Cuando llegamos, tomamos desayuno y me fui a acostar, me dormí enseguida. Desperté pasadas las tres de la tarde. Nadie me despertó. Cuando me levanté, no había nadie en la casa. Mi almuerzo estaba en el horno microondas. Me dejaron una nota para avisarme que habían tenido que ir a María Elena. Supuse, en ese momento, que era algún pueblo cercano y deseé que así fuera, pues no quería estar sola tanto tiempo en esa casa, rogué porque no pasaran fuera la noche. La casa se sentía muy vacía. Debo confesar que no me gustaba la soledad, mucho menos en una casa tan grande y, sobre todo, desconocida para mí, por lo que decidí salir a recorrer el pueblo. Dejé una nota para avisar que estaría dando vueltas por ahí, por si llegaban y no me encontraban, que no se asustaran. Tal como me habían dich

