Capítulo 18: La Fisura en el Poder

1303 Words
El aire alrededor de Samuel y Mauricio se había vuelto espeso, cargado de tensión y oscuridad. El eco de las palabras de Mauricio —la tragedia de su hijo, consumido por un objeto mágico similar— había dejado una marca profunda en la mente de Samuel. Aunque la piedra en su mano palpitaba con el mismo calor y poder de siempre, una sensación nueva crecía dentro de él: **la duda**. Mauricio, todavía de pie a unos metros de él, lo miraba con una mezcla de súplica y severidad. —Samuel, debes detenerte ahora, mientras aún puedes. Si no lo haces, te destruirá, como hizo con mi hijo. Samuel apretó la mandíbula. **El poder que la piedra le había dado era inmenso**, le había permitido reclamar el control sobre la finca y enfrentar a Mauricio, pero las palabras de este ahora socavaban sus certezas. **¿De qué servía todo ese poder si al final lo perdería todo, incluso a sí mismo?** Sin pensarlo más, Samuel miró la piedra incrustada en su mano, sintiendo el latido constante que ahora parecía casi amenazante. Sus dedos se cerraron en torno al objeto, y una chispa de determinación encendió su mirada. —Si esta piedra me consume, entonces **no tiene sentido conservarla**. Mauricio lo miró con los ojos muy abiertos, pero antes de que pudiera intervenir, Samuel apretó la piedra con todas sus fuerzas, intentando quebrarla, romper el objeto que lo había atado a su poder. **El sonido de una grieta leve se escuchó en el aire**. Un rayo de luz fina se escapó de la fisura de la piedra, y de repente, el mundo a su alrededor pareció desvanecerse. El suelo bajo sus pies se disolvió, las paredes de la finca desaparecieron como si fueran humo, y el rostro de Mauricio se desdibujó hasta desaparecer. **Samuel fue transportado a otro lugar**, un sitio que no era ni el patio de la finca ni ningún otro lugar terrenal. --- **Samuel se encontró flotando en un vacío oscuro y silencioso**. La oscuridad era absoluta, salvo por una tenue neblina dorada que parecía flotar en la distancia. A su alrededor, la piedra en su mano seguía brillando débilmente, y aunque aún podía sentir su peso en su piel, ahora parecía más frágil, como si estuviera perdiendo poder con cada segundo que pasaba en ese extraño lugar. Justo cuando intentaba entender lo que estaba sucediendo, una serie de luces comenzaron a materializarse en la distancia, tomando forma lentamente. **Eran figuras altas, envueltas en sombras profundas, con ojos brillantes que parecían ver a través de él**. Cada una de ellas irradiaba una presencia antigua, poderosa y fría. Uno de los seres se acercó, flotando hasta situarse justo frente a él. **Su rostro era una mezcla de humano y sombra**, y sus ojos brillaban con un fulgor sobrenatural que Samuel nunca había visto antes. —Samuel —dijo la figura, su voz resonando en su mente como un eco distante—. Eres un portador, y has cometido un error al intentar destruir lo que no entiendes. Samuel sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero mantuvo su mirada fija en la figura. —¿Quiénes son ustedes? —preguntó, aunque en el fondo de su ser, una parte de él ya conocía la respuesta. —Somos los Vigilantes —respondió otra figura que se acercaba desde la derecha, su voz era baja y profunda—. **Somos los guardianes de los objetos de poder**, los que aseguran que el precio de cada deseo sea pagado en su totalidad. Samuel frunció el ceño, aún tratando de comprender lo que estaba ocurriendo. —¿Por qué yo? ¿Por qué me dieron este objeto? —preguntó, sin poder ocultar la mezcla de confusión y furia que lo embargaba—. **Esta piedra me ha dado poder, pero también está destruyéndome**. La figura más cercana a él, cuyos ojos eran de un tono azul helado, extendió una mano cubierta de sombras hacia la piedra en su palma. —Ese es el propósito de los objetos —respondió la figura—. Cada deseo que has formulado ha alimentado a la piedra, acercándola más a su esencia final. Estos objetos fueron creados para conceder poder, pero solo para aquellos dispuestos a sacrificar todo lo que son. Samuel sintió que el suelo, o lo que fuera que lo sostenía en aquel vacío, comenzaba a temblar bajo sus pies. **El vacío alrededor de él parecía estrecharse**, como si la oscuridad misma intentara tragárselo. —¿Por qué? —preguntó, con una voz que ahora sonaba casi desesperada—. ¿Por qué me eligieron? La figura de ojos azules se inclinó ligeramente hacia él, como si estuviera evaluando su pregunta. —No te elegimos, Samuel. Fuiste tú quien eligió el poder —respondió el Vigilante—. Las piedras, los collares, los anillos… todos los artefactos de poder buscan a quienes están dispuestos a pagar el precio. **Tú querías el control, y lo pediste. La piedra solo te respondió**. Otra figura, de ojos dorados y voz suave pero penetrante, se unió a la conversación. —Intentaste quebrar la piedra, Samuel, pero al hacerlo solo abriste el camino hacia este lugar. Aquí no hay control, ni poder absoluto. Aquí hay solo verdad. Samuel intentó retroceder, pero sintió que sus movimientos eran torpes, como si el espacio a su alrededor lo sujetara. **Cada palabra de los Vigilantes parecía acercarlo a un abismo más oscuro y profundo**. —¿Y qué es esta verdad? —preguntó finalmente, sin poder ocultar la desesperación en su voz. Los Vigilantes lo rodearon, y sus ojos brillaron al unísono, sus miradas atravesaban su ser, como si intentaran leer su alma. —La verdad es que nada de lo que has deseado realmente te pertenece —dijo la figura de ojos dorados—. El poder que la piedra te dio no es más que una ilusión. **Cada deseo te ha vaciado más, ha tomado de ti más de lo que has recibido**. La figura de ojos azules continuó: —Eres solo un recipiente. La piedra te ha usado para su propio propósito. Cada vez que formulaste un deseo, le entregaste un fragmento de tu esencia. Y ahora, Samuel, **la piedra está casi completa**. Samuel miró la piedra en su mano y vio que la grieta que había intentado hacer era ahora más profunda, pero en lugar de luz, un oscuro resplandor emanaba de ella, como si una oscuridad antigua estuviera atrapada en su interior, esperando ser liberada. —Entonces, ¿qué hago? —preguntó, sin saber si le hablaba a los Vigilantes o a sí mismo—. **¿Cómo me libero de esto?** La figura de ojos dorados alzó una mano, y Samuel sintió una corriente de energía que lo sacudió desde los pies hasta la cabeza. —La piedra ha tomado mucho de ti, pero no todo está perdido. Puedes devolverle el poder, entregarlo todo y renunciar a tus deseos. **Solo así podrás liberarte completamente**. Samuel se quedó en silencio, el vacío a su alrededor se hacía cada vez más denso, como si las sombras de los Vigilantes lo estuvieran rodeando, exigiendo que tomara una decisión. Finalmente, con la respiración entrecortada y el peso de todo lo que había perdido cayendo sobre él, Samuel levantó la piedra, mirándola con una mezcla de odio y desesperación. —Entonces… **me lo llevo todo o lo dejo todo** —murmuró. La figura de ojos dorados asintió, y los demás lo imitaron. —Así es, Samuel. Pero el tiempo se acaba. Si eliges el poder, este lugar será tu hogar para siempre. Si renuncias… volverás al mundo, pero sin el control que tanto ansiabas. Samuel cerró los ojos, sintiendo que el vacío a su alrededor lo envolvía, y en un susurro apenas audible, formuló su elección.
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