan algo más me llaman, con su permiso.
—Por supuesto que te llamaremos, guapo. —Todos rieron.
Sin decir nada más hizo una leve referencia, pero antes de que pudiera irse alguien agarró su ante brazo con bastante brusquedad. Un leve jadeo escapó de sus labios, jadeo que fue opacado por la bulla del lugar. Giró su rostro rápidamente, encontrándose con la expresión altanera de Patrick, el mejor amigo de Erick y un imbécil sin remedio.
—Queremos ordenar, Müller, así que procura atendernos muy bien. —Suelta el agarre con asco y todos los presentes ríen a excepción de Erick, quién se mantiene callado y cabizbajo.
—¡Vete a la mierda, Patrick! —Exclama completamente irritado por el comportamiento de ese imbécil y frustrado ante la indiferencia de Erick.
—Ten más cuidado en como contestas, Müller. Eres un mesero y estás aquí para atender a los clientes, por lo tanto, es tu deber servirnos y atendernos muy bien. Quizás, si eres un buen chico y te comportas adecuadamente podamos darte una propina. —Dice Lizzy venenosa, mientras que con una de sus manos acaricia el muslo de Erick.
—Hay más meseros en este lugar, pueden llamar a alguien más. —Responde tajante Deivis.
—Queremos que nos atiendas tú, pero si te niegas pediremos hablar con el administrador, el que por cierto, es un gran amigo de mi padre. —La sonrisa de Patrick se ensancha aún más al ver la desesperación reflejada en el paliducho rostro de Deivis. —Entonces... ¿Tomarás nuestra orden?
—Si... —Cedió completamente derrotado, sintiéndose tan jodidamente humillado, pero el sentimiento que prevalecía era el de tristeza, el desinterés y la indiferencia de Erick le lastimaba en lo más profundo. —¿Qué desean ordenar? —Como en modo automático anotó el pedido de todos los presentes para luego dirigirse a la barra.
Esperó pacientemente a que prepararán el pedido, deseando internamente no tener que volver. Necesitaba el trabajo, la paga era excelente y tenía que reunir todo el dinero posible si deseaba coster un abogado particular para sacar a su madre de prisión. Cuando el pedido estuvo listo se armó de valor y caminó decidido hasta la mesa. Cuando estaba a solo unos escasos pasos de distancia escuchó algo que le hizo perder el equilibrio.
—¿Cuándo se comprometerán? —Cuestionó Agustina.
—Estamos definiendo la fecha, aún no la tenemos clara. —Respondió Erick, con uno de sus brazos rodeaba los hombros de su novia, quién lucía despampanante y sensual en aquel estrecho y corto vestido rojo.
En ese momento, a Deivis se le resbaló la bandeja de las manos, cayendo con un estruendo sordo. El contenido de los diversos licores salpicó el vestido y cabello de Lizzy, quién pegó un grito escandalizado ante la situación. Deivis observó todo en cámara lenta, mientras que los agotados latidos de su corazón resonaban en sus oídos. Personas a su alrededor voltearon a mirarlo y la sensación de ser observado tan minuciosamente le hizo sentir ridículo.
—¡Mira lo que has hecho, maldito inútil! —Gritó Lizzy descontrolada, mientras que arrancaba algunas servilletas de papel para secar su rostro.
—Lo siento, no fue realmente mi intención... —No supo que más decir al respecto, estaba paralizado observando la escena.
—¿Lo siento? ¿Es todo lo que puedes decir? —Aventó furiosa las servilletas al piso, ignorando los intentos de Erick por calmarla. —¡Este vestido es de diseñador, un diseño exclusivo y me costó más de diez mil libras y tú, maldito pedazo de basura lo has arruinado! —De dos zancadas se acercó a Deivis y le propinó una sonora bofetada, dándole vuelta la cara por el impacto.
—No vuelvas a tocarme... La próxima vez olvidaré que eres una mujer. —Amenazó Deivis con los dientes apretados.
—¿Cómo te atreves a amenazar a mi hermana? —Intervino Patrick al ver que Erick no hacía nada. —¡Hablaré ahora mismo con el administrador, exigiré que te despidan y tendrás que pagar el vestido! —Se levantó del asiento con tanta prisa que la silla cayó tras él.
Todo aconteció deprisa, tan de deprisa que Deivis no tuvo tiempo a reaccionar. El primer golpe impactó de lleno en su rostro haciéndole retroceder un par de pasos. Posterior a eso todo fue un caos, de lo único que fue consciente, fue de los brazos de Erick, que lo rodearon y casi a la rastra lo sacó de ahí. Todo estaba arruinado, absolutamente todo. Si oportunidad de salir adelante se esfumó entre sus dedos y una vez más era arrastrado en una vorágine de incertidumbre.
—¿Estas bien? —La preocupada voz de Erick lo trajo de regreso a la realidad. Deivis enfocó la mirada en el otro hombre y asintió levemente. —Lamento todo lo que pasó aya adentro, no sabía que estabas trabajando en este sitio, de lo contrario no permitiría que ellos vinieran a molestar.
—No fue tu culpa, Erick... Nada de esto lo es... —Erick lo acorrala contra la sucia pared del callejón trasero y recarga su frente contra la de él. —Yo me encargaré de Lizzy luego.
—Perderé el empleo... Perderé la oportunidad de vivir mejor, de pagar un maldito abogado para sacar a mi madre de prisión... ¿Porqué me hacen esto, Erick? ¿Porqué me castigan a mi por los errores de mi padre? ¡Es que ya no aguanto más, esto es demasiado para mí! —Sin poder contenerse más rompe en llanto.
—Nada de esto es justo, Deivis. Pero no llores por favor, me duele verte de esta modo —con sus pulgares le acaricia las mejillas con la intención de secar sus lágrimas. —Te ayudaré a encontrar una solución, todo va a estar bien, si te despiden que se vayan a la mierda, este no es un sitio para ti.
—Al parecer ningún sitio es el indicado para mí... —Cierra los ojos ante las caricias del contrario. Ante su solo tacto su corazón deprisa.
—Mañana iré a verte y hablaremos con calma. No estás solo, me tienes a mí. —La desesperación era palpable en la voz de Erick.
—¿Realmente te tengo? —Una risa amarga e irónica escapa de sus labios. —No me vengas con esa mierda.
Erick, dejándose llevar por las emociones del momento estampa sus labios contra los de Deivis, quién en un inicio se resiste, pero rápidamente se entrega a las emociones que el otro hombre despierta en él. Se besan con intensidad, todo es choque de lengua y dientes, la desesperación de ambos es palpable y se necesitan, se necesitan demasiado. De pronto, el sonido de pasos y un grito ahogado los alerta, se separan en el acto y al ver a Agustina ahí de pie, el mundo de Erick se desmorona.
—¿Qué mierda significa esto, Erick? ¿Como puedes hacerle esto a Lizzy, como puedes traicionar mi confianza y la de Patrick? —La chica retrocede un par de pasos y su expresión es de horror puro.
Todo está perdido.