Samuel estaba en su habitación de la finca de Mauricio, relajándose después de un largo día de trabajo. De repente, hubo un golpe en la puerta. Abrió y encontró a uno de los subordinados de Mauricio, con una joven tímida a su lado. La chica evitaba mirarlo a los ojos, y sus mejillas estaban sonrojadas.
—Hola, Samuel —dijo el subordinado—. Mauricio me envió a traerte a esta chica. Dice que es para que la disfrutes hoy.
Samuel sonrió y le dio las gracias al subordinado antes de cerrar la puerta tras él. La joven seguía mirando al suelo, sus manos temblando ligeramente.
—¿Cómo te llamas? —preguntó Samuel, acercándose a ella.
—S-Sofía —murmuró ella, apenas audible.
—¿Eres nueva aquí, Sofía? —Samuel quería ponerla a gusto, pero su timidez era palpable.
—Sí —respondió ella—. Me dijeron que hoy es mi primer día.
Samuel la miró con curiosidad. Su piel era suave y clara, y sus cabellos castaños caían en ondas suaves sobre sus hombros. Tenía ojos verdes que brillaban con una mezcla de miedo y curiosidad.
—¿Eres virgen, Sofía? —preguntó Samuel, tratando de no sonar demasiado directo.
—Sí —admitió ella, mirando al suelo—. Por favor, no seas muy duro conmigo.
Esas palabras pusieron a Samuel a mil. La idea de ser el primero en tocar a una mujer tan inocente y pura lo excitaba más de lo que había imaginado. Se acercó a ella y la tomó por la cintura, acercándola a sí mismo.
—No te preocupes, Sofía —susurró, sus labios rozando su oreja—. Voy a cuidar de ti.
Samuel comenzó a explorar su cuerpo con sus manos, deslizándose por su espalda y bajando hasta sus caderas. Sofía suspiró suavemente, permitiendo que sus manos la tocaran. Samuel la giró hacia sí mismo y comenzó a besarla suavemente en los labios. Ella respondió tímidamente, sus labios temblando bajo los suyos.
—Relájate —susurró Samuel, separándose ligeramente para mirarla a los ojos—. Vamos a ir despacio.
Samuel volvió a besarla, esta vez con más intensidad. Sofía se dejó llevar, sus brazos rodeando su cuello. Samuel deslizó una mano por su espalda y la otra por debajo de su blusa, sintiendo la suavidad de su piel. Ella gimió levemente, su cuerpo respondiendo a su toque.
Samuel comenzó a desabotonar su blusa, revelando su sujetador de encaje rojo. Deslizó la blusa por sus hombros y la dejó caer al suelo. Sofía se sonrojó, pero no intentó cubrirse. Samuel se inclinó para besar su cuello, lamiendo y mordisqueando suavemente. Sofía gimió más fuerte, sus manos agarrándose a su blusa.
—Eres hermosa, Sofía —susurró Samuel, sus manos deslizándose por su espalda y desabrochando su sujetador.
Sus pechos eran pequeños pero firmes, con pezones rosados que se endurecían bajo su mirada. Samuel los besó suavemente, sus manos rodeando su cintura. Sofía arqueó la espalda, sus manos agarrándose a su cabello.
—Samuel —suspiró ella, su voz temblando—. Siento como si mi cuerpo estuviera ardiendo.
Samuel sonrió y la llevó hacia la cama, tumbándola suavemente sobre las sábanas. Se quitó la camisa y los pantalones, quedándose solo en ropa interior. Sofía lo miró con curiosidad y un poco de miedo, pero también con deseo.
—Vamos a ir despacio —repitió Samuel, acercándose a ella—. Quiero que disfrutes de cada momento.
Samuel comenzó a besar su cuerpo, deslizándose desde su cuello hasta su estómago. Sofía gimió, sus manos tocando su cabello. Samuel llegó a su braguita, y la deslizó lentamente por sus caderas, revelando su piel suave y su vello púbico.
—Eres tan hermosa —susurró Samuel, su lengua encontrando su clítoris y comenzando a lamerlo suavemente.
Sofía gimió más fuerte, sus manos agarrándose a las sábanas. Samuel continuó lamiendo y succionando, sus dedos encontrando su entrada y comenzando a explorarla. Sofía jadeó, su cuerpo arquándose hacia él.
—Samuel —suspiró ella—. Siento como si estuviera a punto de explotar.
Samuel sonrió y se levantó, quitándose su ropa interior y revelando su pene erecto. Sofía lo miró con temor, pero también con curiosidad. Samuel se inclinó sobre ella, sus labios encontrando los suyos una vez más.
—Vamos a ir despacio —susurró, sus manos guiando su pene hacia su entrada.
Sofía gimió cuando sintió la punta de su pene tocando su clítoris. Samuel la penetró lentamente, permitiéndole tiempo para acomodarse. Sofía jadeó, sus manos agarrándose a sus hombros.
—Dios, Samuel —suspiró ella—. Eso se siente tan bien.
Samuel comenzó a moverse lentamente, sus caderas encontrándose con las de ella. Sofía respondió, sus caderas moviéndose en sincronía con las suyas. Samuel aumentó el ritmo, sus movimientos se volviendo más profundos y rápidos.
—Samuel —gimió ella—. Más rápido.
Samuel obedeció, sus caderas golpeando contra las de ella con más fuerza. Sofía gimió más fuerte, sus manos agarrándose a sus hombros. Samuel sintió cómo su cuerpo comenzaba a tensarse, su orgasmo acercándose.
—Voy a venirme —susurró él—. ¿Estás lista?
—Sí —suspiró ella—. Vente conmigo.
Samuel aumentó el ritmo aún más, sus caderas golpeando contra las de ella con fuerza. Sofía gimió más fuerte, su cuerpo arquándose hacia él. Ambos llegaron al orgasmo al mismo tiempo, sus cuerpos temblando con intensidad.
Samuel se quedó sobre ella por un momento, sus respiraciones sincronizadas. Luego, se levantó y se recostó a su lado, tomándola en sus brazos.
—Eso fue increíble —suspiró Sofía, mirándolo a los ojos—. Gracias por ser tan paciente conmigo.
—Gracias a ti por ser tan hermosa y abierta —respondió Samuel, besándola suavemente en los labios—. Espero que podamos hacer esto muchas veces más.
Sofía sonrió, sus brazos rodeando su cuello.
—Estoy segura de que lo haremos —dijo ella—. No puedo esperar a ver qué más nos depara el futuro.