Al terminar la clase Percy invitaba a todo el salón de clases a la casa, mientras yo me le acercaba.
—No sabía que estudiabas aquí...
—Yo tampoco que tú lo lo hacías—dijo con desgana.
—Sigue siendo la casa de mi abuela—espeté.
—Esa casa está por caerse, si no la vendemos pronto perderá su valor—dijo apartándose.
—¿Y entonces que haces invitando gente para una fiesta allí?
Él se dio media vuelta y me sonrió;
—Me gustan las fiestas—dijo guiñando un ojo.
Luego me dirigí a Ellis.
—¿No sabías que estudiaría aquí?
—Melanie, no pensé que estudiaría en una pública.
Yo me encogí de brazos y suspiré.
—¿Y lo de la fiesta?
—Trataremos de hacer de portón y que no entre mucha gente.
—Esto es injusto—dije yo sentándome sobre una mesa.
—Lo sé, pero es parte de Percy...
—Pues espero que su parte no moleste mi parte—digo tomando mi cartera y bajando las escaleras.
Llega la noche y el gentío se acumulaba dentro del portón, los podía ver desde la habitación de Ellis que tenía salida al balcón.
—¡La fiesta se canceló! ¿No se enteraron? ¡Vuelvan a casa!—comencé a gritar hasta que el gentío comenzó a disiparse.
—¿Que haces?—llega Percy con el ceño fruncido.
—También es mi casa por si no lo sabías.
—No te hará nada un poco de diversión—comentó.
—Claro, porque tengo tiempo para fiestas y demás cosas cuando trato de lidiar con la muerte de mi madre. ¿Sabes acaso lo traumático que es esto al menos para mí?
—No eres la única que perdió a alguien aquí.
—¿Que?
Él encendió un porro y abrió las ventanas corredizas de su pasillo.
—Por eso mis padres me consiguieron este lugar y me inscribieron en esa universidad.
—¿No te gustan las leyes?
—No, pero a mi padre sí. Y debo hacer lo que él diga.
—¿Y no has pensado en...?
—¿Revelarme?—él rió—.Mi padre me dejaría en la calle.
—Yo, pues tengo miedo de terminar en las calles—le admití juntando las manos.
Él me miró con sospecha.
—¿Porque lo tendrías?
—Porque si a mi padre le sucediera algo, su familia reclamaría ésta parte y mi casa.
—¿Son suyos?
—No, pero mi padre dice muchas cosas....
—Está bien, te prometo que no te quedarás en la calle, Melanie—dijo tirándome el humo de su cigarro.
—¿No te da curiosidad que le tenga miedo a mis familiares?
Él volvió a desviar la mirada y negó con la cabeza.
—En ocasiones son nuestros peores enemigos.
Ellis se hace presente silenciosamente.
—¡Ey aquí llegó tu novio!—dijo en broma Percy marchándose a su habitación.
—No sabía que tenía baño y salón propio—contó Ellis revisando el lugar.
—Por eso admiraba a mi abuela, mi abuelo la engañó, pero ella seguía mantenida y viajaba y solo compraba ropa.
—¿Y tú has viajado?—preguntó Ellis.
Yo tomé asiento en la habitación.
—Las últimas vacaciones las tuve con mi madre...
—¿Y eso es malo?
Yo asentí soltando unas lágrimas.
—De haber sabido que era la última vez que estaba con ella, la hubiera acompañado a la playa, me hubiera levantado en las mañanas.
—¿Que problema tienes con las playas?—intentó hacerme reír Ellis.
—No lo sé, no me gusta el calor, la arena, el agua. No te rías pero casi me ahogo muchas veces de niña—me reí para mis adentros.
Él se recostó en la cama de la risa y yo también, luego fui a mi cama y ambos quedamos frente a frente, se podía sentir la química, pero él no hizo nada, solo se levantó disculpándose.
—Bueno, ya que espantamos a toda la tropa de Percy ya me puedo ir. Estaré aquí alado, por si me necesitas.
Yo asentí con una sonrisa pero luego me recosté y comencé a llorar. Percy entró a mi cuarto sin avisar.
—¿Ya se ha ido tu novio? Espero que esas lágrimas no sean por la ineptitud de Ellis—espetó Percy.
Yo negué con la cabeza.
Sentí el cuerpo de Percy abrazarme en la cama, pero no le dije nada.
—¿Es por lo de tu madre?
Yo asentí con la cabeza.
—No debes darte por vencida.
—No puede haber mundo sin ella—murmuré.
—Pero lo hay, y te falta mucho por conocer, el mundo puede ser tuyo si así lo quisieras.
—No valgo nada...
—¿Porque te insultas?
—Porque ella quería una vida para mi y yo solo le demostré que no podía, que era otra hija que no traería un título a casa—admití entre sollozos.
—¿Entonces porque estas estudiando leyes?
—Porque me gusta, pero me gusta saber de todo.
—¿Lo harás por ella?
Yo asentí con la cabeza mientras me secaba las lágrimas.
—Noté que escribías, ¿eres escritora?
—Eso puede esperar...
—Sabes bien que los sueños no esperan, Melanie...
Yo solo me tomé de las manos.
—Solo no quiero estar encerrada en casa.
—La universidad no es para hacer amigos.
—Pero es un comienzo—espeté.
Él hizo un gesto con la boca y me abrazó. Un largo y tendido abrazo y entonces pude entender que Percy no era tan malo, que se escondía bajo una fachada, como todos.
Yo no le había contado a nadie sobre mi madre a excepción de Ellis y Percy, porque temía que el mundo usara eso contra mí, pero ahora estoy en paz con ello, aunque la sigo extrañando y la sigo llorando. En ocasiones me despierto buscándola, y allí me doy cuenta que estoy en duelo. Quizás estar con mi padre era más acertado, pero huí y me metí en la casa de mi abuela, no quería estar en casa, en cada rincón donde la recordaba, aunque sé que estaba profundamente mal abandonar a mi padre así, sabía que él también la extrañaba.
—Traje ramen para comer y ver películas—le dije sorprendiendo a papá.
Él sonrió.
Él no era de abrazos y besos, y por eso extrañaba tanto a mi madre. Pero era injusto pensar que todos atravesaríamos el duelo de la misma forma.
Así que aquella noche comí ramen de camarones y vimos ''El gladiador'', y lo vi sonreír, él me dijo; ''Así me gusta verte, contenta'' y lo supe. Había sido una preocupación para él, para mi madre y para todos. Así que al volver a la casa de mi abuela solo me recosté, viendo a la pared, recordando como había sufrido tanto cuando más feliz era. Pero eso es lo que tenemos los jóvenes, siempre creemos que hay un mañana. Hoy mi casa solo habita el silencio, mi padre y sus pensamientos y tres gatos que quedaron en casa. Pero ya no era mi familia de antes, con mis demás gatos, con mi madre. No tenía sentido que todo hubiera cambiado tanto...
Cuando volví a la casa de la abuela, a mi padre no le gustaba que estuviera en esa casa pero yo necesitaba salir de los recuerdos de mi madre, entonces me encuentro con Percy limpiando con un cigarro en la boca.
—Si no la quieres, ¿porque no la vendes?—espeté.
Él me miró con gesto desentendido.
—¿Tu quieres venderla?
—No estamos hablando de mí—intenté decir.
Él dejó todo lo que estaba haciendo y se me acercó.
—Mientras tu llorabas, Ellis y yo tuvimos que arreglar este desastre. ¿Lo sabías? Tu familia lo dejó inhabitable.
—Puedo creerlo.
—¿Siquiera te preguntas porque los padres de Ellis compraron su parte o los míos la mía?
—No, ¿para que no los molestes con las fiestas?
—Estás tan atascada en tu dolor que no te das cuenta que el padre de Ellis gastó su último centavo para que su hijo saliera de su casa y fuera alguien, para que pudiera unirse a su firma de abogados. ¿Crees que eres la única a la que le pasan cosas?
Intenté excusarme, pero era cierto, nunca pregunté, nunca supe porque dos chicos de mi edad habían tenido la misma tarea que yo en esta casa.
—¿Y que me puedes decir de ti?—dije redoblando la apuesta, él resopló.
Él dejó caer la escoba.
—Porque no tengo nada—espetó.
—¿No tienes padres?—le pregunté ingenua.
Él miró cabizbaja y se acomodó el fleco.
—Supongo que soy la oveja negra de la familia...
—¿Y eso es tan irremediable? ¿No lo pueden solucionar con una charla?—insistí.
—¿Crees que todos somos felices con una familia?
—Pues yo lo era...
Él avanzó hasta dejarme contra la pared y apoyó su brazo en ella.
—Las familias pueden romperse, ¿y sabes que es lo peor de que se rompan? Que estás ahí, pero no te verán, jamás volverás a tener su atención, porque así son los adultos.
—¿Tu familia está rota?—suscité.
—¿Eres estúpida? ¿O acaso no oyes?
—Oye no le hables así...—interrumpió Ellis.
—¿Porque no solo se ponen de acuerdo con lo que haremos con este lugar de una vez y por todas?
Yo seguí a Ellis casi en automático.
—¿Porque compraron tu parte?—espeté sin rodeos.
Ellis me mira con complaciencia.
—Porque soy un adulto, y ya no puedo vivir con mi padre y su nueva esposa.
—Entonces no lo decidió tu padre...
—Probablemente no...—murmuró él.
—¿Es parte de volverse adulto ser una basura?
—No lo se Melanie, nosotros somos adultos...
—Pero yo no quiero hijos y acepto mi soledad.
—¿La aceptas?—cuestionó—.Porque sé que extrañas a tu madre como una niña. Eso no hacen los adultos.
Yo me arrastré por el quicio de una puerta.
—No quiero volver, tengo un cementerio en mi casa—dije abrazándome las rodillas.
—No puedes esconderte aquí todo el tiempo.
—¿Tú quieres vender?—interrumpí.
Él negó con la cabeza.
—También hay un cementerio en mi casa.
—Ésto es lo único que tenemos—espetó él.
Yo asentí con lágrimas en los ojos.
—Una casa vacía, con moho y enredaderas.
—Y un corazón...—dijo Ellis.
—¿Corazón?
—Nosotros—respondió.
Lo abracé, por un momento pensé que había hecho amigos, que ya no estaba sola y aunque la tristeza siguiera allí, podría afrontarla.
El lunes, cuando todos ingresamos al aula, la profesora preguntó en voz alta;
—¿Ellis, Percy y Melanie porque tienen el mismo domicilio o esto es un error de secretaría?
Tragué saliva. Todos nos miraban.
—Porque compramos una casa, que está dividida en tres partes, profesora—explicó Ellis.
—Entonces, si viven juntos no les sorprenderá hacer trabajos en grupo—espetó ella—.Ya que tienen una clase de fraternidad.
Percy solo silenció.
—No, lo haremos juntos si así quiere profesora—dijo Ellis.
Y para cuando llegué a cafetería todas las chicas me miraban, hasta que la perra más grande de todas, me llamó con el dedo.
—Vaya, te lo tenías guardado.
—¿El que?—intenté sonar confusa.
—¿Cómo el que? Que vivas con Ellis y Percy.
—No corresponde con la universidad, solo es un desastre inmobiliario...
—O un buen desastre diría yo—dijo haciéndole sonrisitas a sus amigas.
—Supongo—digo rascándome la cabeza.
Sus amigas hicieron gestos, lo entendía, aún no me había bañado desde lo de mi madre y lo disimulaba con perfume, pero evidentemente no lo hacía bien.
—Podrías juntarte con nosotras....
—Así estoy bien—sonreí de conformidad.
—Creo que no sabes lo que significa juntarte con nosotras.
—¿Es eso bueno?
—Peor es ser nuestra enemiga.
—Cuando pensé que Mean Girls era solo una película—susurré.
—Percy, quiero una cita con él.
—¡¿Que?! ¿Con Percy?
—Sí, ¿lo quieres solo para ti o que?
—No, es que Percy no creo que vaya a obedecer mis ordenes o mis consejos.
—Niña, no te estoy pidiendo que escales el monte everest, solo te estoy pidiendo que le preguntes si le interesaría una cita conmigo.
—Está bien, lo haré—dije levantándome de la mesa.
—Y más te vale que la consiga o verás.
Resoplé, actuaban como niñas de bachiller. Pero algo me molestaba más, y no sabía el porqué, hasta que lo vi fumando un cigarrillo.
—¿Vas a casa?
Yo asentí con la cabeza.
—Unas chicas quieren salir contigo...
—¿Y te amenazaron a punta de cuchillo?
—No es broma Percy, no quiero problemas con nadie.
Él me rodeó con los brazos mientras caminábamos. Yo solo me puse nerviosa. Odiaba que él pudiera hacerme sentir nervios de ése tipo.
—Saldré con ella y seré un patán.
—No quiero que lastimes a nadie.
—Entonces no saldré con nadie, solo contigo.
Cuando llegamos a la casa, Ellis esperaba en el baño donde Percy me guío con astucia y ambos me metieron a la bañera de Percy, y entre risas, burbujas y que ambos intentaran bañarme, por primera vez sentí una felicidad genuina, pero entonces lo supe, viendo a Percy, no quería que nadie saliera con él, porque él era mío pero Ellis eres también un chico adorable, sabía que estaba siendo egoísta, pero los quería a ambos, para mí, solamente para mí.
Me dejaron un largo rato sola en la bañera, con el atuendo de la escuela, y pensé, ¿ésta podría ser mi vida de ahora en más? ¿O solo ocultaba lo que no quería recordar? ¿Y si quizás solo la estaba posponiendo? ¿Y si quizás solo no quería enfrentar que mi nueva vida seríamos solo mi padre y yo?