Capítulo 7: Seguridad

1742 Words
Samuel entregó el paquete con éxito y Alvaro, como había prometido, lo llevó a una finca en el campo. Era un lugar seguro y tranquilo, rodeado de naturaleza y lejos del bullicio de la ciudad. Una vez allí, Samuel fue escoltado a su habitación. Pero para su sorpresa, no estaba solo. Dos jóvenes mujeres, Ana y Maria, lo estaban esperando. Ambas eran hermosas y tenían cuerpos deseables. Samuel no pudo evitar sentir una oleada de excitación cuando las vio desnudarse frente a él. Ana tenía el cabello corto y n***o, y los ojos marrones. Era morena y de piel suave, con un cuerpo atlético y un par de pechos firmes y redondos. Maria, por otro lado, tenía el cabello largo y rubio, y los ojos verdes. Era blanca y de piel pálida, con un cuerpo curvilíneo y un par de pechos grandes y suaves. Ambas estaban desnudas y listas para complacer a Samuel. Ana se acercó a Samuel y comenzó a desabrochar su camisa. Sus manos eran suaves y firmes al mismo tiempo, y cada caricia la hacía sentir más y más excitada. Maria se acercó por detrás y comenzó a desabrochar su pantalón. Samuel sintió sus dedos frías y delicadas en su piel, y tuvo que contener un gemido de placer. Una vez que Samuel estuvo desnudo, Ana se arrodilló frente a él y comenzó a besar su m*****o erecto. Maria se acercó y comenzó a acariciar sus pezones duros y erectos. Samuel no pudo contenerse y soltó un gruñido de placer. Las dos mujeres se miraron y sonrieron, sabiendo que habían logrado su objetivo. Después de un rato de placer oral, Ana y Maria decidieron llevar las cosas al siguiente nivel. Maria se acostó en la cama y abrió sus piernas, invitando a Ana a entrar. Ana obedientemente se acercó y comenzó a lamer el coño de Maria. Samuel miraba con asombro y excitación mientras ambas mujeres disfrutaban de sus cuerpos desnudos. Después de un rato de lamer y chupar, Ana se puso de pie y se acercó a Samuel. Le besó profundamente en los labios, compartiendo el sabor de Maria en su boca. Luego, se agachó y comenzó a acariciar su m*****o erecto una vez más. Maria se unió a ellas y comenzó a acariciar los pezones de Samuel. Samuel no pudo resistir más y empujó su m*****o dentro del coño de Ana. Ella soltó un gruñido de placer y comenzó a moverse salvajemente. Maria se acostó a un lado y comenzó a acariciar su clítoris, aumentando su placer. Samuel se sentía como en el cielo, con dos hermosas mujeres desnudas a su alrededor. Después de un rato de follar, Samuel se retiró y Maria tomó su lugar. Samuel empujó su m*****o dentro de su coño y comenzó a moverse salvajemente una vez más. Ana se acostó a un lado y comenzó a acariciar su clítoris. Samuel se sentía como si estuviera en el cielo, con dos hermosas mujeres desnudas a su alrededor. Después de un rato de follar, Samuel se corrió dentro del coño de Maria. Ella soltó un gruñido de placer y se acurrucó a su lado. Ana se acostó a su lado y comenzó a acariciar su pecho. Samuel se sintió completamente satisfecho y relajado. Había tenido la mejor experiencia s****l de su vida, y sabía que no la olvidaría jamás. El amanecer apenas comenzaba a despuntar sobre las montañas que rodeaban la finca. Samuel abrió los ojos lentamente, sintiendo la luz suave colarse a través de las cortinas de la habitación. El lujo del cuarto contrastaba con todo lo que conocía: las sábanas de seda, la cama amplia, los muebles de caoba pulidos. Era como si hubiera despertado en otro mundo. El olor de perfumes dulces y caros aún flotaba en el aire, mezclado con las memorias difusas de la noche anterior. La noche había sido una mezcla de sensaciones desconocidas para Samuel, envuelto en una experiencia que lo había hecho olvidar, aunque fuera por un breve momento, los problemas que lo perseguían. Se giró lentamente en la cama y vio las mantas revueltas donde antes estaban las chicas que Álvaro había "enviado" para que pasara la noche. No había estado preparado para aquello, pero la euforia y la confusión de todo lo que había estado pasando lo arrastraron. Era como si se hubiera dejado llevar por una corriente que no sabía cómo detener. Virgen hasta entonces, Samuel había pasado de ser alguien invisible para las mujeres, ignorado en su vida cotidiana, a ser tratado como si fuera alguien importante. Pero sabía, en lo profundo de su mente, que todo esto era artificial, creado por las circunstancias y el poder de la mafia, no por algo genuino. No había deseos ni emociones sinceras en lo que había ocurrido. Era parte del "paquete" que venía con su nuevo mundo. Suspiró y se levantó de la cama, sintiéndose extraño en su propia piel. Las sábanas aún olían a ellas, y una sensación de vacío se instalaba en su pecho. Se lavó la cara rápidamente en el baño lujoso adyacente a la habitación, intentando aclarar su mente. Las cosas iban demasiado rápido. Mientras bajaba las escaleras hacia el salón principal de la finca, un imponente caserón rodeado de jardines privados y una piscina infinita, Samuel intentaba ordenar sus pensamientos. Sabía que la "prueba" del día anterior había sido solo un comienzo, pero no tenía ni idea de lo que venía después. El crujir de la madera bajo sus pies era el único sonido mientras recorría los pasillos decorados con pinturas caras y antigüedades que parecían fuera de lugar para alguien como él. Al entrar en la sala principal, lo primero que vio fue a Álvaro sentado en una butaca de cuero junto a una ventana grande que daba al jardín trasero. Estaba relajado, con un cigarro entre los dedos, mirando el paisaje con una calma que Samuel no comprendía. Cuando sintió su presencia, Álvaro se giró lentamente, una sonrisa perezosa apareció en su rostro. —Ah, Samuel —dijo Álvaro con su tono habitual, suave pero cargado de intención—. Justo a tiempo. ¿Cómo estuvo la noche? Samuel sintió una oleada de incomodidad. No sabía cómo responder. La noche había sido todo lo que nunca había imaginado experimentar, pero también sabía que no podía mostrarse débil frente a Álvaro. —Estuvo bien… —respondió, intentando que su voz no sonara insegura. Álvaro soltó una risa corta y seca, exhalando una bocanada de humo. —Me alegra escuchar eso. —Se puso de pie y se acercó a Samuel, dándole una palmada en la espalda—. Sabes, a los chicos que trabajan bien siempre les damos algo especial. Es nuestra manera de mostrar aprecio. Samuel asintió, aunque por dentro se sentía como si estuviera jugando un juego peligroso sin conocer las reglas. —El trabajo de ayer fue… fácil, ¿verdad? —continuó Álvaro, rodeando la sala con sus manos en los bolsillos—. Una simple entrega. Ir, dejar algo, recoger otra cosa. No tuviste ningún problema, ¿no? Samuel pensó en la moto robada, en las sirenas de la policía y en cómo había escapado por poco. Claro que hubo problemas, pero no estaba en posición de quejarse. Así que simplemente asintió. —No, nada que no pudiera manejar. Álvaro lo observó por un momento, sus ojos entrecerrados como si evaluara cada palabra de Samuel. Luego sonrió, satisfecho. —Sabía que serías un buen fichaje —dijo Álvaro—. Pero lo de ayer… —se detuvo por un momento, como si saboreara lo que iba a decir— …fue solo una prueba. Samuel frunció el ceño, sin entender del todo lo que Álvaro quería decir. —¿Prueba? —preguntó, sintiendo un nudo en el estómago. Álvaro lo miró con una expresión más seria ahora. —Así es. El trabajo de ayer no era lo real. Solo queríamos ver cómo manejabas una situación sencilla antes de confiarte algo importante. Y déjame decirte, Samuel, lo importante está por venir. Samuel sintió un escalofrío recorrerle la espalda. No le gustaba cómo sonaba eso. Pensó que al haber completado el trabajo, su deuda estaba saldada, pero Álvaro claramente tenía otros planes. —¿Qué es lo importante? —preguntó, tratando de mantener la calma. Álvaro sonrió de nuevo, pero esta vez, su sonrisa era más fría, más calculada. —Verás, ahora que demostraste que puedes manejar una simple entrega sin romperte bajo presión, mi jefe —Mauricio, "El Tiburón"— quiere que hagas algo más grande. Nada que no puedas manejar… si sigues las reglas. —Se acercó más, clavando sus ojos en los de Samuel—. No te preocupes. No es diferente de lo que hiciste ayer… solo que hay más en juego. Samuel sintió que la presión en su pecho aumentaba. Había entrado en esto pensando que podía cumplir con algunas tareas simples y salir, pero ahora se daba cuenta de que estaba más atrapado de lo que había imaginado. **No había marcha atrás.** —¿Qué tipo de trabajo? —preguntó, aunque temía la respuesta. Álvaro dejó que el silencio se prolongara por un momento antes de responder. —Ya te lo explicaré más adelante. Lo importante ahora es que te prepares. Tienes que estar listo para lo que sea. Ya no eres solo un chico más, Samuel. Estás en la finca del Tiburón. Eres parte del equipo ahora. Samuel sintió que las palabras pesaban sobre él como una losa. Estar en la finca del jefe de la mafia no era un signo de confianza, sino de control. Estaba en el corazón del peligro y sabía que no podía salir fácilmente de allí. —Está bien —dijo finalmente, su voz más baja de lo que esperaba. Álvaro sonrió, satisfecho con la respuesta. —Bien. Eso es lo que quería escuchar. Relájate por ahora. Mauricio querrá verte pronto, y cuando lo haga, querrás estar en tu mejor forma. Con eso, Álvaro se dio la vuelta y salió de la sala, dejando a Samuel solo en el amplio espacio lleno de lujos que no podía disfrutar. Se quedó quieto por un momento, procesando todo lo que acababa de escuchar. Había superado la prueba, pero ahora venía lo real. Y, a medida que pensaba en lo que vendría, no podía dejar de sentir que, con cada paso que daba, se hundía más y más en un abismo del que no sabía si podría escapar.
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