Capítulo tres

2460 Words
Le insistía a Percy llegando a casa que saliera con una de esas chicas. —No estamos en brachiller, no te van a hacer bullying. —Pero dan miedo enserio—espeté. Cuando ambos entramos a la casa Ellis , él estaba cocinando algo. —¿También asearás la casa?—dijo subiendo a su cuarto Percy entre risas. —No sabía que cocinabas—le dije—.Yo nunca supe hacer más que unas pastas. —Solía hacerlo con gusto hasta el divorcio de mis padres, ya sabes. Yo asentí con la cabeza. —¿Que le decías a Percy? —Que saliera con una chica de nuestra clase—conté. —Percy no lo haría, solo si es por diversión. —Entiendo. ¿Has hablado con él? Ellis negó con la cabeza. —Ésto es lo único que tengo, no puedo vender. Yo mientras estaba cruzada de brazos. —Supongo que yo sí quiero vender, pero no por ahora. —Pensé que no querrías vender porque queda junto a tu casa—espetó él. —Lo sé, pero soy escritora, en algún momento debo publicar todos mis libros. —¿Escribes? Yo me rasqué la cabeza, había olvidado por completo que no le había mencionado a nadie que escribía. —Sí, huh, escribo novelas... —Eso debe ser genial, tener un talento. —Yo no lo llamaría talento. —¿Escribiste sobre tu madre? Refunfuñé. Todas las personas creen que los escritores escribimos solo lo que nos sucede. —Mi madre no murió para ser un libro—espeté marchándome, aunque podía sentir la voz de Ellis disculpándose. Tomé mi medicación al llegar y justo Percy entró por la puerta. —No sabía que eras de esas... —De esas ni nada, es bajo receta. —Haré una fiesta, pero solo en mi parte de la casa. ¿Quieres venir? —¿Y Ellis? —Odia las fiestas. —Está bien. No sabía que vestir, hace mucho tiempo hice una identidad con la ropa, pero solo era eso, una identidad, un personaje más. Así que me puse una peluca y un tapado, como lo haría mi abuela, y eso era extraño, porque no la quería, pero me gustaba la parte de poder transformarme, ser rubia, o quizás morena, pelirroja tal vez. Ingresé a la parte de Percy y por suerte muchas personas no me reconocieron, excepto él. —¿Tienes estas cosas? Genial—dijo genuinamente. Sonreí y me sonrojé. Nadie antes había halagado mis pelucas. No al menos un hombre. Y me senté, y la gente comenzó a irse, todos comenzaron a irse de a poco, hasta que solo quedó él fumando en la escalera que daba con su cuarto, una escalera de hierro en espiral que daba con el jardín trasero. Yo me recosté en la alfombra del suelo. —¿Como conoces tanta gente? —Es un pueblo pequeño. —Solía conocer mucha gente antes—comenté. —¿Y que sucedió? —Novios, amigas traicioneras y...envejecí. —No puedes dejar que esas cosas definan lo que hagas—dijo recostándose junto a mí. —Juro que ya no entiendo a los chicos de ahora, me siento tan vieja—dije riendo mientras me dirigía a él. —Yo soy mayor que tú. —Lo sé. No me gustan los mayores. —Solo te llevo dos años. —Los hombres envejecen más rápido—dije entre risas. Él cambió el tema repentinamente. —¿Tomas esas pastillas por tu madre? Yo me sostuve sobre mis codos y negué con la cabeza. —Siempre he tenido problemas. Él se acercó y yo dejé que se acercara, buscó mis labios y dejé que los encontrara y entonces fue un frenesí de besos, estaba tan contenta como si lo hubiera deseado desde antes, pero tenía miedo de que Ellis me viera. —¿Has tenido sexo? Yo asentí con la cabeza y a posterior, él cerró su puerta con cerrojo y me alzó llevándome a su cama, recorriendo mi cuerpo como nadie de los demás lo había hecho. —¿Tu quieres hacerlo? Yo asentí con rapidez. Él volvió a lo suyo y ambos llegamos tarde a la universidad al día siguiente porque nos quedamos dormidos, pero luego él aceptó salir con la chica que me molestaba y eso me causó celos, pero no se lo podía decir a Ellis ni a nadie. —¿Porque vas tan rápido hoy?—preguntó Ellis. —Supongo porque creo que estoy rota. —¿Otra vez con eso? Él intentó darme la mano pero yo corrí hacía el baño por mis pastillas, siempre guardaba algunas de repuesto. En cuanto salí del baño me encontré con Percy que abrió mi ojo sin preguntar. —¿Enserio? ¿En la universidad? Yo pasé a través de su hombro y casi corrí a clase, pero sentía su mirada penetrante y cuando salí de nuevo, él estaba allí, esperándome. —Le contaré a Ellis si no lo controlas. —¿Porque duermes conmigo y luego aceptas la invitación de esa chica? No te entiendo Percy. —Pensé que no quería que te aislaran... Ellis llegó metiendo sus cosas en su mochila. —Ah, no, pues gracias—dije irónica y me marché al patio de la universidad, donde fui llamada por la joven de antes. —No se que magia hiciste pero Percy me invitó a salir—me contaba ella. —Que bueno—respondí hipócrita. —Quizás deberías venir con nosotras—dijo sin antes poder dar una respuesta, tomándome de la muñeca y llevándome con su grupo. —¿Tu eres la que vive con Percy y Ellis? —preguntó una mientras tomaba una gaseosa. —Sí, supongo que soy yo—dije pensativa. —¿Y que te llevó a esa situación? —La casa de mi abuela se vendió en tres partes. —¿Y todos son jóvenes? —Los dueños no, solo metieron a sus hijos allí. —¿Y Percy seguirá allí? La universidad queda muy cerca. —No lo se, no hablamos de eso... Debí hablar de eso con él antes de acostarnos pero no se me ocurrió porque pues soy imbécil. —De todas formas, Ellis no está tan mal, solo tiene cara de niño... —¿Te molestaría si salgo con Ellis?—preguntó la secuaz mayor. —Sí—espeté sin rodeos. Podían quedarse y destrozar su corazón con Percy, pero Ellis era una buena persona. —¿Te gusta él?—preguntó la que pidió salir con Percy. —Pasamos mucho tiempo juntos. Al volver a clases, me dirigí directamente a Ellis y le di un beso en los labios. Él me correspondió, hasta que la profesora nos paró en seco, cuando me senté no quise ver a los lados, oía los murmullos pero vi a Ellis sonriéndome. Quizás lo estaba usando por lo que había sucedido con Percy, pero sabía una sola cosa, Percy era peligroso para mi sensibilidad y Ellis significaba seguridad, y en este momento, con lo de mi madre, necesitaba tranquilidad, y Ellis siempre estuvo allí para mí. Pero tocó la hora de salida y me dirigía a salir de la universidad, alguien me empuja de la muñeca y me lleva a la sala de teatro. —¿Estás jugando conmigo?—preguntó Percy. —¿Eres el único que puede jugar con las personas aquí? —Sabes que Ellis es una buena persona... —Por eso mismo, él no me lastimará. Percy volvió a besarme, yo lo aparté. —Dime que eso se siente cuando besas a Ellis. —Tengo que irme y no es de tu incumbencia. Él se mordió los labios y vio como apresuré el paso para llegar a Ellis, aunque los tres finalmente nos dirigíamos al mismo lugar. Ellis se tira al suelo conmigo con el pecho en el suelo en el pasillo, cerca de los armarios y cerca del baño que compartíamos Ellis y yo. —¿Porque hiciste eso en plena clase? —Porque otras chicas me preguntaron por ti. Lo tomé de la mano. —Eres un buen chico Ellis, no dejaré que nadie te aleje de mí. —Creo que podría estar así toda la vida...—dijo sonriendo y mirándome de repente. —Hay cosas que debes saber de mí—dije cerrando los ojos. —¿Como que cosas? —Hay cosas que no entenderías, Ellis. —Pero yo sí—espetó Percy fumando un cigarro—.Cuando terminen de hablar acérquense a mi cuarto. —¿Porque él las sabe? Yo me llevé la cabeza a las rodillas. —Porque me vio hacerlo... Ellis se levantó rápidamente. —Entonces yo también debo saberlo. —Espera, Ellis—corrí tras él. Ellis abrió la puerta del cuarto de Percy y pensé por un segundo que le contaría lo que habíamos hecho. —¿Porque tan misterioso? Di todo lo que tienes para decir—instó Ellis. Percy tomó asiento en un sofá victoriano viejo que guardaba como si fuera su trono. —Quiero vender mi parte. —¿Solo eso? —Huh, sí, a y que a tu novia le gustan las pastillas. —Sabes que no queremos vender—espeté. —Pero yo cambié de idea—siguió Percy con mirada suspicaz. —Esto es solo un capricho...Ellis... —¿Eso es cierto? —¿De que quiere vender? No lo sé. —No te hagas la tonta. De que tomas pastillas. —Sí, bajo receta, ¿porque eso es malo? —Bajo receta o sin receta son drogas igual—espetó Ellis marchándose. —Y si supiera que tomas de más—dijo en mofa Percy. Yo seguí a Ellis y le tomé la mano. — No puedo creer que mi medicación sea un problema para nosotros. —Puedes morir de una sobredosis, Melanie. Yo me llevé las manos a la cabeza. —No estoy drogándome porque me gusta Ellis, mi madre acaba de morir. —Pues supongo que será solo hasta que hagas tu duelo, ¿cierto? —Ellis, ¿cuanto puede durar un duelo?—pregunté entre lágrimas. —No lo sé. —Ese es el problema, que no lo sabes, solo yo puedo decidir cuando dejarlas o no. Dejé el lado de Ellis y fui a mi cuarto, apagué todas las luces y escuché un murmuro del otro lado. —¿Que quieres? —No está mal que tomes algo que reduzca el daño y la angustia que sientes—murmuró Percy. —¿Y porque la persona más buena del planeta no piensa lo mismo? —Porque quizás no es la persona más buena del planeta para ti... —Quiero a Ellis... —Pero no lo amas. —Fingiré que no escuché eso—dijo Percy desviando la mirada—¿Porque tuvimos lo que tuvimos si no significó nada? —Porque quizás lo haces con todas. —Sabes muy bien Melanie que no. —Extraño a mi madre, ella sabría aconsejarme—pensé para mis adentros—.Bueno entonces, ¿que estabas haciendo con la rubia? —¿Con Sabrina? Para comenzar, es vomitiva. Solo quería que tuvieras amigas. —¿Enserio? ¿Se trataba de mí? Ahórrate esas cosas Percy, sé que coqueteabas. —Entonces prometo que no coquetearé más con nadie y que no me verás ni cerca de una chica en todo el tiempo que vivamos aquí. Yo reí. —¿Y tú dejarás de querer vender? —No quiero vender—admitió y me besó, yo correspondí aquel beso y su cuarto fue por un momento un nido de incertidumbre y amor. —¿Que quieres de mí?—me acerqué preguntándole. Él me abrazó y me besó en la nuca. —Que seas mía. —Hablo enserio, sé que no estás enamorado de mí, ¿que quieres de mí? —¿Cómo sabes que no te amo? —La gente necesita más tiempo para amar... —La vida es muy corta para esperar a amar. —¿Entonces me amas? Le sonreí dándole un beso. —Sí, pero quiero que tú me ames. —¿Y cómo sabes que no lo hago? —Por la forma en la que miras a Ellis. Me enfadé y comencé a vestirme. —No puedes dudar por Ellis. —No sabes como se miran... —¿Estás celoso de Ellis? Es un niño. —Un niño que te gusta. —Creo que es mejor dejar las cosas así—digo. —Sin respuestas, porque yo te las doy todas pero tú solo huyes de mí, como si yo te hiciera algo malo. Volteé a verlo. —No lo haces, pero ése no es el problema y tampoco Ellis. Cuando volví de mi habitación me encontré con Ellis. —¿Porque sales de su habitación? —Huh, ehm, él quería algunas cosas de las que yo tomo. —Entiendo—respondió ingenuo. Me abalancé sobre él y lo besé. Él me sonrió. —¿Estamos bien?—le pregunté. Él asintió con la cabeza y yo volví a mi cuarto, me recosté en el centro de la cama y me pregunté, ¿se puede amar a más de una persona? Porque Percy era sexy, pero Ellis era tan tierno que solo daban ganas de protegerlo. Pero no podía jugar con sus corazones, tenía que elegir a uno de ellos, pero no podía, aunque mi razón ya había escogido a Ellis y Percy solo le traería caos, el corazón lo elegía a él. Así que eligió a Ellis, y se lo hizo saber a Percy cuando en el desayuno se levantó y besó a Ellis, éste, le correspondió el beso. Percy confundido pregunta; —¿Son novios? —Supongo—dije yo. Percy me miró con desdén. Ellis me hizo lugar junto al suyo en la mesa, Percy terminó su almuerzo antes y salió para la universidad antes que todos. —¿Que le sucederá? Ayer con lo de las pastillas y que quería vender... —Percy siempre es raro. Como sea, no venderá. —¿Y cómo lo sabes? —Porque solo dice esas cosas para llamar la atención. —Entiendo. Así que...somos novios... Yo abrí los ojos como platos, cierto, eso había dicho, pero solo lo había dicho para que Percy lo escuchara. —Si, ¿quieres? —Claro que quiero, Melanie... —¿Aún si tomo medicación? —Ya no me meteré en tus cosas, lo prometo. Yo sonreí y volví a besarlo con la comida en la boca. Pero en el fondo, no dejaba de pensar en Percy. ¿Que haría después? ¿Haberlo dejado ir había sido peor que estar con él? ¿Rompería mi corazón?
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