Caminé hasta una roca, ya no quería seguir escuchando nada, sus palabras, en vez de tranquilizarme, me hacían llorar más y no quería, sentía que había abierto una llave que no volvería a cerrarse jamás. Él se quedó de pie a mi lado y buscó mi mano. -Volvamos, ¿quieres pasar a tomar desayuno a algún lugar? -No, prefiero ir a la casa. Tomé su mano y me puse en pie, él no se movió y quedamos frente a frente. -No te molestes -suplicó. -No me molesto, es que no estoy muy acostumbrada a enfrentarme a mis emociones de este modo, prefiero no pensar en mis padres ni en nada que me haga daño, es más sano. -No es más sano, solo ocultas una verdad. -Sí, pero al menos no lloro. -¿Consideras tan malo llorar? ¿No sabes que lo que callan es lo que los enferma? Si el ser humano se atreviera

