Cuando la nueva Jane llegó al edificio todas las miradas se posaron en su esbelta figura. Muchas voces comenzaron a murmurar sobre la posible relación que existiría entre ella y el hijo del dueño de la empresa. Pensaban que era demasiado joven y demasiado bonita, que muy probablemente estaba allí no por sus aptitudes sino por su belleza.
Lo cierto era que si Rubén había buscado el apoyo de Jane Smith no era únicamente por los años de amistad que les habían unido tiempo atrás sino porque Jane Smith era una joven muy inteligente y capaz dentro de su rama.
Era la mejor de su clase, algo que le costó trabajo al comienzo. Resultaba bastante complicado tomar clases en un idioma que no era su lengua madre.
Cuando llegó a España no hablaba ni siquiera un poquito de español, todo lo tuvo que aprender de forma abrupta. Y ya que lo hablaba de forma tan extraña y hasta cierto punto graciosa muchos jóvenes se burlaron de ella durante su etapa escolar. Todo cambió cuando ingresó a la universidad.
Allí Jane ya hablaba mucho mejor el español y no le costó nada de trabajo cumplir con todos sus deberes hasta alcanzar una nota perfecta. Conoció a Rubén siendo una alumna de excelencia, inteligente y capaz.
Así la conoció Camila, siendo la niña sensata y responsable junto a la amiga rebelde y desobligada.
Gran trío hacían aquellos tres personajes, pues Rubén no era ni lo uno ni lo otro. Estaba en ese extraño limbo entre ser un chico popular y un chico con una gran responsabilidad a cuestas. Siempre pensando que algún día el imperio de su padre pasaría sus manos, siempre luchando con los conflictos familiares y con sus propios deseos juveniles.
Cuando Rubén la presentó ante sus nuevos compañeros de trabajo las miradas de todos se posaron en ella. Muchas reflejaban interés puro por saber más sobre su vida, muchas otras envidia, ira, pero sobre todo, el deseo de tenerla fuera pronto.
Jane estaba preparada. Se había preparado mentalmente para aquel recibimiento. No permitiría que su juventud se convirtiera en un obstáculo para desempeñar sus funciones a la perfección. Sabía, porque así se lo había dicho Rubén, que como Directora de área le tocaría trabajar con personas muchos años mayores que ella, quienes estarían bajo su mando, algo que podía resultar contraproducente tomando en cuenta que ella era demasiado joven y que a las personas mayores no siempre les gustaba recibir órdenes de alguien menor, a quien consideran falto de experiencia.
Rubén confiaba en que Jane podría resolver aquello. Solo necesitaba mostrarse firme y demostrar que conocía bastante bien el puesto al que había sido asignada, mientras que para evitar habladurías trataba de regular el tema de sus estudios de nueva cuenta en su universidad española.
—Espero que me entiendas —le había dicho Rubén una semana atrás—. No me será posible intervenir directamente en conflictos que existan dentro de la empresa, no con aquellos problemas relacionados contigo. El meterme solo logrará perjudicarte.
—Lo sé —respondió Jane. Estaba bastante consciente de lo que su amigo le hablaba. Ella ya lo esperaba.
—Es obvio que sabrán que somos amigos, conocidos de la universidad, pero no pueden saber o tener evidencia de mayor cercanía. Me temo que, de saberlo, buscarán atacarme a través de ti ... seguro comenzarán a hacerte la vida difícil.
Jane sonrió de lado. Su sonrisa se parecía tanto a la de Natalie cuando quería algo. Era un gesto de determinación absoluta.
—Descuida, en serio. No hay nada de qué preocuparte. Yo sabré manejarlo, créeme. Mi apellido es Smith, ¿recuerdas?
Al verla tan despreocupada, Rubén soltó el aire que llevaba conteniendo en sus pulmones. Sintió como si un peso bastante aparatoso desapareciera de pronto. Quizá necesitaba creer un poco más en esta nueva Jane, olvidarse de la pequeña con miedos que en ocasiones cedía a la tristeza.
—Bien, creo que lo mejor será calmarme —aceptó aquel con un resoplido—. Yo flipando y tú tan tranquila que estáis. Me calmaré.
—Eso debes hacer, querido.
Luego de aquella conversación y del cierre con una radiante sonrisa, Jane cambió el tema.
—¿Cómo van las cosas con James? ¿Han avanzado en algo con ...?
Ella sabía que no podía hablar tanto del tema, mucho menos en la empresa. Rubén estaba pasando por una situación muy complicada.
—Ahí va ... —suspiró el hombre—. Poco a poco ... James está siendo de gran ayuda, es verdad. Estamos tratando de armar un plan de recuperación.
—Eso es genial.
—Por eso te necesito trabajando en Planeación y Relaciones Publicas. Eres mi mejor elemento.
—Ya te lo dije, daré lo mejor de mí en la misión.
—Gracias ... sé que con tu ayuda todo lo que James ha planteado se puede lograr. Lo único que queda pendiente es el tema de despedir a quienes ya no deben laborar en el corporativo.
—¿Ya viste lo del sindicato?
Rubén asintió lentamente.
—Lo he hecho. Será complicado, pero teniendo la empresa lo suficientemente firme, será pan comido hacer los ajustes necesarios. Además, tengo por allí un proyecto en puerta.
—¿Ah, sí?
—Sí, se trata de una firma muy importante que quiere contratar nuestros servicios, pero ya hablaremos de eso en cuanto tomes el cargo.
—Vale, vale. Solo espero que me de tiempo de hacer todo lo que necesitas antes de dar a luz ... o tendré que trabajar mientras le doy biberón a mi hijo.
Ambos se echaron a reír. Jane tenía el mismo don de Natalie Smith para no demostrar su embarazo.
No era que la chica, aún rubia al día de aquella plática, quisiera ocultar a su bebé, de hecho ella moría de ganas por gritarle a los cuatro vientos que se encontraba en dulce espera. Aquella vida creciendo en su interior era la prueba fehaciente del amor juvenil que sintió por el mejor amigo de su madre, del inocente y puro amor que sintió hacia aquel atractivo empresario llamado German White.
Amor que aún sentía, pero en el que trataba de no pensar día tras día. La plática no se había vuelto a tocar más.
Ahora era el momento de la verdad. Ahí estaba Jane Smith siendo presentada ante sus nuevos compañeros de trabajo con su nuevo look. Se notaba diferente, pero nadie lo sabía.
Solo para Camila y Rubén se veía una nueva Jane, para los demás aquella ejecutiva castaña era la mujer original.
—Señoras y señores —habló Rubén en aquella amplia sala de juntas—. Les presento a la señorita Smith. Jane Smith ocupará el cargo de Directora en esta empresa. Espero que todos puedan ayudarla a sentirse como en casa.
Una ola de aplausos se escuchó estallar, de pronto. Pero ninguna cara sincera, aún.
—¿Y qué lugar se supone que va a ocupar? —Habló un hombre al menos diez años mayor que la chica. Su tono de voz, así como su mirada, fue bastante retador.
—Es nuestra Directora de Planeación y Relaciones Públicas —continuó Rubén en tono educado, pero firme.
El hombre sonrió de lado.
—Ni hablar, creo que podemos darnos una idea sobre las habilidades que hay detrás de nuestra nueva directora.
Rubén apretó su mandíbula, pero Jane fue más astuta. Vestía de traje sastre. Un conjunto de falda con un blaiser blanco que acentuaba su figura. Además, Camila la había ayudado a hacerse unas cuantas ondas en la parte baja del cabello.
Se paró firme y dio un paso al frente mostrando una amplia y diplomática sonrisa. Estaría a cargo de Relaciones Públicas, tenía que lidiar a diario con toda clase de personas.
—Me alegra que mis habilidades sean tan notorias —habló con fingida amabilidad , fingiendo que no había entendido el doble sentido del hombre—. Le aseguro que durante mi gestión podrá darse cuenta de lo hábil que soy en mi trabajo, mire que yo no estoy aquí por mi cara bonita.
El hombre poco a poco quitó la sonrisa de su faz. Creyó que sería más fácil molestar a aquella chicuela, pero su presagio falló. Jane Smith se mantuvo, aparentemente, imperturbable.
—Es un honor estar el día de hoy aquí —continuó Jane mirando a todos y cada uno de aquellos trabajadores a los ojos—. De hoy en adelante, trabajemos juntos por el bien de la empresa. Gracias.
Una nueva ola de aplausos se dejó escuchar y el hombre que había hablado antes se puso de pie con actitud grosera. Echó un último vistazo hacia Jane y se marchó.
Todos abrieron muy bien los ojos y miraron de Rubén a Jane y luego hacia la puerta, por al menos tres ocasiones. Jane mantuvo su sonrisa y Rubén le dio un ligero apretón en el antebrazo como agradeciendo su temple.
—Gracias a todos por su asistencia. Desde ahora, Jane Smith llevará todo lo relacionado con su departamento. Así que ... Directores, pasen un informe de las últimas semanas. Es para hoy. ¿Entendido?
—Claro, señor.
—Bien, entonces ... empecemos con unas breves presentaciones. Esta es Katy, nuestra Directora de Mercadotecnia y Publicidad —dijo Rubén mientras se acercaba a una mujer poco más grande que Jane, de cabello n***o y lacio que le llegaba apenas debajo del mentón. La mujer sonrió. Era la sonrisa más amable que alguien le había dado a Jane hasta el momento, al menos en ese lugar—. Es con quien trabajarás más a menudo.
Katy apretó la mano de Jane.
—Un placer. Estoy muy agradecida con el padre del Licenciado Rubén —comentó rápido, parecía querer caerle bien—. Él me ha dado esta gran oportunidad y no quiero decepcionarlo.
—El gusto es mío, Katy —respondió Jane con sinceridad—. Seguro haremos un gran equipo.
Rubén le guiñó el ojo
a Jane con complicidad, ya le había hablado sobre Katy. Era la última contratación hecha por su padre y había demostrado, poco a poco, ser alguien en quien a futuro se podría confiar del todo. Al parecer.
—Con permiso, nos vemos Katy. Te encargo el informe —le dijo Rubén.
Katy asintió y, tras despedirse de Jane, salió de la oficina. Entonces, Rubén terminó de presentarle al resto de directores.
Pronto, Jane conoció a Edgar, el nuevo Director de Finanzas, un viejo conocido de Rubén; a Luis Arturo, un hombre de edad avanzada y con gesto gruñón; y a Cecilia, una mujer de mediana edad que no parecía querer a Rubén.
Esos eran sus homólogos. Aquellos que tenían el mismo status quo dentro de la empresa. Jane les saludó a todos y, tras la presentación, uno a uno abandonaron la sala.
Finalmente, Jane se dejó caer en una de las cómodas sillas. Rubén se echó a reír.
—¿Cómo te ha ido en tu primera junta, ah? —Se burló.
Jane le devolvió la risa al tiempo que negaba.
—¡Horrible! ¿Viste cómo me han mirado? Maldita sea, creo que quieren comerme viva.
—Eso parece, excepto Katy, ¿no lo crees?
—¿La chica que está enamorada de ti? —Esta vez fue Jane quien mostró una sonrisa burlona—. Sí, pude notar lo confiable que es.
—¿De qué hablas?
La cara de Rubén en serio mostraba que no tenía la más mínima idea de lo que Jane hablaba.
—¿Qué ...? Oh, no ... No puede ser —se rio la joven castaña—. ¡De verdad no lo sabes! No puedo creerlo.
—¿Qué?
—¿Acaso no es obvio? Esa chica está enamorada de ti.
Rubén frunció el entrecejo.
—¿Tú crees ...?
—Oh, sí. Confía en mí, tío. Esa mujer está loca por ti. Reconozco la mirada de una mujer enamorada siempre.
Rubén se quedó pensativo por unos cuantos instantes, pero terminó por sacudir la cabeza. Parecía querer restarle importancia a la situación.
—Bien, no importa. Lo importante es que hoy comienzas formalmente tu nuevo empleo. Cenaremos esta noche con Camila para celebrar —comentó alegre—. Ahora ve a trabajar.
—Sí, jefe —aceptó la americana poniéndose de pie y fingiendo saludar al estilo militar con la palma contra su frente—. Por cierto ... —murmuró un poco antes de llegar a la bonita puerta color caoba, apenas había dado unos pasos lejos de su amigo—. ¿Quién era ese hombre?
Rubén suspiró. Sabía de quién hablaba Jane. Había dado un gran espectáculo. Sin duda, todos hablarían sobre ello a lo largo del día en la empresa.
—Uno de los que mayores problemas me causan ... —suspiró con pesar—. Creo que tiene relación con la familia de una de las ex mujeres de mi abuelo, así que ... prácticamente envidia todo lo que tenemos. Cree que mi abuelo dejó a su parienta por la madre de mi papá, mi abuela, pues.
—Ahg, ya veo. Entonces ... ¿él es Javier?
Rubén asintió.
—Siento que te causará mil y un problemas ... Jane.
Jane vio la genuina preocupación de su amigo, así que intentó calmarlo con una gran sonrisa. Ella confiaba en sus habilidades. Nada la detendría.
—Hey, tranquilo. Ese hombre no sabe con quien se ha metido, ¿entiendes? ¿Sabes cómo le apodaban a mi madre cuando inició en el modelaje? —Rubén guardó silencio. No sabía la respuesta—. La Diabla.
—Pues ... pensándolo bien, le va bien el apodo ...
—Ahora ella es Doña Diabla y yo soy algo así como ... la nueva diabla.
Esta vez fue Jane quien guiñó cómplice a su amigo y, finalmente, abandonó la sala de juntas.
Rubén la observó marchar hasta que la puerta se cerró tras su espalda y se echó a reír en soledad, ahora sabía que no tenía que preocuparse por Jane.
Jane Smith haría un verdadero infierno la vida de quien quisiera quebrarla. Después de todo, estaba en su sangre.
Ni hablar.
—La Nueva Diabla ... —murmuró pensativo—. Es bueno, me gusta.
A Jane también le había gustado aquel nuevo recién apodo.
—Ay, Natalie Smith —murmuró al tiempo que tomaba rumbo hacia su nueva oficina, el lugar donde trabajaría como la ejecutiva que era—. Nunca pensé que tu genética serviría de algo. La nueva diabla ...
Ella misma se rio con su ocurrencia. Ya solo necesitaba a su amado demonio para ser excesivamente feliz.
Y antes de empezar a trabajar un fugaz pensamiento pasó por su mente: ¿qué estaría haciendo German White? Muy buena pregunta. ¿Pensaría aunque fuera un poco en ella...?
Quizá pudiera sobornar a Matt o a Jaaz para saber un poco del padre de su bebé. Solo quizá podría.