Claire salió temprano con su hija. Hoy debía resolver algunos asuntos por lo que había decidido llevar a Adeline con su familia.
Ya había tomado su decisión, sin embargo, su hija apenas había intercambiado palabras con ella, pero eso no haría que cambiará su opinión. Aunque ciertamente haría un último intento por Adeline, si no funcionaba no insistiría.
—¿Claire?
—Papá.
El señor la miró y luego a la pequeña que sostenía de la mano.
—¿Paso algo?—pregunto el hombre mientras la dejaba pasar.
—Tengo algo que hacer y no tengo con quien dejar a la niña. No tuve tiempo de buscar una niñera.—explico Claire mientras caminaba al lado de su padre.
Cuando pasaron por la sala, Claire vio como un hombre se levantaba de su asiento y los miraba.
—¿Te he interrumpido?—pregunta la chica volviendo la mirada hacia su padre, sintiendo la mirada del invitado de su padre sobre ella.
—No, ya hemos terminado.—respondió el padre de Claire haciéndole un gesto al hombre para que se acercara.—Esta es mi hija, señor Garrinson.
El hombre se acercó y le dio un asentimiento de reconocimiento a Claire, para luego mirar brevemente a la niña y volver su atención hacia el padre de Claire.
—Fue un placer hablar con usted señor Cooper.— la voz del hombre volvió a llamar la atención de la chica, sin embargo, trato de no hacer contacto visual con el. No lo conocía y se sentía incómoda por haber interrumpido.—Espero que podamos llegar a un acuerdo.
—Seguiremos en contacto señor, Garrinson.—ambos hombres se estrecharon la mano y luego se despidieron.
Al pasar por el lado de Claire, el hombre la volvió a mirar. Mirada que la mujer sostuvo y que al instante se arrepintió de hacerlo, aunque no sabía exactamente porqué.
—Un placer verla a usted también, señorita.
Claire vio al hombre marcharse sin decir nada.
—¿Cómo está mi pequeña nieta?—la pregunta del papá de Claire la saco de sus pensamientos.
—Estoy bien, abuelo.— esas eran las primeras palabras que Adeline decía desde que había amanecido.
—Ya me tengo que ir papá.—Claire soltó un suspiro, sintiéndose un poco desilusionada.
—Esta bien, yo me haré cargo de mi nieta.
—Pórtate bien, Addy. Desde que termine volveré a buscarte—Claire acaricio el pelo de su hija con ternura y un poco de culpa al saber lo que iba a hacer.
La niña no respondió. Se soltó de su mano y camino hacia el padre de Claire, sin darle otra mirada.
Luego de dejar a la niña con su padre, y despedirse de ella de una manera nada cálida, Claire subió a su auto y volvió a su casa.
Cuando llegó, Claire tomó el papel del divorcio y bajo hacia la sala de estar.
Estaba clara de su decisión pero aún así no podía evitar el dolor y la decepción que sentía tanto por la forma en que su esposo decidió terminar todo y por el deseo de que este se retractara.
Claire observó el papel firmado sobre la mesa de su sala de estar. La tinta aún estaba fresca, pero la decisión estaba tomada.
La página parecía pesar toneladas, como si cada línea escrita cargara con los cinco años de su vida que había invertido en un matrimonio que nunca fue suyo.
Vincent quería el divorcio, y ahora lo tenía. Pero cuando se trataba de Adeline, no estaba dispuesta a ceder. Ella podía soportar perder a su esposo, incluso si su corazón aún estaba lleno de amor por él. Pero no perdería a su hija.
No podía.
Tomó aire profundamente antes de marcar el número de Vincent. El teléfono sonó varias veces antes de que él contestara, con su tono usualmente frío y distante.
—¿Qué pasa, Claire? Estoy ocupado —dijo, dejando en claro que no tenía tiempo para ella.
Claire cerró los ojos y contó hasta tres antes de hablar, intentando mantener la calma.
—Necesitamos hablar, Vincent —dijo con firmeza—. Es sobre Adeline. No quiero que esto siga afectándola de esta manera. Quiero que busquemos una solución.
—¿No podemos hablar luego? Estoy en la oficina, y tengo reuniones programadas —respondió él, como si la conversación fuera una molestia menor en su día.
Claire apretó los labios, sintiendo la frustración arder en su interior, pero no permitió que eso la distrajera.
—No, Vincent. —la mujer se mordió el labio inferior, mientras rogaba en su interior que este aceptará.—Esto no puede esperar. Es nuestra hija. Por favor, te estoy pidiendo que te tomes el tiempo para esto.
Hubo un momento de silencio al otro lado de la línea, y Claire pudo imaginarlo frotándose las sienes, con esa expresión de impaciencia que tan bien conocía.
—Está bien —dijo finalmente, aunque su tono dejaba claro que no estaba contento—Dime dónde.
Claire soltó un suspiro de alivio.
—En el restaurante "Palace"—musito Claire observando los cambios que le había hecho al divorcio.
—De acuerdo. Estaré allí en una hora—respondió él antes de colgar abruptamente.
Claire dejó el teléfono sobre la mesa y apoyo la cabeza sobre la superficie fría de la misma. Todo su interior estaba lleno de emociones conflictivas, pero estaba consciente de que ya no había vuelta atrás. Vincent ya había hecho su elección, y ahora ella debía proteger lo único que realmente importaba.
Su hija.
***
Una hora más tarde, Claire estaba sentada en una mesa en un rincón tranquilo del restaurante.
Había llegado temprano, queriendo asegurarse de que el ambiente fuera lo más neutral posible. El "Palace" era un lugar elegante, con iluminación tenue y un ambiente relajado que contrastaba con la tormenta que se avecinaba.
Cuando Vincent llegó, su presencia era tan imponente como siempre. Llevaba un traje gris impecable, su cabello perfectamente peinado, y su expresión era de total seriedad. Se acercó a la mesa con pasos seguros y tomó asiento frente a Claire sin perder un instante.
—Estoy aquí—preguntó, apoyando los codos sobre la mesa mientras la miraba fijamente.— ¿Qué es tan importante que no podía esperar?
Claire lo observó por un momento, tomando aire antes de responder.
—Es sobre Adeline, Vincent.—la mujer que se había tomado su tiempo para arreglarse debido a todas las horas de sueño que había perdido por el hombre que tenía frente a ella.— No sé si te has dado cuenta, pero todo esto está lastimando mucho más de lo que imaginamos a Adeline.
Vincent frunció el ceño ligeramente, como si intentara entender adónde quería llegar.
—¿A qué te refieres? —preguntó.
—Está cambiando, Vincent. Dice cosas que no debería estar diciendo a su edad. Está triste, y no sabe cómo procesar lo que está pasando entre nosotros —dijo Claire, su voz cargada de preocupación—. Se siente culpable, como si todo esto fuera su culpa. Y nosotros estamos haciendo que sea peor, al pelear por ella.
Vincent suspiró, recostándose en su silla mientras pasaba una mano por su cabello.
—Claire, no estoy peleando contigo por Adeline. Solo quiero lo mejor para ella. Y creo que lo mejor es que esté conmigo.
—¿Cómo estar contigo es lo mejor? Hoy ni querías venir a verificar que le sucede a tu hija.—Claire le dio una mirada de incredulidad. No entendía como este podía estar pregonando que deseaba el bien de Adeline pero no le ponía la atención que necesitaba.—¿Acaso se la entregaras a tus padres para que la terminen de criar?
Vincent la miró mal, pero a ella no le importo. Debía ser clara si deseaba solucionar las cosas.
—No empieces Claire. Obviamente me encargaré de la crianza de mi hija. Ella estará mejor conmigo y sabes que tengo razón. A mí lado no le faltará nada.
Claire apretó los labios y asintió lentamente, como si ya hubiera esperado esa respuesta.
Sabía que era común para las familias de la que provenía su esposo mandar sobre todo, pero eso no la intimidaría. Ella también contaba con el respaldo de su propia familia.
Quizás no tenían las mismas conexiones que los Hamilton pero tenían suficiente poder como para que Vincent alguna vez la considerara necesaria.
—Vincent, no estoy aquí para discutir sobre quién tiene razón. Estoy aquí porque quiero saber si realmente estás decidido a seguir adelante con esto —dijo, mirándolo directamente a los ojos—¿De verdad quieres el divorcio?
Vincent mantuvo su mirada fija en la de ella, su rostro inmutable.
—Sí, Claire. Quiero el divorcio. No puedo seguir en un matrimonio que no funciona. No te amo, nunca lo he hecho. No sería justo para ninguno de los dos seguir fingiendo.
Claire asintió de nuevo, esta vez con una calma inquietante. Metió la mano en su bolso y sacó un sobre que colocó frente a él.
—Está bien. Ya lo veía venir —dijo con voz neutral—. Aquí tienes. Los papeles del divorcio están firmados. Sin embargo, quiero que sepas algo, Vincent…yo nunca estuve fingiendo.
Vincent parpadeó sorprendido, su expresión suavizándose ligeramente mientras tomaba el sobre.
—Gracias, Claire. Sé que esto no es fácil, pero es lo mejor para todos.
Claire dejó escapar una risa seca, sin humor.
—No, Vincent. No es lo mejor para todos. Quizás sea lo mejor para ti, y para ella, pero no para mí y para Adeline. Yo fui la única que realmente creyó en este matrimonio, pero ya no importa. Se terminó.—respondió con toda la tranquilidad que pudo aparentar.—Ya tienes el camino libre para estar con quién realmente querías casarte.
Vincent no respondió, su rostro permanecía impasible mientras abría el sobre para revisar los papeles. Sin embargo, al pasar las páginas, su expresión cambió ligeramente.
—¿Dónde está el papel de la custodia? —preguntó, levantando la vista hacia ella.
Claire lo miró fijamente, sus ojos brillando con determinación.
—No está —dijo simplemente—Porque no voy a renunciar a mi derecho como madre, Vincent. Adeline necesita a ambos, no solo a ti. Si crees que puedes quitarme a mi hija, estás equivocado.
Vincent se recargó en su silla, su rostro endureciéndose.
—¿Entonces esto significa que quieres ir a juicio? —preguntó con frialdad.
—Si es necesario, sí —respondió Claire, sin vacilar— Pero no voy a permitir que uses tu dinero o tu influencia para apartarme de mi hija. Si quieres pelear, pelearemos. Pero ten algo muy claro, Vincent, no voy a rendirme. Adeline podrá ser una Hamilton, pero también es una Cooper, y no dejaré que te quedes con ella y mucho menos si esa mujer estará alrededor de ti.
El silencio que siguió estuvo cargado de tensión. Los ojos de Vincent se estrecharon mientras la estudiaba, como si estuviera viendo una versión de Claire que nunca había conocido antes.
Finalmente, dejó los papeles sobre la mesa y asintió lentamente.
—De acuerdo, Claire. Si eso es lo que quieres, así será.
Claire dejó escapar un suspiro, sintiendo cómo la tensión en su pecho se aliviaba ligeramente. Se había preparado para este momento, y aunque dolía, también sabía que había hecho lo correcto.
—No quiero pelear contigo, Vincent. Solo quiero lo mejor para nuestra hija.—Claire observó con parsimonia cada detalle del rostro del hombre que amaba, mientras pensaba que este era el último día siendo su esposa.— Pero si tú decides que esto tiene que convertirse en una batalla, entonces que así sea.
Vincent no respondió de inmediato. Solo la miró, su expresión siendo un misterio. Finalmente, se levantó de su silla, recogió el sobre y se inclinó ligeramente hacia ella.
—Lo resolveremos en los tribunales, Claire.—sin decir nada más, se dio la vuelta y salió del restaurante, dejando a Claire sola en la mesa.
Ella lo observó irse, sintiendo una mezcla de tristeza y alivio.