Haley:
–Sólo bésame… –Eso fue lo último que dije, dejándome perder entre los brazos de Dereck, mientras sus manos tocaban todo mi cuerpo como si fuese alguna tela que en verdad le gustara sentir la textura.
Las hormonas estaban haciendo su jugada maestra, y entonces el toquido de la puerta fue lo que me salvo de no cometer un error del que me fuera a arrepentir más adelante, nos separamos casi de golpe, arregle mi blusa y mi cabello y él, también arreglo su alocado cabello, no supe que decir ni a donde ver, solamente me senté y espere a que el diera la orden para que quien fuera quien tocaba la puerta, entrara a la oficina.
–Espera aquí, ya vuelvo– dijo serio, mientras mi cara encendía en el fuego de la vergüenza.
Acate la orden y me quede ahí, espabilando y queriendo darle sentido a lo que acababa de pasar aquí… lo mejor fue hablar sobre de como he obtenido el dinero para el trasplante de mi hermano y así no estar comprometida en deuda con su generosidad. Las agujas del reloj me estaban volviendo loca de la incertidumbre que me provocaba el hecho de pensar en lo que él estaría pensando de mí, ¿Qué si es loco? Si, y demasiado.
Un mensaje me llego al móvil, saque de mi bolso el aparato y en la pantalla estaba un mensaje de la clínica de fertilidad, dándome por fin fecha para la extracción y en cuanto tiempo me darían la compensación económica, dejándome más nerviosa de lo que estaba porque era el día de mi cumpleaños, un nueve de marzo, ya estábamos sobre el tiempo.
–¡Dios santo, que día! –espeto Dereck, entrando al consultorio con unos archivos en mano.
–Si, lo entiendo doctor, ya no le quito más su valioso tiempo y… disculpas por lo que paso hace un rato– nerviosa, me levante de la silla y enfile mis pies hacia la puerta.
Su mano detuvo mi paso, tocándome el hombro y acercándose más a mí, juro por Dios que, si este hombre sigue así de insuperable, me montare sobre él y lo cogeré como toro en feria de pueblo.
–No se deben pedir disculpas después de hacer algo que llevábamos reprimiendo hace tiempo, Haley. Si bien, para ti no es un secreto que me encantas, debemos darle rienda suelta a lo que sentimos. Somos dos adultos que sabemos lo que queremos– expreso, posando su mano en mi cintura y pegando más su pecho a mis tetas.
Mis pezones de inmediato sintieron el contacto con su caliente piel, él quemaba incluso estando con bata puesta, y definitivamente quería que me hiciera el amor aquí mismo, en su escritorio.
–N…no, esto no puede ser, doctor y lo… lo sabes muy bien– dije nerviosa, mientras el aliento cálido de su boca golpeaba mi rostro, sus ojos posándose en mis labios hasta que…
–Mhhhmmhm– un carraspeo molesto nos sacó de esta caliente escena en la que nos encontrábamos.
Si, era de nuevo el desconocido al que había empujado, según él, ya dos veces en diferente día.
–Perdón que los interrumpa, la puerta estaba abierta y bueno, solamente venia para que me orientaras en el proceso en el que estoy, Dereck– carajo, estos dos se conocían muy bien.
Me solté del agarre de Griezmann, tomé mi bolso y salí callada de esa habitación, caminando hacia la de mi hermano, quien de inmediato se puso feliz al verme.
Estuvimos hablando un par de horas, le acompañe a su tarde de juego con ajedrez y me despedí de él, yendo hacia el restaurante, ya me sentía mejor y más calmada después de ese subidón de calor que, si bien no se sentía mal, no quería repetirlo de nuevo, no hasta que fuese producido naturalmente por algún macho que valiera la pena, y es que no es que Griezmann no lo valiera, sino que yo estaba sometida a varias inyecciones con estimulantes.
(***)
–Claro, esa fecha y tres días más, solamente porque sabemos que es difícil y debes estar al cien por ciento para tu hermano, así que no hay problema para que descanses esos días… ¿te acompañara alguien ese día? –me pregunto Rose, que, a pesar de ser una jefa gruñona, comprendía muy bien mi situación.
–No, nadie me acompañara, aunque no es un procedimiento muy a fondo, no hay quien me acompañe, sabes que yo soy la única familia de mi hermano y viceversa.
–Bien, yo prometo acompañarte ese día y los demás que toquen– expreso convencida y en realidad, sentí un gran apoyo–, bueno, ya basta de charla, vamos ya a facturar, alístate para cantar, hoy tienes a un admirador muy importante–.
Ella se marchó del área de vestuario en donde todos nos veníamos a poner el uniforme y me dejo sola preparándome para cantar, en verdad que esto me liberaba del estrés que había tenido durante el día.
Llego el momento de salir a brillar, ya había preparado el repertorio que iba a cantar, entre las canciones estaba “Locked Out Of Heaven” de Bruno Mars.
Salí lista a cantar, mientras me recibían a aplausos y con las cenas servidas, pude visualizar a Griezmann en una mesa en el ala derecha, la segunda de enfrente y junto a él, el desconocido del hospital, el aventado.
–Buenas noches, damas y caballeros. Gracias por seguir prefiriendo el ambiente familiar y social de este restaurante y por venir a deleitarse con mi humilde voz, empezamos con una canción que sé que les encanta… ¡Vamos Carl, has lo tuyo! –dije muy segura, empezando con la música y a cantar.
–Cause your s*x takes me to paradise
Yeah, your s*x takes me to paradise
And it shows
Yeah, yeah, yeah…
Las personas cantaban conmigo, no sé si serían las tontas y locas hormonas, pero empecé a sentir de nuevo ese calor que sentí hoy junto a Dereck, pero en cambio, era dirigido hacia su acompañante, era demasiado atractivo, su torso duro, sus piernas y ese trasero que se le tallaba tan bien con ese traje de tres piezas, su rostro, su cabello n***o azabache… ¡Joder!
Camine hacia ellos, cantándoles a ambos, y bueno, la noche se aloco.
Todos aplaudieron y agradecí, no me había sentido hace desde hacía mucho tiempo, sin duda eran las hormonas, pero, también el haber encontrado una opción para ayudar a mi hermano y que se estaba haciendo realidad, eso, eso hacia a que mi corazón estallara en miles de pedazos y empecé a llorar, cuando Dereck me vio, quiso ayudarme a sentirme mejor, pero hui como un hurón a su escondite.
Muy en el fondo quería sentirme amada por mis padres o por alguien especial, había luchado tanto que ya hasta fecha tenía para estar en paz.
–¿estas bien, Haley? –dijo Rose, quien me siguió hasta los vestidores.
–Si, es solo un momento de hormonas, ya sabes.
–Hay alguien que quiere verte– dijo, dándole paso a Dereck, quien llevaba un ramo de margaritas, unos chocolates y eso hizo a que llorara más de la cuenta.
–¿Qué haces aquí, doctor? –pregunte.
Rose nos dejó a solas, él camino hacia mí y sonrió.
–De mí, no vas a escapar como lo hiciste hoy, no estoy dispuesto a dejar escapar a quien pone a mi corazón a latir como un desquiciado– impregno un beso en mi boca, uno indecoroso y no lo pare, no sé si también lo necesitaba igual o más que él.
–Sabemos que esto no funcionara, Doctor.
–¿Quieres ser mi novia, Haley?
–¿Y si todo sale mal?
–Pues ya lo intentamos, sólo déjate llevar por lo que sientes, si es por el tema del proceso de donación, esperare a que eso pase para concretar lo que sentimos, pero… no me rechaces, ya no me alejes.
Un beso de respuesta fue lo que sello mi noviazgo con Dereck, uno que ocasionaría muchos problemas en el futuro… bueno, en pocos días.
Salimos tomados de la mano del restaurante, su amigo ya no estaba, así que me llevo a casa y bueno, esta demás decir que los días pasaron y el gran día se acercaba.