Marea alta

3000 Words
Cuando la marea comienza a subir los barcos son capaces de hundirse por completo, aún si se trata de los mejores barcos puesto que no siempre pueden estar preparados para los desastres, ahí… Comienza la tempestad. Y cuando la tempestad comienza es demasiado difícil regresar a la calma. BLAKE Es curioso cómo las cosas avanzan. Me encontraba en mi habitación recostada, mirando hacía el techo con la música reproduciéndose, “The best you had”, de Nina, sabía lo que pasaba por mi cabeza, cómo sucedía en la cabeza de Alana, quien se identificaba con la canción que estaba resonando… Quizá era cierto, al final de todo podría tener un golpe demasiado fuerte de la vida justo frente a nosotros. Ambas sentíamos el dolor en el pecho de la manera irracional, ambas sentíamos que el mundo se nos comenzaba a venir hacía abajo con un dolor que posiblemente sería tan difícil de entender, así era. Teníamos demasiados problemas, ¿Cómo fue? ¿Cómo es que Shawn habría logrado cambiar la fotografía del dije? ¿En qué momento pudo haber sido? Sería imposible hablar de un momento de descuido, cuando… No fue así, nunca me lo solía quitar, solo cuando me duchaba. Ahí era cuando se me hacía el nudo en la garganta. La canción se detuvo de golpe al mismo tiempo en el que la voz de Jackson resonó por toda la habitación. —¿Es enserio? ¿Cuánto tiempo piensan encontrarse así? —. Se quejó Jackson, recargándose en el marco de la puerta—. Es irracional el modo en el cual se están dejando caer. —Demasiado irracional—. Escuché en tonó bajo a Francis. —¿Tú tienes algo que decir? —, le pregunté a Alana, quien ella me miró de reojo, sin embargo, se limitó a chasquear la lengua—. Es lo que pensé. Tampoco tengo nada que decir. —Son ridículas—. Expresó con desespero Francis por lo bajo. —Se que las cosas se miran mal—, Alargo mirando a las dos—. Pero no pueden dejar así, las cosas pueden estar turbias, pero… ¿Creen acaso que es la forma? —, Siguió, miró de reojo a Francis—, Porque yo no. Alana y Francis… Quizá habría podido darme cuenta que a Alana le gustaba Francis, pero, no me percaté, no le coloqué la suficiente atención… Eso me molestaba—habría sido mala amiga en más de una sola vez—y conformé todo avanzaba, solía tener más dudas. ¿Por qué podría ser así? Tan desinteresada con las cosas aún si estás me interesaban. Ella era mi amiga. —¿No lo notan? ¿Es que acaso son tan débiles? —, Se quejó tallando su cara con enojo—. ¡Dios…! Debilidad. No era debilidad, no tenía nada que ver con ello, sino que en algún punto las cosas habrían llegado al momento de quiebre. Al igual cómo sucede con los cristales, un cristal puede tener una grieta y poco a poco… Sentir cualquiera ligera presión hasta terminar por estallar en miles de pedazos. Hasta terminar con algo sin forma. Así las personas. —Por dios—, Susurré cansada, tapando mi rostro pesadamente—. ¿No pueden dejarnos un día? ¿Dos…? ¿Una semana? ¿Un mes? Un año… —No. Fue lo último que dijo Francis, cuando se introdujo en la habitación con un semblante lleno de seriedad, no pensé en lo que podría venir después, puesto que las cosas sucedieron demasiado prontas, él jalo a Alana, y en un momento a otro ella se encontraba en sus hombros, soltando un grito ahogado lleno de sorpresa. —¡Dios! ¿Qué demonios te pasa? —, Gritó Alana con molestia—, ¡Déjame! ¡Imbécil bájame! ¡Eres un hijo de puta! ¡Qué me dejes en paz! —Francis… —, Le advertí sentándome, pero antes de que pudiera hacer algo, él ya habría salido con Alana de la habitación—. Dios… Estaba por pararme cuando Jackson me miró con un ligero toque de molestia. —Está haciendo lo mejor para ella—. Alargó Jackson adentrándose a la habitación con las cejas ligeramente fruncidas—. ¿Crees que es sano dejarse caer? —No nos estamos dejando caer—, Rodé los ojos recostándome de nuevo con un suspiro ahogado—. No tiene nada que ver. Lo están exagerando. Se sentó en el borde de la cama, para mirarme con un toque de intriga, parecía querer tener un poco más de respuestas, pero parecía que no había algo que pudiera decir yo o él para que las cosas funcionaran un poco mejor. Quizá las cosas habrían pasado demasiado, más de lo que podría imaginar. ALANA Suelen decir que el corazón hay ocasiones que duele más de lo que debería, así fue. No podía decir con claridad cuando fue que Francis rompió mi corazón, ni el día, ni la hora exacta, pero podía decir, que no tenía culpa completa. Él siempre fue específico en que era lo que quería… Fui yo la que interpreto incorrectamente las señales. —¡Qué me bajes! —, Grité, pataleando—, ¡Qué no quiero ir! ¿No lo ves? ¡Un descanso! Por favor… Quería descansar, pero ya no sabía con claridad de que era lo que quería descansar si de Francis o de mí misma. Nos adentramos a su departamento, ahí fue cuando decidió bajarme, sus ojos me examinaban con demasiada inquietud, cómo si creyera que en mis ojos pudiera encontrar la respuesta de lo que estaba pasando, pero no la encontraría y yo tampoco. —Tenemos problemas. —¿Tú y yo? O en nuestro entorno—, expresé a lo que chasqueó la lengua—. ¿Sobre mí…? —Sobre todo—. Dijo a lo que suspiré con una pequeña mueca—. Preciosa… —Alana…—, corregí a lo que suspiró—. Por favor. —No vamos a cambiar todo, sólo porque… Porque te dije te amo—. Mencionó con un toque de culpa—. Porque si fue por eso… Te lo dije enserio, te amo. Duele, el amor duele, pero la vida no es sólo el amor… ¿O sí? Aunque de ser cierto, la vida dolería eternamente. —Dios…—, Me giré, pero su mano tomó mi brazo—. Es que no lo entiendes…—, Me solté, para caminar hacía el sofá, dejándome caer—. Es más allá… Siempre todo era mucho más allá de todo, y eso era lo que algunas personas no entendían aún. —¿Más allá de qué? Es que, si no lo dices, no lo entiendo—, Confesó analizándome con detenimiento—. Por favor, ¡Anda, Alana! Somos amigos. —No lo entiendo—, Deje caer mi rostro entre mis manos—. Es sólo que… Si ya accedí a soltarte, ¿Por qué ahora pareces tan interesado en que me quedé…? No lo entendía, si estaba demasiado interesado en que esto no tratará de algo formal porque no eral del tipo de cosas que a él le gustaban. —¿Qué es lo que quieres? —A ti… —Francis… —Te quiero a ti—. Repitió con un poco más de fuerza, sentándose a un lado de mí—. Se que lo que siento es real, lo que siento por ti. Pero… Hay algo más. —¿Qué? —, Rodé los ojos con desespero—. ¿Qué es lo que hay? —Qué sé que te quiero, pero… No está en mis planes ahora estar en una relación, Alana—. Resopló con un toqué de dudas—. Porque… La amistad que tengo contigo, es única y sí… La pierdo… Quería tenerme, pero… No quería del modo en el que yo la quería. —Sólo no es el momento—. Repitió. —No es el momento—. Añadí con diversión, aun cuando no la sentía—. ¿Cuándo es el momento? ¿Cuándo sea otra persona por la cual si decidas arriesgarte? Ese es el problema, temes al amor y aún no soy suficiente para ti, cómo para tomar esa decisión. Note la incomodidad en sus ojos, pero ¿Qué había de mí? ¿No era acaso que él podía ver a través de los míos que me estaba rompiendo el corazón? Porque yo lo sentía… Sentía cada vez más cercana la idea de que mi corazón podría detenerse. —Ven…—, Se levantó, me negué, sin embargo, me tomó del brazo levantándome—, Alana, ven—, Solté el aire de mis pulmones apenas quedé frente a él—. ¿Podrías ser capaz de verme a los ojos y decirme que no sientes absolutamente nada por mí? —Está bien. ¿Quieres herirme? Lo logras—, Giré un poco mi rostro, dejando de lado que estaba tomando mi rostro—. ¿Qué es lo que quieres llegar? ¿Ver cuánto puedes lastimarme? —No trata de eso—. Rodó los ojos con desespero, ambas manos acunaron mi rostro obligándome a mirarle—. Por favor, por primera vez… Sólo escúchame, ¿Sí? —Se que sientes por mí porque es justamente lo que yo siento por ti—, Me besó, sentí las mariposas en el vientre… ¿Podría verle el monito con platillos en la mente? Pero no quería. No quería fingir que lo que estaba pasando no clavaba estaca tras estaca en mi pecho, comenzando a dejar un camino de sangre que tarde o temprano terminaría por romperlo todo. Me aparté, con ambas manos en su pecho, presionando con fuerza su camisa entre mis dedos. Sí el amor siempre habría dolido… ¿No es así? Pero quería creer que no era así, quería cruzar los dedos detrás de mi espalda deseando que, por primera vez pudiera ser un poco como Blake, dejar de sentir por las personas equivocadas. —Por favor… No me hagas esto—, Expresé en un susurro con los ojos cerrados—. Que la tonta he sido yo, lo entiendo…—, limpié mis ojos, desbordados de lágrimas—. Se que… No somos ni seremos absolutamente nada. No lo espero. Ya no. Antes sí. Antes creía con demasiada fuerza que, si era paciente, podía ser que en algún momento el pudiera sentir por mí lo mismo que yo sentía por él, creía… Que un día él podría amarme del mismo modo en el que lo amaba yo. Pero no… Yo solo era una fan. Inventando cada una de las historias en mi cabeza, sintiéndome estúpida al final, es complicado, pero… ¿Era una locura? Si creía que era lo mejor que le habría pasado alguna vez. —Por dios. Alana, te quiero. De verdad que lo hago—, Expresó acercándose a mí, con delicadeza colocando mi cabello detrás de mis orejas—. Solo que a veces que no se querer, ¿Entiendes? Que nadie me ha enseñado a querer. —¿Qué? ¿Qué tienes miedo? —¡Qué si! ¡Estoy acojonado! ¿Entiendes? —, me dijo soltándome, parecía un poco dudoso—. Pero que quiero hacerlo. —Quieres… ¿Qué es lo que quieres Francis? —, reproché acercándome a él—. ¡¿Qué es lo que quieres de mí?! —Intentarlo. Ir lento, ¿No es que podemos? —, Me dijo después de unos segundos, me recargué en la pared observando cómo en esos ojos nacía el abismo de dos opciones—. ¿No podemos sentir? Me quedé callada, mientras miraba hacía la nada, acomodando mi cabello, sentía los nervios dentro de mí mientras que dentro de todo sentía que la vida se me vendría abajo en cuestión de segundos, ¿Cuándo comenzó? Eso era algo que quería saber, cuando es que las cosas comenzaron a vibrar dentro de mí, porque… No quería enamorarme, cuando estábamos en esa habitación recostados los dos, y que todo empezó, ahí sabía que no seríamos nada, que esos besos habrían sido un error, que no era una conexión mística, sino que las conexiones eran meramente sexuales. Que era yo una mujer, con culo y tetas y eso era lo que habría llamado a él, eso habría sido. Me quedé callada, ¿Era que podíamos? No sabía si en realidad quería ir con todo esto, pero… Yo solo quería olvidarle, olvidarlo. ¿Pero cómo podría olvidarlo? Si se me habría metido hasta por los huesos, lastimosamente. —¿Crees que pueda hacer eso? ¿Qué podamos? BLAKE Creo que el ver a ella saliendo de ese modo tan brusco de la habitación con Francis me generaba dudas, pero no las decía, tenía tantas preguntas. —¿Tienes miedo? —, Preguntó Jackson sentándose a lado de mí en la cama, le miré—. ¿Es por Shawn? —Creo que Fabiola se ha inventado una historia demasiado loca—, Sonreí, para inclinarme hacía adelante, parecía fuera de mí—. Creo que se invento que nosotros somos la historia de un pasado que seguro a ella le encantó—, Pase mi mano por mi rostro, desesperada. —¿Qué pasa? ¿Qué los nervios son por la historia de Fabiola ahora tienes miedo? Le miré, no lo entendía. Qué no quería ponerlo en riesgo, conociendo los patrones de conducta que habría estado teniendo Shawn los últimos años, mínimo acá, podría encontrarme en peligro, y tarde o temprano este terminaría justo por hacerme mierda. —No es eso, para nada—, Resoplé, dejando caer un poco mi cuerpo para colocar mi rostro entre mis manos—. Pero no quiero hacerte daño. —Hacerme daño—, Sonrió con burla, no quería mirarle confundida, pero lo hice—. ¿Qué ahora traes navajas? ¿Un arma? ¿Me dispararas? —Hablo enserio Jackson—, Le miré, colocándome erguida, mirando justo sus ojos—. Qué no quiero que un día, que todo esto de lo rosa terminé te des cuenta que estoy jodida. —Jodida, ¿Qué estás jodida preciosa? —, Se mofó—, ¿Por qué lo estarías? —Que yo no se querer. Que te quiero demasiado y que… Por mucho amor que te tenga no podría ponerte en peligro. —¿En peligro de que? ¡Qué estamos hablando de Shawn! ¿Qué le tienes miedo a Shawn? No seas ridícula. —Que no te has enterado de todo—, Susurré—, ¿Sabes que pasa? ¡Qué Shawn Me acosa! Que me ha mandado ya al hospital, no se tú, pero eso a mí me viene sonando a que sí es peligroso. No lo entendía, ni lo haría pronto, sus cejas se fruncieron ligeramente, parecía confundido, que había muchas cosas que no le habría contado ya, y eso eran del tipo de cosas que solían crear ciertas cosas que generaban más que ruido. —¿Qué dices? —Que la vida mía me la suda, porque cosas horribles he pasado antes, pero no estoy dispuesta a poner en riesgo a las personas que quiero. —Haremos daño nosotros, preciosa. Pero las guerras no las ganas colocándote en un agujero de tierra escondiendo la cabeza cómo si te tratarás de aquella ave—. Se levantó—, Eres más valiente que todo esto, que un chico que no sabe que es lo que quiere, no tiene los huevos para hacerlo, pero tú sí. No le contesté. —Sabes… Que Shawn podría ser todo lo que quieras, pero no es tan brillante, te llevará al punto de colapso y dime, ¿qué hará? —, Siguió, le miré con los ojos llenos de lágrimas—, ¿Obligarte a estar con él? Es débil. Me levanté, él camino hacía donde se encontraba aquel aparato que hasta hacía unos minutos reproducía la música, relamí mi labio inferior con ligereza. —Esta canción. Comenzó a reproducirse… Resonaba en los altavoces, mientras se acercaba a mí, tarareando aquella música, le miré con un poco de confusión, y ahí lo entendí. Necesitábamos una sola cosa para comenzar, y diez mil más para que esto fuera el final, no era el final de la historia de amor de Alana y Francis, él daría el paso correcto. Y no era el final de mi historia con Jackson, porque esta no habría empezado aún. Sus manos sujetaron mi cintura, mientras que una sonrisa se plasmaba en sus labios. —Tu te sabes esa canción—, me retó, a lo que negué intentando esconder una sonrisa en mis labios—, Si, te la sabes. Comenzó un vaivén lento, mientras que en sus labios salían pequeñas tonadas siguiendo la canción, y podemos desearnos lo mejor, pero siempre a mis ojos…. Y quizá tenía razón no se necesitaba mucho más que un vaivén, sonreí inconscientemente, mientras bailábamos aquella canción, con tarareos y una sonrisa salió de mis labios, reí. Él estaba loco. Pero no importaba… Quizá las mejores historias necesitaban un pequeño tirón para que todo comenzara a sonar en realidad. Quizá las cosas podrían ser mucho más lentas o quizá no, pero al final podía estar con él a un par de centímetros de mí, con aquella sonrisa en sus labios y no necesitaba decirme más, no necesitaba tomar mi corazón en su puño, porque de igual modo creía que él ya lo tenía. Quizá, me equivoqué en muchas cosas, pero hay un par en las que erré, y lo habría hecho de un modo tan monumental... No era el final de la historia, porque esta apenas y habría empezado, esto era nuestro comienzo, tanto de Alana, cómo el mío, pero... ¿Teníamos que elegir? Elegir el camino... “I love you, baby…”
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD