Capítulo 5: La boda de mi amigo.
ANGELO WERNER
Mas documentos, más papeles, la producción, personal nuevo, demasiadas cosas para estar al pendiente, me consumía casi todo el tiempo del día, algo bueno para enfocar mi mente.
—Señor, la junta de las diez —dijo mi secretaria irrumpiendo en mi oficina.
Quité mi atención de los papeles y me levanté sin decir nada, a esto me había limitado; a existir, a ser un jefe temido porque me había vuelto un hijo de puta mal humorado por todo.
Entré a la sala de conferencias a ver la reunión con los vicepresidentes de departamentos, ahí estaba nuevamente existiendo, interrumpiendo para que dejaran de divagar y fueran al punto, pero me valía mierda, todos los días se había vuelto tan insípidos… las mujeres de los bares, el gimnasio, el peso de la empresa.
Ya estaba agotado de esto; de todo, donde encontraba diversión y muchas veces un escape ahora era gris insípido.
Desde que murió mi padre en ese incidente donde apenas salimos vivos, sentí que algo se perdió en mi vida, para empeorar todo luego perdimos el bebé que tuve con Kiara, eso mató algo en mí y afectó mucho nuestra relación, solo eran peleas todos los días, discusiones, palabras hirientes, ya yo no la hacia feliz y siendo sincero no quería hacerla feliz, estaba agotado, física y mentalmente, demasiadas cosas solo me hicieron distanciarme, claro que ahora iba al psicólogo y me ayudó poco a poco a volver a encontrarme, que era exactamente lo que necesitaba porque me había perdido, le había perdido el gusto a todo.
No hubiera elegido el divorcio, pero creo que ninguno de los dos (Kiara ni yo) pudo lidiar con la muerte del bebé, mi madre me decía que lo mejor era estar separados y le hice caso… ahora veía que tal vez no debí hacerlo porque mi época con Kiara fue la mas feliz que tuve, el sexo donde nos conectábamos a un nivel más espiritual y sentimental era increíble; cada encuentro lo fue, porque disfrutábamos al mismo tiempo que nos divertíamos juntos…
Era amor puro.
Kiara fue mi alma gemela y posiblemente el amor de mi vida, todo en una sola persona, lo peor era que posiblemente nunca más encontraría a alguien así.
Pero… la distancia, los problemas, solo me hizo alejarme y cuando fui libre del matrimonio solo me atosigué de mujeres intentando olvidar a Kiara… claro que, solo me dejaron más vacío, solo me sentía más solo.
El problema era mi mente, luchar conmigo mismo se sentía un infierno.
Aun con mi madre conmigo diciéndome que fue la mejor decisión, no me hacía sentir mejor, la extrañaba terriblemente, pero Kiara ya no era feliz conmigo, y tenia que soltarla para que fuera feliz... así fuera con alguien más.
Ahora solo estaba esta parte de mí, que apenas existía, y mejoraba lentamente con el psicólogo y se levantaba poco a poco enfocándose en el trabajo.
Así que aquí estaba, siendo el exitoso multimillonario Ángelo Werner pero sintiéndome tan solo y vacío por dentro que ni quería volver a hacer nada con mi vida.
Después de la junta fui a mi oficina a terminar de revisar los documentos a firmar, estos bajones solo me hacían querer ir con mi psicólogo, así que más tarde iría a la cita, de repente me entró una llamada al teléfono fijo robando mi atención.
—Werner —dije al atender poniendo el altavoz.
—Señor Werner —dijo la voz de mi secretaria—, tiene una llamada de Pedro Hez, en la línea 2.
¿Pedro Hez?
Me sorprendí, tenia mucho tiempo sin hablar con él, fuimos amigos casi de toda la vida, claro que esos amigos que a veces tardan una eternidad sin verse, pero cuando se ven, la amistad sigue siendo la misma.
—Okey. —colgué a mi secretaria y atendí la línea dos diciendo: — Werner.
—¿Entonces Papi? —escuché— tanto tiempo.
Siempre me decía así o bueno, a todo el mundo, suponía que por sus raíces, él era de Republica Dominicana.
—Hola Pedro —sonreí—, ¿Qué tal te va?
Aproveché de echarme hacia atrás en la silla.
—Voy a casarme mañana, papi. —dijo.
—¿Tu? —me sorprendí— Vaya, felicidades.
Nunca creí que se casaría, siempre fue muy alocado y libre… aunque suponía que a todos nos llegaba la hora de sentar cabeza, aunque no funcionara.
—Gracias. Es una buena mujer —dijo—, papi, quiero que estés en la boda, estás invitado.
—¿Cuándo es?
—Mañana.
Solté un bufido, mañana estaba ocupado con diez mil cosas como siempre, tenía que organizarme con tiempo.
—¿Y hasta ahora me lo dices? —repliqué.
—Papi, no fue mi culpa —dijo—, la encomienda de invitaciones nos dijo hoy que no pudieron enviar las invitaciones por problemas con el camión, desde hacía una semana que se suponía lo harían, así que me tocó llamar a todos.
Bueno, como dijo mi psicólogo, era bueno que saliera algunas veces de la rutina del trabajo, así que simplemente dije:
—Vale, ahí voy a estar.
—Te voy a enviar la invitación al teléfono digitalmente.
—Vale.
Colgó y me quedé por un momento pensativo.
Bueno, ahora iría a una boda para variar.