Capitulo 3

1666 Words
Deivis percibió las manos de éste viajando desde sus muslos hasta sus caderas, introduciéndose debajo de éstas y aferrándolo de su trasero. Y entonces, de un solo impulso fuerte y preciso, Erick empujó a Deivis, moviéndolo hacia delante hasta que su espalda quedó vertical en el borde de la cama y su cabeza apoyada incómodamente a mitad de esta, con el cuello adolorido y torcido. —Erick —dijo de pronto el rubio, aunque con mucho entusiasmo. La boca de Erick todavía continuaba resbalándose por toda la extensión de su m*****o y eso, joder, hacía que cualquier incomodidad careciera de valor. Sus caderas, completamente ya fuera de los límites de la cama y sostenidas por las fuertes manos de Erick, no cesaban de moverse al mismo ritmo de la mamada que el moreno le estaba otorgando. Las piernas de Deivis, completamente abiertas, comenzaron a hormiguearle y él gimió, preparándose para el evidente y brutal orgasmo que se avecinaba. Pero Erick sumergió un dedo empapado de saliva dentro de su entrada, y el dolor y sorpresa de la intromisión le provocó a Deivis una regresión en la inminencia de su clímax. Deivis sintió tanto de placer como de molestia ante la intromisión. Pero el dedo de Erick, hábil en su búsqueda, pronto encontró libre camino hasta su próstata y comenzó a acariciarla con frenesí. Eso, más la lengua y los labios de Erick sobre su m*****o lo iban a volver loco, sin duda alguna. Pronto, ese dedo se convirtió en dos… Y casi de inmediato, en tres. Entrando y saliendo de su abertura, Deivis los percibía acariciándolo y ayudándolo a relajarse, provocándole las indescriptibles sensaciones que le eran tan conocidas y que él adoraba. Siempre, cuando se hacía una paja, acostumbraba meterse un par de dedos; Simplemente, le encantaba la manera en que eso se sentía. Lentamente, Erick retiró los dedos mientras le daba una particularmente viciosa chupada a su m*****o, y Deivis jadeó por la combinación de sensaciones. —¿Listo, Deivis Müller? —Escuchó que Erick le preguntaba justo inmediatamente después de quitarle la boca de encima. Deivis abrió los ojos y observó el rostro sonrojado de Erick, a su propia erección brillante por la saliva de éste y los brazos del otro moviéndose frenéticos mientras se desabrochaba el pantalón con urgencia. ¡Dios, la sola imagen visual era demasiado estimulante! En un santiamén Erick se hubo quitado el pantalón, botas y calzoncillos. Se hincó de nuevo entre las piernas de Deivis y, sosteniéndoselas de la parte interior de los muslos, se las levantó por encima de las caderas. Deivis observaba, sin poder dar crédito de cómo las cosas habían llegado hasta ese punto. Tal vez se hubiera sentido un poco avergonzado, pero la mirada lasciva que Erick tenía no daba pie para tal cosa. Erick lo deseaba con intensidad, no había duda, y eso, lo hacía sentirse bastante halagado y seguro de él mismo. El moreno abrió la boca en un mudo jadeo y arqueó las cejas en un gesto de intensa concentración mientras admiraba el cuerpo desnudo de Deivis, tan blanco, tan perfecto y suave. Quizás no se asemejaba en nada al cuerpo de una mujer, carecía de senos y de grasa en las caderas, de piernas torneadas y delicadas. Deivis era delgado, ahora un poco más que antes por su mala alimentación, aún así, sus músculos bien definidos y marcados, sus manos más ásperas por el el trabajo, los rasgos afilados de su rostro. En definitiva era más aparecido a una mujer y aunque no quisiera admitirlo, le encantaba. —Eres jodidamente bello. Tu piel es tan suave, Müller, justo como la imaginé y… Dios, te ves tan bien aquí, sobre esta cama, con tu deliciosa polla goteando por mí, Dios, Müller… Voy a follarte hasta matarte… Deivis cerró los ojos cuando sintió la punta de la erección de Erick introduciéndose un poco dentro de él. Hizo su mejor esfuerzo por relajarse y así, poco a poco, el m*****o imposiblemente duro y grande de su amante hizo de su entrada hogar temporal. —Oh, por Dios —jadeó Deivis. La sensación era tan buena que no podía creerlo. No tenía punto de comparación a nada que hubiera sentido con anterioridad. El placer era inmenso, la sensación de amplitud en su culo era fenomenal. Sintió la manera en que su propia erección respondía pegando un respingo, ansiosa por correrse ya. Erick aún levantó más las piernas de Deivis hasta apoyarle las pantorrillas sobre sus hombros, y de pronto se inclinó sobre éste, descansando todo su peso y provocando que su erección se sumergiera dentro del culo de Deivis a un nivel que éste jamás hubiera creído posible. Deivis gimió largamente. Sus propios muslos sobre su pecho, el pesado cuerpo musculoso y sudoroso de Erick encima suyo y él doblado completamente sobre esa vieja y Polvorosa cama. —Joder —jadeó Erick. —Te-te… qué bien te sientes, Müller, joder… Erick apoyó las manos en los costados de la cama, hundiendo sus codos en el colchón, y de esa manera, se impulsó para levantar las caderas, haciendo que su m*****o resbalara del culo de Deivis casi hasta salir por completo. Deivis no tenía idea si Erick estaba hincado sobre el piso mugroso o si tenía las piernas estiradas, no sabía si tendría fuerza suficiente para levantarse una y otra vez con el mero impulso de sus brazos. No sabía ni le importaba, mientras continuara entrando y saliendo de él de aquella manera, empujándolo con fervor contra el colchón, provocando que se golpeara la cabeza contra la cabecera, rozando su sensible próstata, volviéndolo loco. Haciéndolo de casi llorar de lo bien que se sentía, de lo increíble que era ver cumplida su más anhelada fantasía. Definitivamente, está era una excelente solución para olvidar. Llevando un brazo hacia atrás, Deivis se apoyó del sofá como pudo, y su otra mano se dirigió automáticamente hacia su erección. —Oh, sí, Deivis, tócate… —Le masculló Erick cuando Deivis comenzó a acariciarse, tratando de seguir el mismo ritmo de las fuertes estocadas que Erick le estaba otorgando. —Te ves… Se ve genial, tu polla… Dios, Deivis… Así… Como si eso hubiera sido lo que Erick estaba esperando, incrementó la velocidad y fuerza de sus penetraciones, haciendo a Deivis gemir ruidosamente cuando se vió irremediablemente arrastrado al mejor orgasmo de su vida, mientras Erick se la clavaba una y otra vez y él se acariciaba hasta explotar y empapar su pecho y el de Erick con su viscosa esencia. Erick gimió roncamente como si alguien lo hubiera herido, haciendo que Deivis abriera los ojos y, aún presa de las brumas de su fabulosa liberación, pudiera apreciar el gesto de fascinante placer que Erick tenía en el rostro. Era hermoso, masculinamente hermoso. La boca abierta y el ceño fruncido, su cuerpo repentinamente inmóvil sobre el de Deivis. Éste pudo sentir la manera en que el m*****o de Erick explotaba dentro de él, y el mero pensamiento lo hizo gemir y retorcer el cuerpo. Erick terminó y se dejó caer completamente encima de Deivis, enterrando la cara en el hueco de su cuello, y éste demostró darle un tiempo para recuperarse antes de murmurar con voz ronca un "te amo" que jamás recibió respuesta. El cuerpo de Erick vibró y Deivis supo que se estaba riendo. No supo cómo sentirse al respecto por su reacción. —Se supone que entre nosotros no deben haber palabras tales como "te amo" —masculló Erick encima de la piel del cuello de Deivis. Éste lo sintió depositar un beso ahí antes de que continuara hablando. —Eso nos conduciría a solo un maldito desastre, en efecto, y por lo tanto… entre ambos no hay te amos, esto solo es una experiencia y nada más, no crucemos límites. Erick hizo una breve pausa antes de incorporarse lo suficiente como para mirar a Deivis a los ojos. Su rostro estaba serio, necesitaba que el rubio se grabará aquello en la puta cabeza. —Yo nunca tendre sexo con hombres, solo lo estoy haciendo contigo por que hay demasiada confianza entre ambos —le dijo. —Hablamos de esto cuando iniciamos. —Una sonrisa se instaló en su rostro sonrojado. Deivis tragó, comprendiendo. En ese momento volvió a la maldita realidad y su corazón dolió, dolió demasiado, aunque correspondió a la sonrisa tratando de discimular el dolor que sentía en ese momento. —Bien… —Susurró con lentitud. —Lo entiendo perfectamente, no soy tan estúpido como piensas. Se que esto solo es follar y nada más... —Se levantó de la cama y su rostro enrojeció al sentir la corrida de Erick deslizarse entre sus muslos. Erick, en ese momento comprendió que había sido brusco, quiso levantarse tras él y fundirse ambos en un abrazo, pero no se atrevió a darle esperanzas. Para aligerar el ambiente le dedicó una sonrisa tan grande y sincera que a Deivis se le encogió el corazón. —¿No me digas que te estás enamorando, Müller? Deivis le correspondió la sonrisa, intentando que se viera transparente y sincera, pero sus ojos no pudieron expresar algo que no sentía. La tristeza era latente en sus ojos azules. —Lo lamento Erick, solo pasó, cuando me vine a dar cuenta estaba hasta el cuello... Supongo que es normal enamorarse cuando estás solo y vulnerable. Ya pasará —No quiso decir aquello, porque no era cierto. Erick se metió bajo su piel con sus chistes, sus palabras honestas, su sonrisa picarona y coqueta, el brillo en sus ojos verdes, la tibieza de sus manos y la suavidad de sus labios. Erick se rió y se inclinó para besarlo en los labios. —No te compliques, como dijiste, ya pasará —añadió presuntuoso y calló la risa amarga de Deivis con un leve mordisco en su labio inferior. —Disfrutemos de esto mientras dure. —Claro... —La voz de Deivis salió extrangulada, un nudo en su garganta le impedía hablar con naturalidad.
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