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Siendo puntual como siempre ya se encontraba en la pizzería, saludó a cada uno de sus compañeros cómo era de costumbre y ya se le había ordenado llevar diferentes órdenes. Al menos no se le había entregado la dirección de esa residencial lujosa, lo que significaba que no tenía que llevarle alguna orden a Alexander. Y qué aliviada se sentía de no tener que hacer eso. Era un profundo alivio, ya que no tendría que mirarle a la cara. Las semanas fueron transcurriendo y a medida que pasaba el tiempo, Andrea en lugar de alejarse de ese sentimiento, que estaba creciendo dentro de ella cada vez se acercaba más, no se volvía más pequeño, y es que se alimentaba de sus pensamientos, de la forma en la que se ponía cada vez que Alexander pasaba cerca suyo y su corazón no se quedaba atrás cambiando el

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