Capítulo 3: Cafe con Eros
KIARA CRAFT
Eran casi las cinco de la mañana y yo seguía con insomnio por toda la pelea anterior, apenas entramos a la tienda, Destiny cayó dormida en el colchón, y después de dar vueltas y vueltas, decidí salir a buscar aire fresco para oxigenar mi cerebro y aclarar mis ideas.
Creo que mi peor tormento eran mis pensamientos y mis recuerdos, que volvían a mi cabeza una y otra vez haciéndome recordar todo lo malo que había pasado.
No quería ser una esclava de mi mente, pero ella tenia el poder de recordarme en los peores momentos los vacíos oscuros de mi vida que mataron las ilusiones en mí y de una vida perfecta de cuento de hadas.
«¿Acaso estarás pensando en mí, Ángelo?»
Tal vez si hubiera sido mas complaciente, si me hubiera impuesto, si hubiera sacado a mi suegra a patadas de la casa… tal vez, solo tal vez las cosas serian diferentes y no hubiera fracasado en mi matrimonio.
Lo peor de dejar a alguien, era dejarlo estando aun enamorada, porque solo quedabas herida... en mi caso, quedé jodidamente herida, porque él nunca fue capaz de venir por mí.
«Basta Kiara, solo, basta, ese es el pasado y ya no hay vuelta atrás».
Tenía que superarlo, era el momento de hacerlo.
Hacía mucho frio afuera, me quedé sorprendida cuando observé el cielo, aún era muy oscuro, pero tenía destellos de color naranja apareciendo, y yo solo me quedé parada ahí observando toda la belleza para variar, me prometí en ese momento que dejaría todo atrás.
Ya Ángelo no limitaría ni gobernaría mis pensamientos, él quiso irse sin mirar atrás y yo debía hacer lo mismo.
De repente escuché pasos atrás de mí, pero como había muchas personas aun despiertas caminando de un lado a otro no le di importancia, hasta que alguien se detuvo a mi lado.
Voltee sobresaltándome un poco al ver que se trataba de Eros, tenía ese cubrebocas con la sonrisa del joker y su capucha probablemente para que no lo reconocieran, pero sus ojos grises eran inconfundibles.
—¿Qué haces aquí? —pregunté.
—Yo, uhm… —murmuró pareciendo incómodo.
—¿Vas a disculparte? —alcé una ceja— Si no vas a disculparte no me importa.
Me crucé de brazos e hice sonar mi pie contra el suelo para evidenciar que esperaba una disculpa.
Él se quitó el cubre bocas y se volteó hacia mí, parecía ahora molesto imitando mi pose de cruzarse de brazos.
—Ese es el problema con el tipo de personas como tú —soltó.
¿Qué?
—¿Cómo yo? —repetí incrédula.
—Si, como tú —dijo—, creen que son el centro del universo, y que siempre son la víctima.
Abrí la boca ofendida.
—Tú me insultaste. —me defendí.
—Tú también lo hiciste. —contradijo.
Uhm, bueno, en eso tenía razón, pero no se lo iba a admitir.
—¿Entonces qué? —alcé ambas cejas— ¿vienes buscando una disculpa?
—Sí —dijo—, vine para que te disculpes conmigo.
Solté un bufido burlón y comencé a reírme un poco, este tipo definitivamente sabia sacarme de mis casillas.
—Vaya —me voltee hacia él alzando la cabeza para poder ver su rostro—, no creí que me consideraras tan importante como para pedir que me disculpara contigo.
Sus ojos analizaron mi rostro mirando por unos segundos mis labios y observé como una de las comisuras de sus labios se alzó un poco, no sé por qué, pero todo mi cuerpo se estremeció por estar ante su simple escrutinio, ¿hace cuando un hombre no causaba… algo en mí?
Sabia la respuesta, desde Ángelo, no recordaba ninguno.
«Calmate Kiara, no vas a caer por Eros».
—Escucha —Eros soltó un suspiro pasando una mano por su frente—, vine a hacer las paces contigo ¿bien? Toma en cuenta que me cuesta un montón tragarme mi orgullo.
Evité su mirada porque comencé a ponerme un poco nerviosa y simplemente me encogí de hombros.
—Vale —murmuré—, no ha pasado nada. ¿Empezamos de nuevo?
Había mucha gente haciendo mucho ruido, y es que algunos parecían tener energía a montones, otros hasta habían caído dormidos en el piso de tierra.
Que desastre eran los festivales.
—Ven —dijo Eros tocándome el brazo mandando algo parecido a una descarga eléctrica a mi cuerpo, j***r estaba muy sensible y el ruido que hacían las personas alrededor comenzaba a ser molesto—, tomemos un café.
No sabría decir si Eros se dio cuenta de cómo reaccionó mi cuerpo ante su simple toque, pero j***r, creo que la abstinencia estaba comenzando a pasar factura, tenia muchos años sin follar.
No puse objeción, solo lo seguí caminando hasta unos edificios cercanos donde tenía entendido se quedaba la gente importante como él; artistas y equipos de producción. Entramos subiendo por el elevador hasta entrar en la pieza donde estaba quedándose para el festival, era muy pequeña, apenas una sala donde estaba la cama, un baño y una pequeña cocina.
Aun así, tenía más comodidades que mi pequeña carpa instalada en la tierra.
Eros comenzó a hacer el café y yo me senté en el taburete observándolo encender la cafetera y preparar el café. Mis ojos se deslizaron por su espalda ancha, se había quitado la chaqueta y se le notaba que hacía ejercicio, su pantalón se aferraba muy bien a su trasero redondo que…
«Por Dios Kiara deja de ver su trasero como toda una pervertida».
Pero es que, j***r, Eros estaba bastante bueno y él lo sabía.
De repente Eros se volteó y me sobresalté mirando a otro lado sintiendo mi rostro sonrojarse.
¿Me habría visto mirarle el trasero?
Él me mostró una ligera sonrisa en los labios algo burlona, pero si se dio cuenta de que lo estaba mirando descaradamente, no dijo nada, en cambio me enseñó un envase de leche que saco de la pequeña nevera.
—¿Te echo la leche adentro? —preguntó.
Lo miré con los ojos entrecerrados.
—Pervertido. —solté.
Él dejó la leche al lado de la cafetera y se acercó hacia mi alzando una ceja hasta detenerse a una distancia prudente, pero aun así todo dentro de mí se revolvió en miles de sensaciones.
Joder, creo que esto de la abstinencia me estaba afectando mucho, y el hecho de estar solos en este lugar con una cama, solo me daba más ideas.
—No todo es doble sentido. —se limitó a decir Eros conservando esa ligera sonrisa en su rostro que parecía entre burlesca y jodidamente atractiva.
—Eso fue doble sentido. —lo contradije girando los ojos.
—¿Tenemos que discutir por todo? —dijo ahora pareciendo agotado— No hablaba de sexo.
¿Ah no?
Creo que yo era la única que estaba pensando en sexo entonces.
Qué vergüenza.
—Los hombres solo piensan en sexo siempre mandan indirectas —dije intentando ocultar el hecho de que me comenzaba a acalorar, maldición, ¿desde cuándo me volví tan necesitada? Probablemente desde que me divorcié y me mantuve en abstinencia—. Creo que fue un error venir.
Me levanté del taburete y me dirigí a la puerta porque sentia que iba a perder la cordura, pero escuché sus pasos detrás de mí y me tomó del brazo, nuevamente ese simple toque hizo que todo dentro de mí se inundara en un fuerte vapor caliente, me voltee y gran error porque quedamos frente a frente.
Ni siquiera recordaba como respirar correctamente, mi corazón latiendo desenfrenado.
—Escucha, no soy de los que dan muchas vueltas, si quisiera follar contigo, creeme que te lo diría —murmuró, sus ojos deslizándose de mis ojos hacia mi boca—. Y sí, me provocas, Kiara, desde el principio lo hiciste.
Creo que comencé a gritar internamente, entonces el deseo no solo lo sentía yo, sino que él también.
—Claro —dije con algo de nervios—, por eso me trataste tan feo.
Él dio un paso hacia mí y yo di uno hacia atrás, j***r, sentía que se me iba a salir el corazón por la boca.
—Tú también lo hiciste —refutó—. Tú también me trataste muy feo, Kiara.
Bueno, en eso tenia razón.
—¿No habíamos hecho las paces? —murmuré encontrando mi voz entrecortada.
Maldición, necesitaba controlarme, pero él no soltaba mi brazo y la corta distancia solo me mantenía completamente con las hormonas revueltas.
—Vale, vale —dio otro paso hacia mí y yo di otro hacia atrás—, empecemos de nuevo.
—Hola —murmuré—, soy Kiara.
Sus labios se estiraron en una leve sonrisa cuando dio otro paso hacia mí y como un reflejo di otro hacia atrás, pero esta vez, mi espalda chocó contra la pared dejándome sin escapatoria.
O mas bien… no quería escapar.
El agarre que tenía en mi brazo se deslizó hacia arriba con suavidad por la longitud de mi piel, por mi cuello, hasta detenerse en mi mejilla, su dedo pulgar acariciando la silueta de mi labio inferior.
Creo que desfallecí, todo mi cuerpo se sentía en llamas.
—Hola Kiara, soy Eros —susurró inclinándose hacia mi oído—, eres jodidamente hermosa y me provoca comerte entera.
Tragué pesadamente saliva cuando la punta de su nariz rozó la mía y su aliento se mezcló con él mío.
No pude responder.
No podía ni siquiera moverme.
—Dime Kiara —continuó Eros—, ¿puedo besarte?
Nuevamente me quedé sin poder hablar, pero es que la intensidad que comencé a sentir en ese momento solo me dejaba con el cerebro en blanco.
—Dime que no quieres —prosiguió— y solamente te dejaré en paz.
No dije nada, no pude, se inclinó hacia mí, sus labios rozando los míos y entonces…