Angela:
—Quizás si que mate a alguien —le respondo vagamente con la esperanza de que deje el tema
Sonríe—Con esa altura, no lo creo. Eres más como un conejo asustado
—Quizás esa es la trampa. —lo miro sin despegar mis ojos de el —Parecer adorable e inofensiva, hasta que ya es demasiado tarde.
—¿Tarde para que?
—Para reaccionar.
—¿Ah sí...?
—Si—lo miro seria sin darle espacio a sus palabras—Solo hasta que te des la vuelta. Es ahí, Ethan, cuando ataco al cuello.
Pensé que tomaría mis palabras en serio, casi como si estas hubieran sido una amenaza, pero no, el en cambio sonríe. Sus ojos destilando en un brillo divertido.
Pareciera que está situación le gustara
¿Qué demonios le pasa?
—Tal parece que a mi coneja la crecieron garras ¿no? Creo que me he olvidado de cortártelas.
No respondí.
—Pero yo, tengo teorías—continua. Y nunca ha despagado su mano de mi cuello —quizás tienes una cicatriz algo vergonzosa, o un tatuaje del cual te arrepientes y ya no pudiste borrar, o un corte por traumas pasados—insinúa —o quemaduras
—Sea cual sea la respuesta, no es su problema ¿no?. No es primordial, o relevante tener esa información
—Pero amor, —habla suavemente —no hay secretos entre nosotros ¿recuerdas?
Y cuando siento su mano tocando mi guante entorno los ojos hacia el—No sobrepases una raya de la cual no podrás regresar, Ethan Blackwood —quizás es mi tono, pero lo hace detenerse.
Suspira —bien. No te obligaría a que me enseñes nada
—Es una cicatriz vergonzosa, es todo—de alguna forma tendrá que conformarse con eso. Y de alguna forma no es tanto una mentira después de todo.
—¿Te cortabas?
—No. Nada de eso.
—Bien. Bien. Te creo. —me dice, pero no ha retirado su mano de mi cuello aun.
—Ahora ¿que? ¿Me vas a ahorcar?
—No en un mal sentido, Angela. —sus ojos azules fijos en los míos mientras repite lentamente— Nunca, en un mal sentido
—¿Es que hay mas sentidos?
Me suelta, pero no se aleja—¿sabes en que estoy pensando justo ahora?
—No.—mi cabeza vuelve a su posición inicial.
—¿Te doy una pista?
Claro que se en que esta pensando. De alguna forma Rose tenia razón en algo, Ethan era un hombre que hasta donde sabia era un adicto al sexo, alguien que salía cada fin de semana, fiestas diferentes, chicas diferentes. ¿De verdad iba a poder controlarse siquiera un mes? Ni se diga dos años ¿porque había pretendido hacer un voto de castidad en esta farsa cuando conocía sus propias limitaciones?
—¿Es que solo piensas en eso? ¿No piensas en otra cosa que no sea sexo?
— ¿Por qué iba a pensar en otra cosa cuando tengo a mi perfecta esposa justo delante de mí?
—No soy tu esposa.
Pero como se empeña en molestarme, me toca la mejilla —Yo soy tu esposo.
—No tengo uno. —insisto
— Tienes uno, Angela. — Su voz es suave, casi un susurro. Pero no me dejare embaucar— Estoy aquí, contigo. No te dejaré sola nunca más. — el contacto físico es tan ligero como un beso, el suave aletear de una mariposa, pero tiene un poder emocional inmenso.
Le aparto la mano manteniendo serenidad—pareciera que estas confundiendo nuestros papeles aquí
El solo me mira —quizás la que aun no lo entiende eres tu.
No quiero preguntarle que quiere decir con eso. No quiero darle la satisfacción de eso, el poder del conocimiento sobre mi. Prefiero fingir demencia a entendimiento. Los que saben demasiado no duran mucho tiempo. Es mejor ser una ignorante.
— ¿Quieres ayudarme a aliviar esta necesidad, mi amor?
Niego.
El frunce el ceño, claramente frustrado por mi resistencia. Pero luego, después de un momento, suspira y da un paso atrás, dándome un poco de espacio
—Tendré paciencia contigo, Angela. Te cortejaré como corresponde.
¿Qué estupideces está diciendo?
¿Acaso ha olvidado su sitio?
Sus ojos se oscurecen como una promesa velada. —Pero no pienses ni por un segundo que esto cambia algo. Lo que ambos sabemos que es inevitable. ¿No te lo había dicho ya? No te dejare ir. Tengo muchas cosas que mostrarte, Angela, muchos regalos para ti, sitios a los que ir. Cosas que solo podrás disfrutar con mi compañía. Créeme, no necesitas nada mas. Te sorprenderás de ver que al final del día estarás agradeciéndome. — al ver mi expresión me habla con más condescendencia—No te preocupes, amor, todo está bien
¿Qué es lo que está bien? Maldito loco.
Se acerca de nuevo, su mano acariciando mi mejilla con ternura engañosa. —Te daré tiempo. Pero no me hagas esperar demasiado, Angela. Mi paciencia tiene límites
Y la mía una sentencia de muerte.